10/ El beso de la muerte


Al día siguiente volví a seguir a Juvia. Ella volvió a coger la puerta que la llevaba a LandIce. Cuando les encontré no estaban en el parque, estaban debajo de un árbol, me escondí detrás de otro árbol que había allí. Ellos estaban sentados en el suelo, apoyados en el tronco del árbol, Juvia tenía las piernas dobladas y se las cogía por debajo de las rodillas con las manos mientras miraba la hierba, tenía la cara colorada y no era por que hiciera frío, era por estar al lado de aquel chico. Por la mirada que tenia Juvia, perdida, y la mirada que tenia él estaban realmente enamorados.
Me dolía mucho ver esa imagen, por que de alguna manera conseguiría alejar a Juvia de él. No sabía cómo, pero lo conseguiría.
Mientras hablaban tranquilamente ella seguía estando roja hasta las orejas, y de vez en cuando asentía con la cabeza porque no le salían las palabras, pero él parecía tranquilo estando a su lado, sin poder dejar de mirarla, tenia una sonrisa marcada en la cara y cuando ella lo miraba se hacia mas grande.
No había nadie por los alrededores por lo que pude escuchar su conversación. Hablaban de todas las cosas que habían pasado cuando estaban juntos y de las peleas que habíamos tenido antes de que nos separáramos ella y yo. Pero entonces aquel chico, que no paraba de mirar a Juvia con ojos de deseo, pero en este caso no era deseo de comérsela, puso la mano más cercana a Juvia en el suelo  apoyando todo su peso en ella.

-Juvia.- la llamó, el sonido de su voz era muy suave. Ella se giró.
Cuando ella lo miró, y se sonrojó, él subió suavemente su mano libre y la colocó detrás de su cabeza, casi en la nuca, y poco a poco la fue bajando y a la vez iba acercando a Juvia a él, mientras que cerraba los ojos.

-Lavi...- Juvia dijo el nombre de ese chico mientras la iba acercando a él. Al igual que él, la voz de Juvia era prácticamente un susurro.

Finalmente Lavi consiguió juntar sus labios con los de Juvia, y esta cerró sus ojos. Los dos se fundieron en un beso, por la manera que lo había hecho, suavemente, ese era su primer beso. Un beso apasionado y tierno a la vez. Ella con los brazos aún sujetándose las piernas, soltó uno de sus brazos y lo colocó en el cuello de Lavi. Cuando se separaron Juvia abrió los ojos a la vez que él, Lavi se giró completamente hacia Juvia y la abrazó, ella se giró como pudo para quedar también frente a él y quedaron uno en brazos del otro. Los brazos de Lavi abrazaban cariñosamente a Juvia protegiéndola de cualquiera que quisiera quitársela.
Mi reacción al ver aquella escena era de enfado por todo lo que me había prometido y no cumplió, era lo que más me dolía, que me mintiera. Mientras ellos se quedaban uno en los brazos del otro, sin que me oyeran me fui. De todas las veces que había ido a espiarles Juvia podría haber sabido que yo estaba allí, pero mi olor desaparecía cuando él estaba a su lado.
Volví a la sede de los vampiros y esperé a Juvia en mí habitación. Cuando la escuché pasar abrí la puerta y la metí en mi habitación tirando de ella.

-Raisa, ¿Qué haces?
-Dime, ¿donde has estado?
-Cazando, como todos los días.
-¡No me mientas!- dije levantando la voz
-Es la verdad. Créeme.
-¿De verdad?- hice aparecer un cuchillo en mi mano y me corté en el antebrazo, desde la muñeca al codo, dolía pero tenía que aguantarlo. La herida era profunda para que saliera sangre, cicatrizó rápidamente pero la sangré siguió estando. Los ojos de Juvia se volvieron rojos en seguida. Y se abalanzó a por la sangre. De la fuerza con la que lo hacia no pude detenerla, me tiró al suelo y comenzó a lamer la sangre que tenía en el brazo. Una vez que hubo terminado sacó sus colmillos y no dudó en morderme y comenzar a succionar. Sentia que la sangre me iba abandonando el cuerpo.

-¡Juvia, para me vas a matar!- la grité e intenté detenerla, pero ella no paraba.

Las fuerzas comenzaban a desaparecerme, ya no podía ni intentar apartarla. Una figura alta y salvaje abrió la puerta y quitó a Juvia de encima de mí. Los agujeros de los colmillos se cerraron.  Sentí como las fuerzas me reaparecían rápidamente.

-Pero que pasa?- dijo la figura que acababa de entrar en la habitación.- ¿Estáis locas? Juvia, como se te ocurre morderla, si tienes hambre ya sabes lo que tienes que hacer.

Ella sin decir nada mas salió corriendo de mi habitación. La figura se acercó a mí.

-Raisa, ¿se puede saber que ha pasado?
-Nada. Todo está bien.
-¿Cómo que todo está bien? ¿¡Raisa, es que no te das cuenta de que casi te mata!?
-Las cosas entre las dos están muy claras, no hay nada mas que hablar.-Me levanté del suelo y me marché de la habitación.

Acabé en el bar, bebiendo un poco para recuperar las fuerzas que ella me había quitado. Después volví a la habitación.

