Ya cansada de todo aquello decidí terminar con esta pelea de
una vez por todas. Volví a cambiar los abanicos, esta vez por varios cuchillos
y comencé a tirárselos. Para esquivarlos, él iba poco a poco echándose hacia
atrás hasta que se chocó contra un árbol. Esa era mi oportunidad, le lancé los
últimos cuchillos y le atrapé las manos, las piernas y los brazos, en los que los
cuchillos se habían clavado en la piel. Después de ver aquello me di la vuelta.
- Ya dije que no podrías conmigo. – dije con aires de
superioridad.
Juvia y yo ya habíamos peleado en otras peleas de esta misma
manera, por separado, pero siempre nos habíamos mantenido en contacto por su
poder. Pero por alguna extraña razón esta vez ella no se había comunicado
conmigo nada mas que para responderme. No pensé nada raro, seguramente ella
habría podido con ese cazador flacucho del martillo.
Busqué a Juvia por las calles que había cerca del descampado,
pero no conseguía verla.
-¿Pero donde está?- me concentré-“Juvia, ¿donde estás?”
Por detrás de mí, poco a poco y sin hacer ruido se iba
acercando alguien que yo creí muerto, o moribundo, pero no era así. Pero la
sangre que le chorreaba por el cuerpo le delataba con facilidad. En mi mano se
formó una masa negra que se fue
transformando en un Azame, un cuchillo ceremonial que usaban las brujas en sus
conjuros. Tenía incrustaciones de oro en la empuñadura y en la punta. Cuando
estuvo lo bastante cerca, y apunto de matarme, levanté el brazo que tenia el
Azame y bloquee su ataque sin dificultad.
-No deberías darle la espalda a tu enemigo en una lucha-Me
dijo- no es lo apropiado, le das muchas facilidades a tu oponente. O, ¿no será que ya te has cansado de nuestra
lucha?
-De eso nada.- girándome sin apartar el Azame de su posición
me quedé mirando al cazador.
-¡AAAHH!- un grito cayó el silencio de la noche. Puede
reconocer la voz de mi amiga.
Me desconcentré de la pelea que estaba teniendo con el
cazador.
Detrás de mí, en mi espalda, y entre la ropa, aparecieron dos
grandes alas de murciélago. En las alas se podían distinguir los huesos que
hacían la forma específica de las alas, y con los cuales podía moverme en el
aire, y gracias a la piel que tenia
entre los huesos podía mantenerme en el aire sin dificultad.
Golpeé al cazador con la pierna, dándole una patada en el
estómago, y lo dejé fuera de combate, lo que me dio un tiempo para salir
volando y buscar a Juvia.
-¡JUVIA!- grité pero no la vi por ningún lado.- Juvia, ¿Dónde
estás?- pero por más que la llamara, ella no contestaba.
Entonces mientras sobrevolaba los edificios volví a ver el
remolino de fuego y de él salieron dos serpientes que se aproximaban a uno de
los edificios. Las serpientes desaparecieron cuando chocaron contra el edificio
y lo destruyeron.
-“Juvia ¿estas bien? Contéstame”.- la dije preocupada por si
aquel ataque la había alcanzado.
-“Si, estoy bien. No me ha dado, por los pelos”- dijo
alterada. Parece que la estaba constando.
-“¿pero que les pasa a estos? ¿Como es posible que no
consigamos matarles?”– dije cabreada.
Entonces, como si de un meteorito se tratara, algo cayó en
medio de la calle rompiendo el asfalto, pero había mucho polvo y no se odia ver
nada. Cuando se despejó vi a Juvia en el suelo, y el caza-vampiros de pie
encima de ella apunto de lanzar otro de sus ataques. El martillo se cargó con
la misma luz verde que había visto en la katana del otro caza-vampiros. Justo
en el momento en el que ese cazador iba a descargar el ataque sobre ella, esta
puso sus manos delante de su cuerpo y formó una barrera de hielo que consiguió
parar el ataque de su oponente.
Antes, no me había dado tiempo a mirar al oponente de Juvia,
pero me había fijado bastante gracias a las luces de las farolas que le
iluminaban sus rasgos. Ese cazador tenía el pelo de un rojo brillante y algo
alborotado. Tenía un pañuelo que le sujetaba el pelo para que no le tapara los
ojos, y que hacia que se le quedara de punta. Tenía un parche en uno de sus
ojos. El traje era igual que el del otro cazador, solo que este tenia una
chaqueta que no le tapaba los pantalones, y unos guantes en las manos. Pero los
detalles eran los mismos, de color negro con detalles en blanco y el símbolo de
los cazadores en la parte izquierda del pecho.
