5/ Algo que no debe pasar


Ya cansada de todo aquello decidí terminar con esta pelea de una vez por todas. Volví a cambiar los abanicos, esta vez por varios cuchillos y comencé a tirárselos. Para esquivarlos, él iba poco a poco echándose hacia atrás hasta que se chocó contra un árbol. Esa era mi oportunidad, le lancé los últimos cuchillos y le atrapé las manos, las piernas y los brazos, en los que los cuchillos se habían clavado en la piel. Después de ver aquello me di la vuelta.

- Ya dije que no podrías conmigo. – dije con aires de superioridad.

Juvia y yo ya habíamos peleado en otras peleas de esta misma manera, por separado, pero siempre nos habíamos mantenido en contacto por su poder. Pero por alguna extraña razón esta vez ella no se había comunicado conmigo nada mas que para responderme. No pensé nada raro, seguramente ella habría podido con ese cazador flacucho del martillo.
Busqué a Juvia por las calles que había cerca del descampado, pero no conseguía verla.
-¿Pero donde está?- me concentré-“Juvia, ¿donde estás?”
Por detrás de mí, poco a poco y sin hacer ruido se iba acercando alguien que yo creí muerto, o moribundo, pero no era así. Pero la sangre que le chorreaba por el cuerpo le delataba con facilidad. En mi mano se formó una masa  negra que se fue transformando en un Azame, un cuchillo ceremonial que usaban las brujas en sus conjuros. Tenía incrustaciones de oro en la empuñadura y en la punta. Cuando estuvo lo bastante cerca, y apunto de matarme, levanté el brazo que tenia el Azame y bloquee su ataque sin dificultad.
-No deberías darle la espalda a tu enemigo en una lucha-Me dijo- no es lo apropiado, le das muchas facilidades a tu oponente.  O, ¿no será que ya te has cansado de nuestra lucha?
-De eso nada.-  girándome sin apartar el Azame de su posición me quedé mirando al cazador.

-¡AAAHH!- un grito cayó el silencio de la noche. Puede reconocer la voz de mi amiga.
Me desconcentré de la pelea que estaba teniendo con el cazador.  
Detrás de mí, en mi espalda, y entre la ropa, aparecieron dos grandes alas de murciélago. En las alas se podían distinguir los huesos que hacían la forma específica de las alas, y con los cuales podía moverme en el aire, y gracias a la piel  que tenia entre los huesos podía mantenerme en el aire sin dificultad.
Golpeé al cazador con la pierna, dándole una patada en el estómago, y lo dejé fuera de combate, lo que me dio un tiempo para salir volando y buscar a Juvia.

-¡JUVIA!- grité pero no la vi por ningún lado.- Juvia, ¿Dónde estás?- pero por más que la llamara, ella no contestaba.

Entonces mientras sobrevolaba los edificios volví a ver el remolino de fuego y de él salieron dos serpientes que se aproximaban a uno de los edificios. Las serpientes desaparecieron cuando chocaron contra el edificio y lo destruyeron.

-“Juvia ¿estas bien? Contéstame”.- la dije preocupada por si aquel ataque la había alcanzado.
-“Si, estoy bien. No me ha dado, por los pelos”- dijo alterada. Parece que la estaba constando.
-“¿pero que les pasa a estos? ¿Como es posible que no consigamos matarles?”– dije cabreada.
Entonces, como si de un meteorito se tratara, algo cayó en medio de la calle rompiendo el asfalto, pero había mucho polvo y no se odia ver nada. Cuando se despejó vi a Juvia en el suelo, y el caza-vampiros de pie encima de ella apunto de lanzar otro de sus ataques. El martillo se cargó con la misma luz verde que había visto en la katana del otro caza-vampiros. Justo en el momento en el que ese cazador iba a descargar el ataque sobre ella, esta puso sus manos delante de su cuerpo y formó una barrera de hielo que consiguió parar el ataque de su oponente.
Antes, no me había dado tiempo a mirar al oponente de Juvia, pero me había fijado bastante gracias a las luces de las farolas que le iluminaban sus rasgos. Ese cazador tenía el pelo de un rojo brillante y algo alborotado. Tenía un pañuelo que le sujetaba el pelo para que no le tapara los ojos, y que hacia que se le quedara de punta. Tenía un parche en uno de sus ojos. El traje era igual que el del otro cazador, solo que este tenia una chaqueta que no le tapaba los pantalones, y unos guantes en las manos. Pero los detalles eran los mismos, de color negro con detalles en blanco y el símbolo de los cazadores en la parte izquierda del pecho.