9/ Uno contra uno


Al día siguiente volví a seguirla, al menos hasta la puerta, volvía LandIce, no entré en la puerta, es que no podía verlo. No podía ver como me mentía. Me fui a otra ciudad, estaba tan cabreada que en cuanto vi como un hombre robaba a una mujer, me fui a por aquel hombre. Le pillé en un callejón sin salida, en el que se metió él solo cuando escapaba de la policía. Ni siquiera intenté no hacer ruido cuando estuvo solo me tiré a por él y le maté. Cuando la policía llegó ya estaba muerto.
No volví a la sede durante dos días, me quedé allí en esa cuidad haciendo lo que sabia hacer, haciendo lo mismo que hacían los de mi especie, matar. Maté a varias personas hasta que volví a encontrarme con un diestro adversario.  Estaba en un edificio abandonado a plena luz del día. Cuando Yû apareció, acababa de matar a un traficante de droga.

-Todos sois basura.- dije cuando le maté y le succioné la sangre.
-En eso estoy de acuerdo contigo.- me giré rápidamente. Detrás de mí, a unos pasos había una persona. Su voz era seria. Me limpié la sangre de mi barbilla.
-Oh, así que has vuelto. – dije mientras giraba completamente, para poder mirarle de frente. - ¿es que no tienes asignado otro vampiro al que incordiar?
-No, tú eres la única, cuando estas en movimiento me llaman a mí para que… ya sabes.
-Me mates. ¿Que ocurre no puedes decirlo?, eres un caza-vampiros, esa es tu misión- puse la mano derecha en mi cintura.
-Si, bueno da igual. Pero que veo no está la otra vampira es raro no veros juntas. No estará escondida para lanzar un ataque sorpresa sobre mí.- dijo mientras mostró una sonrisa desafiante.
-No, no está no tienes de que preocuparte, estoy yo sola. Además tu también estas solo o me equivoco. – Miré a mí alrededor.-  O es que tu amiguito el conejo está acechándome por algún lugar.
-Tks, ese conejo, a saber o que está haciendo.- dijo mirando hacia otro lado.
-Si yo te contara- dije en voz baja para que no me oyera y mirando hacia otro lado también.
-Ese conejo solo sabe estorbar.
-Oh, vamos Yû por que dices eso de un compañero, eso no está bien.- me burlé de él. En las últimas batallas había averiguado que no le gusta que le llamen Yû, pero yo lo seguía haciendo ya que no sabía como se llamaba, y además me gustaba picarle.
-¿Que ocurre? hoy no sacas tu katana, ¿no vas a usar tus habilidades conmigo?- me dijo.
-Acabo de matar a una persona tengo la suficiente fuerza como para no tener que usarla. Además hoy no estoy de humor para luchar, me retiro. Ya quedaremos en otra ocasión, y será la última.

Otra de las habilidades de los vampiros era que se podían transformar en un murciélago. Fue lo que hice para salir de allí, transformarme en murciélago gigante, así se diferencian de los murciélagos normales, los cuales son más pequeños.
Volví a la sede y esperaba que Juvia estuviera allí, estaba en su  habitación durmiendo con una gran sonrisa en su cara, debía de estar soñando con él. Durante los días siguientes estuve siguiendo a Juvia día si y día no. Los días que la seguía veía que se lo pasaba muy bien con ese caza-vampiros. Estaban muy unidos, pero no podía seguir mucho tiempo con eso. Los días que no la seguía me iba a cazar y en la mayoría de ellos me encontraba con el caza-vampiros de la katana.

-¿Que ocurre? Sigues sola, ¿es que os habéis enfadado?
-Contéstame a algo. ¿Tú sabes donde está tu compañero? ese al que llamas conejo.
-No, ¿por que?
-Tenía curiosidad. ¿Tú no?
-No es asunto mío, que haga lo que quiera mientras no interfiera con mi trabajo. – Dijo desenvainando la katana.- ¿Qué, hoy vas a luchar o volverás a huir? como huiste aquella vez.
-Tengo que descargar un montón de furia. Así que lucharé pero no lo haré con la katana. – abrí las alas de murciélago.
-Vaya, esto se pondrá interesante.- en esta transformación los ojos se volvían rojos por si solos
-Cuando quieras.

Comenzó a correr hacia mí con la katana bien sujeta y comenzó a atacarme con ella, pero a la velocidad a la que iba era casi imposible darme. Casi por que alguna vez me cortó en la parte del estómago, pero cicatrizó rápido.

-Sabes, me he acostumbrado a nuestras peleas, cada vez que lucho contra ti te haces más apetecible. ¿De verdad que no me dejas morderte?
-Me alegro de que te guste, pero no vas a probar una gota de mi sangre- dijo mientras volvía atacarme con la katana.- Ningento (Segunda Ilusión)- de repente su única espada se transformó en dos, uniéndose detrás de él con un rayo de luz verde.
-Vaya, tienes mas agilidades de lo que me esperaba. Pero solo es una ilusión, ¿verdad?
-Vampira lista-. Dijo mostrándome una leve sonrisa.- pero aunque sea una ilusión corta de la misma manera-. Volvió a atacarme, ahora con las dos Katanas.

Volé hasta ponerme detrás de él, golpeándole un par de veces, hasta que me agarré a él desde la espalda. Pero enseguida, se dio la vuelta y me atacó pero no consiguió herirme. Volé y me coloqué en lo alto de una viga.