Estaba preocupada por Juvia se había quedado tumbado en el
suelo parando el ataque con una barrera de hielo, y no respondía. Aterricé en
la calle enfrente de Juvia y el cazador. Mientras miraba lo que pasaba, estaba
despistada, Yû que estaba detrás de mí
aprovechó la ocasión y me atacó, no lo
escuché, y no me dio tiempo a sacar la katana
para defenderme. La fuerza que el caza-vampiros había hecho había
provocado que me cortara un poco en el hombro. Pero cicatrizó rápido, por lo
que no me preocupé. Me giré. Entonces preparado para volver a atacarme, me
llevé las manos a la cara a modo de protección, se abalanzó sobre mí, pero lo máximo
que hizo fue cortarme en la muñeca, pero otra vez el corte cicatrizó rápido.
-¿Que ocurre? ¿Ya te rindes?-. Me dijo con una sonrisa
burlona en la cara. Le miré mientras me agarraba la muñeca izquierda.
Por detrás de él pude ver como el sol comenzaba a salir poco
a poco. Tenia que irme de allí antes de que fuera tarde. Hice que apareciera un
campo de fuerza, tanto alrededor de Yû como del caza-vampiro que estaba encima
de Juvia. Los elevé por el cielo y los lancé lo más lejos que pude para que nos
diera tiempo escapar. Corrí hacia Juvia que seguía tirada en el suelo.
-Juvia, Juvia estás bien… - pero no me contestó.- debemos
salir de aquí levántate.- me costó bastante pero al final la puse de pie.
No me daba tiempo a salir de allí corriendo y con Juvia en el
estado en el que estaba, bastante cansada, no tenía tiempo para que volviera en
sí. Así que saqué las alas.
Por la espalda me salieron dos alas de murciélago las batí y
salí de allí volando con Juvia cogida por los brazos, pero pesaba mucho, no
podía con ella.
-Juvia, por favor, despierta… Juvia por favor…- la dije
-¿Que? ¿Qué? ¿Dónde estamos?-parecía que ya se había
despertado.
-Juvia no puedo contigo por favor abre las alas-. Dije sin
fuerzas.
-¡A si! Perdona. –
abrió las alas y comenzó a volar por si sola.- ¿Qué ocurre por que hemos salido
volando? ¿Y la pelea?-. La miré enfadada- ¿Qué ocurre? ¿Por qué me miras
así?-.no la contesté. Miré hacia atrás, tenía que esconderme en algún lugar el
sol estaba apunto de salir.
Mientras volaba, bajo para que el sol no me diera, vi a las
afueras de la ciudad un edificio a medio construir así que bajé y me escondí
allí. Juvia me siguió. Yo me quedé en una habitación sentada en una esquina en
la que el sol no diera.
-¿Raisa, que ocurre por que te escondes?-. Se acercó a mí
-¿Que te ha ocurrido antes? - la miré.
-¿Eh? ¿A que te refieres?
-Antes, te has quedado parada, ese caza-vampiro te ha
golpeado contra el suelo y tú en vez de devolverle el golpe te has quedado parada
mirándole.
-¿Así? Pues…
-No me vengas con el pues…. Dime por que te has quedado
parada. Podías haber salido perfectamente de allí pero te has quedado parada.
-Pero he parado el ataque.
-Juvia.- dije, harta de que dará tantos rodeos a la
conversación.- Dos caza-vampiros estaban apunto de matarnos, y tu lo único que
has hecho es quedarte parada.
-¿Has sentido alguna vez esa sensación de que al mirar a
alguien a los ojos todo se desvanece?
-¿Que quieres decir?
-Pues que al mirar a ese chico, he sentido que ya no quería
pelear. No lo se es difícil explicar, ¿no has sentido tú lo mismo?
-¿Perdona? Ellos son caza-vampiros, no me digas que…déjalo es
igual.
-Había algo en sus ojos,- seguía hablando sin prestarme
atención.- en esos ojos verdes tan brillantes- suspiró- además su olor… me
encanta.
-Haber, haber… -. Dije levantándome pero sin poder caminar ya
que el sol entraba por la ventana mas cercana.- Juvia ellos son caza-vampiros,
ellos no sienten nada, seguro que lo hizo para despistarte. Ellos querían
matarnos, solo viven para eso.
-Pero si yo no....
-¡Juvia!- la dije levantando la voz.-Olvídate de él, el es un
caza-vampiros y tu una vampira, es algo imposible, nunca podría ocurrir, somos
enemigos naturales, además tu y yo los odiamos por lo que nos pasó hace ya un
año, ¿lo recuerdas?
-Si, tienes razón, perdona, habrá sido el fuego, tanto calor
no es bueno.- dijo sentándose a mi lado, mientras yo volvía a sentarme. -. Pero
dime, ¿por que estamos aquí, por que has huido?- la mostré la muñeca izquierda,
-¿Que ocurre? -. Dijo sorprendida.
-No tengo la pulsera. Estaba distraída procurando que no te
pasara nada, y ese caza-vampiros me hizo un corte y la rompió, así que no puedo
salir a la luz del sol, tendré que esperar a esta noche.
-Vaya, lo…lo siento.
-Tranquila no pasa nada. Ahora solo hay que esperar.
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