Estaba preocupada por Juvia se había quedado tumbado en el suelo parando el ataque con una barrera de hielo, y no respondía. Aterricé en la calle enfrente de Juvia y el cazador. Mientras miraba lo que pasaba, estaba despistada,  Yû que estaba detrás de mí aprovechó la ocasión y  me atacó, no lo escuché, y no me dio tiempo a sacar la katana  para defenderme. La fuerza que el caza-vampiros había hecho había provocado que me cortara un poco en el hombro. Pero cicatrizó rápido, por lo que no me preocupé. Me giré. Entonces preparado para volver a atacarme, me llevé las manos a la cara a modo de protección, se abalanzó sobre mí, pero lo máximo que hizo fue cortarme en la muñeca, pero otra vez el corte cicatrizó rápido.

-¿Que ocurre? ¿Ya te rindes?-. Me dijo con una sonrisa burlona en la cara. Le miré mientras me agarraba la muñeca izquierda.

Por detrás de él pude ver como el sol comenzaba a salir poco a poco. Tenia que irme de allí antes de que fuera tarde. Hice que apareciera un campo de fuerza, tanto alrededor de Yû como del caza-vampiro que estaba encima de Juvia. Los elevé por el cielo y los lancé lo más lejos que pude para que nos diera tiempo escapar. Corrí hacia Juvia que seguía tirada en el suelo.

-Juvia, Juvia estás bien… - pero no me contestó.- debemos salir de aquí levántate.- me costó bastante pero al final la puse de pie.

No me daba tiempo a salir de allí corriendo y con Juvia en el estado en el que estaba, bastante cansada, no tenía tiempo para que volviera en sí. Así que saqué las alas.
Por la espalda me salieron dos alas de murciélago las batí y salí de allí volando con Juvia cogida por los brazos, pero pesaba mucho, no podía con ella.

-Juvia, por favor, despierta… Juvia por favor…- la dije
-¿Que? ¿Qué? ¿Dónde estamos?-parecía que ya se había despertado.
-Juvia no puedo contigo por favor abre las alas-. Dije sin fuerzas.
-¡A si!  Perdona. – abrió las alas y comenzó a volar por si sola.- ¿Qué ocurre por que hemos salido volando? ¿Y la pelea?-. La miré enfadada- ¿Qué ocurre? ¿Por qué me miras así?-.no la contesté. Miré hacia atrás, tenía que esconderme en algún lugar el sol estaba apunto de salir.

Mientras volaba, bajo para que el sol no me diera, vi a las afueras de la ciudad un edificio a medio construir así que bajé y me escondí allí. Juvia me siguió. Yo me quedé en una habitación sentada en una esquina en la que el sol no diera.

-¿Raisa, que ocurre por que te escondes?-. Se acercó a mí
-¿Que te ha ocurrido antes? - la miré.
-¿Eh? ¿A que te refieres?
-Antes, te has quedado parada, ese caza-vampiro te ha golpeado contra el suelo y tú en vez de devolverle el golpe te has quedado parada mirándole.
-¿Así? Pues…
-No me vengas con el pues…. Dime por que te has quedado parada. Podías haber salido perfectamente de allí pero te has quedado parada.
-Pero he parado el ataque.
-Juvia.- dije, harta de que dará tantos rodeos a la conversación.- Dos caza-vampiros estaban apunto de matarnos, y tu lo único que has hecho es quedarte parada.
-¿Has sentido alguna vez esa sensación de que al mirar a alguien a los ojos todo se desvanece?
-¿Que quieres decir?
-Pues que al mirar a ese chico, he sentido que ya no quería pelear. No lo se es difícil explicar, ¿no has sentido tú lo mismo?
-¿Perdona? Ellos son caza-vampiros, no me digas que…déjalo es igual.
-Había algo en sus ojos,- seguía hablando sin prestarme atención.- en esos ojos verdes tan brillantes- suspiró- además su olor… me encanta.
-Haber, haber… -. Dije levantándome pero sin poder caminar ya que el sol entraba por la ventana mas cercana.- Juvia ellos son caza-vampiros, ellos no sienten nada, seguro que lo hizo para despistarte. Ellos querían matarnos, solo viven para eso.
-Pero si yo no....
-¡Juvia!- la dije levantando la voz.-Olvídate de él, el es un caza-vampiros y tu una vampira, es algo imposible, nunca podría ocurrir, somos enemigos naturales, además tu y yo los odiamos por lo que nos pasó hace ya un año, ¿lo recuerdas?
-Si, tienes razón, perdona, habrá sido el fuego, tanto calor no es bueno.- dijo sentándose a mi lado, mientras yo volvía a sentarme. -. Pero dime, ¿por que estamos aquí, por que has huido?- la mostré la muñeca izquierda,
-¿Que ocurre? -. Dijo sorprendida.
-No tengo la pulsera. Estaba distraída procurando que no te pasara nada, y ese caza-vampiros me hizo un corte y la rompió, así que no puedo salir a la luz del sol, tendré que esperar a esta noche.
-Vaya, lo…lo siento.
-Tranquila no pasa nada. Ahora solo hay que esperar. 

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