-Aclárame una cosa tienes la edad que aparentas, o eres de esos vampiros que tienen 200 años y aparentan 30.- me dijo, mientras me miraba desde el suelo.
-¿Me estas llamando vieja?
-Solo era curiosidad.
-Pues… no te lo diré, adivínalo tú, haber si aciertas.
-Pues yo diría que eres de la de segundo tipo.
-Descarado. No has acertado. Para tu información tengo la edad que aparento. Bueno un año menos.- dije en voz baja.
-Así y ¿cuanto es?-Me dijo, parecía bastante curioso para lo que aparentaba.
-Serás.- me abalancé sobre él y conseguí tirarle al suelo, yo me puse encima de él atrapándole las piernas y los brazos para que no se moviera. – eso no se le pregunta a una dama, es de mala educación.
-¿Una dama? Yo no veo ninguna.-Dijo con sonrisa burlona.
-Que gracioso. Mira, ahora te tengo en la posición que quería, podría morderte, pero… resulta menos divertido si se hace así.
-Entonces por que no te quitas de encima de mí.- dijo con una sonrisita. Con ella me puse colorada. Salí volando y volví a subirme a la viga.- ¿Te ocurre algo?
-Lo siento debo irme.
-Pero si no hemos terminado la pelea.- salí volando de allí volví a huir como la ultima vez.

Pero que me pasaba, me había puesto colorada cuando él me sonrió, eso no era normal en mí y menos con un caza-vampiros, yo les odiaba. Todo esto me estaba afectando bastante tenia que hacer algo ya no podía dejarlo pasar más. Tenía un plan en mente pero era muy arriesgado llevarlo a cabo tenia que encontrar otra manera. 

8/ El Secreto incontable


Los siguientes días, como ya dije, nos encontramos con ellos en distintos lugares y siempre pasaba lo mismo. Unas veces parecía que íbamos a ganar nosotras otro día ellos, pero siempre ocurría lo mismo, desde la primera vez que nos encontramos, Juvia y ese Usagi, así le llamaba Yû, se quedaban parados uno delante del otro sin decir nada. Juvia no quería reconocerlo pero llevando tantos años con ella sabia que sus “no”  en realidad eras “sí”.
Llegando a la Sede tras cazar a un asesino, en la que Juvia no había participado si no que se había quedado encima de un edificio sin hacer otra cosa que mirar a la nada, la agarré y me la llevé a mi habitación. Tiré de ella hasta que entramos en la habitación. Una vez dentro la tiré sobre la cama.

-¿Qué crees que haces?-. Dijo. Cerré la puerta con llave.
-¡Ya estoy harta dime de una vez que te pasa, hace días que no me ayudas a cazar, te quedas sentada, mirando a la lejanía y no dices nada!-insistí.
-No es nada…- dijo mientras miraba al suelo.
-No me mientras, Juvia llevamos muchos años juntas y te conozco, no puedes engañarme.- me apoyé en la pared.
-De verdad que nos es nada, tengo días malos.
-Últimamente tienes muchos días malos, ¿no es así? Y ya no me vale eso de tener la regla por que nosotras no podemos tenerla.
-Ya lo se,  pero es que no me entran ganas de matar.
-No es eso a lo que me refiero y lo sabes, me da igual que no caces. Me refiero a cuando nos encontramos con los caza-vampiros, cuando te quedas parada sin hacer nada.
-No lo se. Es que cuando veo a ese chico, las ganas de pelear vuelan, desaparecen.
-Él te gusta no es así.
-No, no, ¿de donde te sacas eso?- dijo distraída, y sin confianza en las palabras que decía.
-De todas las veces que te quedas parado frente a él. Juvia sabes que cuando se trata de chicos te he apoyado siempre, es mas, muchas de esas veces yo misma te ayudo, pero esta vez no puedo, no puedo dejar que vuelvas a verte con él. Lo siento pero no puedo aprobarlo.
-Si, lo se yo tampoco, tengo que olvidarme de él.
-Me lo prometes… Juvia de veras que lo siento pero es que si algo te ocurriera seguramente me volvería loca…
-Si, te lo prometo, conseguiré olvidarme de él.
-Vale.- me acerqué a ella y nos abrazamos.
-Pero si no te importa, creo que a partir de ahora iré sola a cazar, cada una caza a su manera, es lo mejor para las dos.
-Vale, sin problemas.- las dos sonreímos.

La tomé la palabra, confiaba en ella.
Desde ese momento cada una salía por su cuenta a cazar, algunos días la preguntaba si quería ir a cazar, pero me decía que acababa de volver o cosas por el estilo. Realmente confiaba en ella pero estaba preocupada ya nunca hablábamos y a penas nos veíamos.
Un día mientras caminaba por los pasillos de la sede buscando a Juvia, me encontré con Krory que se dirigía seguramente a su habitación.

-Hola Krory ¿has visto a Juvia? Hace tiempo que no la veo y la estoy buscando.-dije mientras miraba a todos lados.
-La vi irse hace un rato hacia una de las puertas.- dijo mientras me señalaba con el dedo hacia atrás.
-¿Y sabes a cual?
-Creo que cogió la puerta de LandIce.
-“La cuidad de hielo. Creo que algo malo esta pasando”.- dije pensativa.
-¿No puedes comunicarte con ella?
-No, últimamente a hemos ido por libre y me ha desconectado
-Es muy raro en ella. Deberías ir a ver que la pasa puede que tenga problemas y no te lo quiera decir.
-No lo se, iré a ver, gracias-. Me fui diciendo le adiós con la mano

Busqué la puerta que me llevaba a la cuidad de LandIce. Cuando la encontré pasé por ella.
Cuando llegué al centro de la ciudad comencé a buscar a Juvia. No me resultó difícil encontrarla y menos cuando reconocí el olor de su sangre. Estaba en un parque de la ciudad, cuando me iba acercando pude oír risas, pero no eran la risa de Juvia, esa voz era de un chico. Y no cualquier chico. Cuando me acerqué le reconocí, era el mismo chico con el que Juvia peleó la primera vez. Ellos estaban sentados en los columpios, cada uno en uno, hablando y riéndose. Juvia estaba muy sonrojada tanto que su cara tenía el mismo color que el pelo de aquel chico, y una enorme sonrisa en su cara, nunca la había visto así desde antes de ser vampiras. Escuché parte de su conversación.  Y por las cosas que decían no era la primera vez que quedaban, una de las cosas que estaban recordando era la primera vez que se vieron, cuando los dos se quedaron uno enfrente del otro. Una ráfaga de aire sopló y al estar en una ciudad hecha de hielo el aire era muy frío. Los vampiros no notamos ni el frío ni el calor, aun así aquel chico se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros a Juvia. Ella no vio como se quitaba la chaqueta y se la ponía, por que estaba mirando al suelo, pero cuando aquel chico acarició su hombro su cara se volvió a poner roja.  En ese momento aunque no estaba segura de por que lo iba ha hacer pero les dejé solos volví a la sede, bastante enfadada.
Cuando estaba caminando por los pasillos decidí ir a ver a Krory, llegué a su habitación. Toqué la puerta y me abrió.

-Raisa, ¿estás bien? No tienes buena cara.
-Si, estoy bien. ¿Puedo pasar?
-Claro.- cerró la puerta cuando entré y me invitó a sentarme en la cama.-dime ¿que te ocurre?
-Tengo que hablar con alguien. Pero no tengo a nadie.
-¿Y Juvia?
-No la he encontrado.- Le mentí-. Por eso necesito hablar con alguien.
-Dime.-me dijo.
-En un caso hipotético, si un vampiro rompe las normas, crees que otro vampiro que es muy amigo del primero ¿tiene que acusarle?
-Dime lo que ocurre, sin dar rodeos.
-Solo contéstame, por favor.- le dije con lagrimas en los ojos.
-Yo si fuera el segundo vampiro, esperaría y hablaría con el primero después, si no ha funcionado, actuaría como una verdadera… verdadero amigo. En caso hipotético, claro.
-Si, es lo mejor.- me dije a mi misma en voz alta, mirando hacia el techo y suspirando.
-Me alegra haberte ayudado.- dijo mientras me levantaba y me iba-. Pero si se trata de vosotras debes estar totalmente segura, recuerda lo que te he dicho. – no le miré mientras me lo decía.

Volví a mi habitación y pensé en todo lo que me dijo Krory. Tenia que hablar con Juvia de lo que hacia, pero seguro que se enfadaría si supiera que la he espiado. ¿Qué debía hacer?
Esperé a que Juvia volviera, cuando olí su sangre fui a su habitación, llamé a la puerta y abrió una rendija.  Pensé que se alegraría de verme después de tanto tiempo pero su reacción no fue de alegría, fue de sorpresa.

-Hola Juvia, ¿puedo pasar?
-Si claro-. Me abrió y pasé, me senté en la cama.
-¿Qué tal? hace mucho que no nos vemos.
-Si, es verdad.- dijo en tono asustado mientras cerraba la puerta. Después se apoyó en ella.
-Bueno y dime ¿que has hecho?- se sentó a mi lado.
-Que te parece si un día vamos a cazar juntas, hace mucho que no lo hacemos.
-Claro… estaría bien.- estaba con la cara agachada mirando hacia sus manos, las cuales no paraba de moverlas.
-Bueno, yo me voy que seguro que estarás cansada-me levanté de la cama y me dirigí a la puerta.- Juvia, dime, tú no me mentirías verdad.
-No claro que no.-me miró por primera vez.
-Vale.-abrí la puerta- por cierto me gusta tu colgante. Te pega mucho- cuando se lo dije dio un pequeño bote en la cama. Sin apartar la vista del suelo se agarró el colgante. Me fui a mi habitación.

El colgante, un copo de nieve, que Juvia tenía puesto nunca se lo había visto y cuando la espié tampoco lo llevaba, seguro que ese caza-vampiros se lo regaló.

7/ LandIce


Al día siguiente. Como otros tantos días salí de la habitación, y me fui a buscar a Juvia. Y de allí nos dirigimos a una de las puertas que había cerca del pasillo de las habitaciones, cerca de comedor de los consejeros.

-¿Y ahora? Ya hemos ido a muchos lugares, ¿A donde vamos hoy?- me dijo Juvia aún un poco adormilada.
-No se, - me fijé en la primera puerta- LandIce. ¿Qué te parece si entramos aquí?
-Vale, aquí aún no hemos ido. Entramos.

Juvia y yo entramos en la puerta en la que ponía LandIce, no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar.
Al llegar allí nos encontramos con una ciudad completamente de hielo. El suelo era de hielo, los parques, todo, era como una exposición de hielo.

-Pero… ¿Dónde estamos? Esto parece la Antártida.
-No, tengo ni la menor idea.

Comenzamos a caminar por las calles de la ciudad de hielo, investigando todo lo que nos encontrábamos a nuestro paso.

-Este lugar es muy raro.
-Pero mira,- dije- si te das cuenta todos los seres vivos son de carne y hueso.
- ¿Y que?
-Pues que desde ayer por la noche no he comido nada, y tengo algo de hambre.
-¿Te quieres comer a alguien?
-Si- dije sonriendo- vamos, seguro que tú también quieres.
-No, yo estoy bien- la sonaron las tripas.- vale si, tengo hambre, espero que haya algo que comer por aquí.

Sonreí la cogí de la mano y salí corriendo por las calles buscando algún humano que llevarme a la boca. Pero por más que camináramos por esas calles no veíamos nada malo.

-Esto es muy extraño, no parece haber nada fuera de lugar.
-¿A que te refieres?
-¿No te das cuenta de que todo lo que hay en esta ciudad es felicidad? No hay nadie robando, maltratando ni nada- me extrañé- esto es como el país de la felicidad.
-Es bonito ¿no? Todos son felices.

Miré a Juvia.

-Siempre tiene que haber un equilibrio entre el bien y el mal, y si esta ciudad es todo felicidad, entonces en otro lugar debe de haber otra ciudad en la que lo que haya principalmente sea el mal, o la tristeza.
-Exactamente.- una voz salió de la nada, la cual me resultó conocida por el tono jovial en el que lo dijo.
-Conejo idiota, cuantas veces he de decirte que tienes que esperar-dijo otra voz mas seria.
-¿No serán?- la cara de felicidad que había tenido hasta ese momento me cambió a enfado solo con escuchar eso.

Miré encima de mi, y en lo alto de una casa, en el tejado se encontraban aquellos dos cazadores contra los que habíamos luchado ya en una ocasión.

-¿Que hacéis aquí?- dije con enfado.
-¿A vosotras que os parece? Vosotras sois nuestra misión, fallamos el otro día, pero hoy no pensamos fallar.

Aquellas dos personas ya habían cogido sus armas y estaban preparados para atacarnos.

-“Juvia, ¿estás lista?”- la dije mientras sacaba mis abanicos y los desplegaba con mucha facilidad a pesar de que pesaban mas que 100kilos de hierro.
-“Preparada.”- dijo ella mientras levantaba las manos y en ellas comenzaba aparecer un humo blanco.

Las dos reímos, estábamos preparadas para acabar con ellos y con esta tontería de una vez por todas. Las dos sacamos las alas y en medio de la gente, la cual nos podía ver perfectamente, volamos hasta lo más alto para que ellos no nos alcanzaran.

- ¿Qué pasa, no llegáis?- dije con burla hacia el chico del pelo azul el cual no dejaba de mirarme, con odio, seguramente.

Juvia y yo salimos volando hasta un lugar en el que pudiéramos luchar sin tener a los humanos como obstáculo.
Sobrevolamos toda la ciudad hasta un parque cercano en el que no había ningún humano. Al llegar, ellos aún no habían llegado, les habíamos dejado bastante atrás. Cuando llegaron.

-Mira que sois lentos- les dije a los dos mientras me columpiaba.
-¡Basta de burlas!- el peliazul se abalanzó sobre mí con la katana en alto, en cuanto le vi acercarse, salté del columpio hacia atrás, y saqué los abanicos.
-Vamos, segundo round. –le dije desafiándole.

La pelea no era como la del día anterior, el hielo que había bajo nuestros pies hacia que en más de una ocasión los dos nos resbaláramos y acabáramos en el suelo. Una de las veces caí al suelo vi a lo lejos a Juvia tranquilamente en el mismo sitio en el que había aterrizado, y estaba junto al otro cazador, no hablaban, solo se miraban. Una profunda ira comenzó a recorrerme el cuerpo. Saqué las alas y me marché de aquel lugar sin decir nada a Juvia. 

6/ Cumpleaños


Esperamos durante todo el día, hasta que la noche volvió a caer. Esta vez no fuimos de caza nos fuimos a la sede de los vampiros.
Al llegar muchos vampiros se nos quedaron mirando pero no les prestamos atención seguimos todo recto hacia nuestras habitaciones. Entramos en la habitación más cercana, la de Juvia. Entramos y cerramos la puerta. Juvia se tumbó en la cama, dejando que sus piernas colgaran y yo me senté en el suelo. Ninguna de las dos hablamos. Llamaron a la puerta. Me levanté y abrí una rendija para ver de quien se trataba, era Krory. Abrí la puerta del todo y le dejé pasar, después volví a cerrar la puerta.

-Hola Kuro-chan ¿Qué haces aquí?- dijo Juvia mientras se incorporaba.
-He escuchado lo que os a pasado ¿estáis bien?- dijo mirando nos a ambas
-¿Sabes lo del ataque de los caza-vampiros?
-Todos lo saben.
-Genial. Si no éramos bastante raras ahora lo seremos más.
-Pero decidme, ¿estáis bien? No os han herido, ¿verdad?- dijo preocupado

Krory era el único amigo que teníamos entre los vampiros, él fue el primero que nos habló cuando llegamos y el que nos enseñó todo lo que sabemos. Entre el clan de los vampiros, Krory era muy conocido, era un gran vampiro. Tiene las orejas puntiagudas y los ojos tristones, tiene el pelo curvo con un flequillo que le cae por su cara. Cuando se activa su instinto animal además de que los ojos se le vuelven rojos, sus rasgos faciales cambian completamente aun aspecto mas salvaje y los colmillos le sobresalen a una velocidad mayor que cualquier vampiro. Era el que más se preocupaba por nosotras. Desde el primer momento nos apoyó y nos cuidó de cualquiera que intentara hacernos algo.

-Si, tranquilo estamos bien, lo único que lamento es que el caza-vampiros con el que luché me rompió la pulsera. Por eso no pudimos volver antes.- dije, mientras le mostraba la muñeca.
-Si solo es eso me alegro, no te preocupes, seguro que La Reina te dará otra. Pero lo mas extraño es que no halláis podido con ellos, no son los primeros con los que os enfrentáis.
-Si, eso es verdad Kuro-chan pero estos tenían algo diferente, no sabría explicarlo, sabían realmente como éramos, nos habían estudiado.
-A partir de ahora tendremos que estar más atentas y tener mas cuidado. Nos hemos confiado y hemos perdido la batalla, pero la guerra no pienso perderla.- dije, desafiando a todos los caza-vampiros aunque ellos no pudieran escucharme.

Tanto Krory como Juvia se quedaron callados. Y con la cabeza agachada. Entonces Krory la elevó rápidamente.

-Casi se me olvida, os he comprado esto.- nos dio unos paquetitos pequeños. Pero no los abrimos.
-Krory, ¿Por qué nos los das?
-Olvidé el día de vuestros cumpleaños. Pero me he acordado así que aquí los tenéis fuera de tiempo pero son vuestros, venga abrirlos.
-Gracias, Krory no tenias por que comprarnos nada.
-Que os pasa… ¿es que no os alegráis?
-No, no es eso Kuro-chan, lo que pasa…-me miró.- es que cuando nos trajeron aquí y supimos que ya no íbamos a envejecer, decidimos no volver a celebrar nuestros cumpleaños.
-Es que nos recuerda a cuando estábamos en casa con nuestras familias y lo celebrábamos.- las dos agachamos la mirada, tristes.
-Voy a deciros una cosa, aunque estéis aquí y no podáis envejecer no podéis dejar de celebrar vuestro cumpleaños. Por que celebrar vuestro cumpleaños es algo que a cualquiera le gusta y le recuerda a sus familias, a los buenos momentos que vivieron.- nos sonrió- así que prometedme que celebrareis todos vuestros cumpleaños. Prometido.
-Prometido. – dijimos las dos.
-Así me gusta y ahora mientras vosotras estáis aquí tengo que hablar con La Reina.- se levantó.- Raisa, puedo pedirle la pulsera en tu nombre si quieres.
-Gracias Krory, eso seria genial- le sonreí.
-De nada. Me voy después os veo. Adiós- se fue.

Cuando se fue abrimos los paquetes. A mi me había regalado unos guantes, y a Juvia unas horquillas. Le estábamos muy agradecidas por todo lo que había hecho por nosotras. Al poco tiempo volvió y me dio la pulsera que le había pedido a La Reina en mi nombre.
En la habitación:
-Raisa, llevas mucho tiempo callada ¿en que piensas?
-Estaba recordando la pelea, esos caza-vampiros eran diferentes.
-¿Diferentes? Pero ellos eran como los demás, tenían algún poder como los otros.
-No me refiero a eso.  Como tú has dicho, tenían algo, nos habían estudiado. Además de que sus poderes eran distintos a otros.
-Si, pero eso no es extraño, eran fuertes.
-Ya pero, lo mas raro es que cuando te tiró al suelo tu te quedaras sin atacarlo a pesar de que él iba a atacarte. ¿Dime que te pasó?-volvió a tirarse en la cama
-No lo se, nunca me había pasado, además estoy contigo también odio a los caza-vampiros, pero es que ese chico, no se, tiene algo. Algo en su mirada me hizo parar. Y a ti te ocurrió también algo, te rompieron la pulsera, tú sueles tener mucho cuidado con esas cosas.
-Me despisté, estaba pendiente de que no te ocurriera nada. No me fío de ellos, pensé que en cualquier momento te iba a atacar. Por suerte conseguimos salir de allí.
-Te conozco desde hace mucho, se que algo te preocupa. ¿Qué es?
-Esta no será la primera vez que nos los encontremos.-dije mientras agachaba mi cara escondiéndola entre mis brazos.

5/ Algo que no debe pasar


Ya cansada de todo aquello decidí terminar con esta pelea de una vez por todas. Volví a cambiar los abanicos, esta vez por varios cuchillos y comencé a tirárselos. Para esquivarlos, él iba poco a poco echándose hacia atrás hasta que se chocó contra un árbol. Esa era mi oportunidad, le lancé los últimos cuchillos y le atrapé las manos, las piernas y los brazos, en los que los cuchillos se habían clavado en la piel. Después de ver aquello me di la vuelta.

- Ya dije que no podrías conmigo. – dije con aires de superioridad.

Juvia y yo ya habíamos peleado en otras peleas de esta misma manera, por separado, pero siempre nos habíamos mantenido en contacto por su poder. Pero por alguna extraña razón esta vez ella no se había comunicado conmigo nada mas que para responderme. No pensé nada raro, seguramente ella habría podido con ese cazador flacucho del martillo.
Busqué a Juvia por las calles que había cerca del descampado, pero no conseguía verla.
-¿Pero donde está?- me concentré-“Juvia, ¿donde estás?”
Por detrás de mí, poco a poco y sin hacer ruido se iba acercando alguien que yo creí muerto, o moribundo, pero no era así. Pero la sangre que le chorreaba por el cuerpo le delataba con facilidad. En mi mano se formó una masa  negra que se fue transformando en un Azame, un cuchillo ceremonial que usaban las brujas en sus conjuros. Tenía incrustaciones de oro en la empuñadura y en la punta. Cuando estuvo lo bastante cerca, y apunto de matarme, levanté el brazo que tenia el Azame y bloquee su ataque sin dificultad.
-No deberías darle la espalda a tu enemigo en una lucha-Me dijo- no es lo apropiado, le das muchas facilidades a tu oponente.  O, ¿no será que ya te has cansado de nuestra lucha?
-De eso nada.-  girándome sin apartar el Azame de su posición me quedé mirando al cazador.

-¡AAAHH!- un grito cayó el silencio de la noche. Puede reconocer la voz de mi amiga.
Me desconcentré de la pelea que estaba teniendo con el cazador.  
Detrás de mí, en mi espalda, y entre la ropa, aparecieron dos grandes alas de murciélago. En las alas se podían distinguir los huesos que hacían la forma específica de las alas, y con los cuales podía moverme en el aire, y gracias a la piel  que tenia entre los huesos podía mantenerme en el aire sin dificultad.
Golpeé al cazador con la pierna, dándole una patada en el estómago, y lo dejé fuera de combate, lo que me dio un tiempo para salir volando y buscar a Juvia.

-¡JUVIA!- grité pero no la vi por ningún lado.- Juvia, ¿Dónde estás?- pero por más que la llamara, ella no contestaba.

Entonces mientras sobrevolaba los edificios volví a ver el remolino de fuego y de él salieron dos serpientes que se aproximaban a uno de los edificios. Las serpientes desaparecieron cuando chocaron contra el edificio y lo destruyeron.

-“Juvia ¿estas bien? Contéstame”.- la dije preocupada por si aquel ataque la había alcanzado.
-“Si, estoy bien. No me ha dado, por los pelos”- dijo alterada. Parece que la estaba constando.
-“¿pero que les pasa a estos? ¿Como es posible que no consigamos matarles?”– dije cabreada.
Entonces, como si de un meteorito se tratara, algo cayó en medio de la calle rompiendo el asfalto, pero había mucho polvo y no se odia ver nada. Cuando se despejó vi a Juvia en el suelo, y el caza-vampiros de pie encima de ella apunto de lanzar otro de sus ataques. El martillo se cargó con la misma luz verde que había visto en la katana del otro caza-vampiros. Justo en el momento en el que ese cazador iba a descargar el ataque sobre ella, esta puso sus manos delante de su cuerpo y formó una barrera de hielo que consiguió parar el ataque de su oponente.
Antes, no me había dado tiempo a mirar al oponente de Juvia, pero me había fijado bastante gracias a las luces de las farolas que le iluminaban sus rasgos. Ese cazador tenía el pelo de un rojo brillante y algo alborotado. Tenía un pañuelo que le sujetaba el pelo para que no le tapara los ojos, y que hacia que se le quedara de punta. Tenía un parche en uno de sus ojos. El traje era igual que el del otro cazador, solo que este tenia una chaqueta que no le tapaba los pantalones, y unos guantes en las manos. Pero los detalles eran los mismos, de color negro con detalles en blanco y el símbolo de los cazadores en la parte izquierda del pecho.

Estaba preocupada por Juvia se había quedado tumbado en el suelo parando el ataque con una barrera de hielo, y no respondía. Aterricé en la calle enfrente de Juvia y el cazador. Mientras miraba lo que pasaba, estaba despistada,  Yû que estaba detrás de mí aprovechó la ocasión y  me atacó, no lo escuché, y no me dio tiempo a sacar la katana  para defenderme. La fuerza que el caza-vampiros había hecho había provocado que me cortara un poco en el hombro. Pero cicatrizó rápido, por lo que no me preocupé. Me giré. Entonces preparado para volver a atacarme, me llevé las manos a la cara a modo de protección, se abalanzó sobre mí, pero lo máximo que hizo fue cortarme en la muñeca, pero otra vez el corte cicatrizó rápido.

-¿Que ocurre? ¿Ya te rindes?-. Me dijo con una sonrisa burlona en la cara. Le miré mientras me agarraba la muñeca izquierda.

Por detrás de él pude ver como el sol comenzaba a salir poco a poco. Tenia que irme de allí antes de que fuera tarde. Hice que apareciera un campo de fuerza, tanto alrededor de Yû como del caza-vampiro que estaba encima de Juvia. Los elevé por el cielo y los lancé lo más lejos que pude para que nos diera tiempo escapar. Corrí hacia Juvia que seguía tirada en el suelo.

-Juvia, Juvia estás bien… - pero no me contestó.- debemos salir de aquí levántate.- me costó bastante pero al final la puse de pie.

No me daba tiempo a salir de allí corriendo y con Juvia en el estado en el que estaba, bastante cansada, no tenía tiempo para que volviera en sí. Así que saqué las alas.
Por la espalda me salieron dos alas de murciélago las batí y salí de allí volando con Juvia cogida por los brazos, pero pesaba mucho, no podía con ella.

-Juvia, por favor, despierta… Juvia por favor…- la dije
-¿Que? ¿Qué? ¿Dónde estamos?-parecía que ya se había despertado.
-Juvia no puedo contigo por favor abre las alas-. Dije sin fuerzas.
-¡A si!  Perdona. – abrió las alas y comenzó a volar por si sola.- ¿Qué ocurre por que hemos salido volando? ¿Y la pelea?-. La miré enfadada- ¿Qué ocurre? ¿Por qué me miras así?-.no la contesté. Miré hacia atrás, tenía que esconderme en algún lugar el sol estaba apunto de salir.

Mientras volaba, bajo para que el sol no me diera, vi a las afueras de la ciudad un edificio a medio construir así que bajé y me escondí allí. Juvia me siguió. Yo me quedé en una habitación sentada en una esquina en la que el sol no diera.

-¿Raisa, que ocurre por que te escondes?-. Se acercó a mí
-¿Que te ha ocurrido antes? - la miré.
-¿Eh? ¿A que te refieres?
-Antes, te has quedado parada, ese caza-vampiro te ha golpeado contra el suelo y tú en vez de devolverle el golpe te has quedado parada mirándole.
-¿Así? Pues…
-No me vengas con el pues…. Dime por que te has quedado parada. Podías haber salido perfectamente de allí pero te has quedado parada.
-Pero he parado el ataque.
-Juvia.- dije, harta de que dará tantos rodeos a la conversación.- Dos caza-vampiros estaban apunto de matarnos, y tu lo único que has hecho es quedarte parada.
-¿Has sentido alguna vez esa sensación de que al mirar a alguien a los ojos todo se desvanece?
-¿Que quieres decir?
-Pues que al mirar a ese chico, he sentido que ya no quería pelear. No lo se es difícil explicar, ¿no has sentido tú lo mismo?
-¿Perdona? Ellos son caza-vampiros, no me digas que…déjalo es igual.
-Había algo en sus ojos,- seguía hablando sin prestarme atención.- en esos ojos verdes tan brillantes- suspiró- además su olor… me encanta.
-Haber, haber… -. Dije levantándome pero sin poder caminar ya que el sol entraba por la ventana mas cercana.- Juvia ellos son caza-vampiros, ellos no sienten nada, seguro que lo hizo para despistarte. Ellos querían matarnos, solo viven para eso.
-Pero si yo no....
-¡Juvia!- la dije levantando la voz.-Olvídate de él, el es un caza-vampiros y tu una vampira, es algo imposible, nunca podría ocurrir, somos enemigos naturales, además tu y yo los odiamos por lo que nos pasó hace ya un año, ¿lo recuerdas?
-Si, tienes razón, perdona, habrá sido el fuego, tanto calor no es bueno.- dijo sentándose a mi lado, mientras yo volvía a sentarme. -. Pero dime, ¿por que estamos aquí, por que has huido?- la mostré la muñeca izquierda,
-¿Que ocurre? -. Dijo sorprendida.
-No tengo la pulsera. Estaba distraída procurando que no te pasara nada, y ese caza-vampiros me hizo un corte y la rompió, así que no puedo salir a la luz del sol, tendré que esperar a esta noche.
-Vaya, lo…lo siento.
-Tranquila no pasa nada. Ahora solo hay que esperar. 

4/ Caza-Vampiros


Mientras volvíamos por las calles iluminadas y nos dirigíamos a la entrada de la sede de los vampiros, escuchamos como nos seguían, escuchábamos pasos y por el sonido eran dos personas. En estos casos el poder de leer la mente y comunicarse de Juvia era muy útil.

-“¿Quienes son?”- la dije a Juvia hablándola por pensamientos
-“No lo se, no puedo leer su mente.”- me dijo extrañada
-“¿Que? ¿Cómo es posible?”
-“No lo sé.- dijo Juvia preocupada.

Nos paramos en seco y nos giramos. Pero allí no había nadie, pero le habíamos oído no eran imaginaciones nuestras, realmente estaban allí. Entonces los oímos detrás de nosotras y volvimos a girarnos. Esta vez si estaban aunque no pudimos verles, solo había sombras, dos sombras en concreto.

-¿Estáis jugando con nosotras? No os lo recomiendo.

Una ráfaga de viento pasó permitiéndonos oler el aroma de las dos sombras que estaban frente a nosotras. Era un olor distinto al que estábamos acostumbradas, pero no nos resultaba desconocido.  Tenia el olor propio de la sangre, pero estaba mezclado con otro uno distinto, característico de la persona, ningún humano normal olía como ellos, por lo que no eran humanos normales. El olor que desprendían hacia que nuestro instinto asesino se mostrase sin haber mordido a alguien, sin haber probado la sangre. Nuestros ojos volvieron a estar rojos, ese olor nos provocaba. Deseábamos comerles, beber su sangre, poco a poco disfrutándola.

-¡Caza-vampiros!…- me dirigí a Juvia.
-Era de esperarse, ese olor no es propio de humanos corrientes.
-Vaya sois muy listas- dijo uno de ellos con voz seria.
-Eso nos lo tomamos como un cumplido.-dijo Juvia.
-No era un cumplido ¿verdad Yû?-. Dijo el otro con voz jovial.
-“¿Yû?”- pensé.
-¡Baka Usagi! te dije que no me llamaras así.- dijo el de la voz seria dirigiéndose a su compañero.
-“¿Usagi?”- pensó Juvia. Las dos nos miramos y nos echamos a reír.
-Parece que no os lleváis muy bien. ¿Por que estáis juntos?
-Eso no es asunto vuestro. Esto es solo trabajo.- dijo el de la voz seria
-Jo, Yû ¿solo trabajo? Yo pensaba que nos podíamos divertir.-dijo el de la voz jovial.
-Estáis seguros que podréis con nosotras, no sois los primeros caza-vampiros con los que nos encontramos.- dijo Juvia.
-Es cierto, el ultimo no sabemos como se llamaba pero podía controlar el viento. Era bastante molesto.-les dije burlándome de ellos.
-Lo sabemos…pero no podréis con nosotros- dijo mientras desenvainaba una espada, una katana mas concretamente.
-Así que tú usas una katana. Vaya la pelea será interesante- le dije mostrando una sonrisa traviesa.

Nosotras estábamos en la calle iluminadas por las farolas, pero ellos estaban todavía en una zona oscura.

-Si queréis matarnos, ¿Por qué no venís a la luz? Es lo mínimo que podéis hacer.
-Como quieras.- dijo el de la voz seria.
-¡Ozuchi Kozuchi! - dijo el de la voz más jovial que comenzó a elevarse.- ¡Hi Ban!- golpeó con una especie de martillo en el suelo.

Del martillo salió un remolino de fuego, por suerte lo habíamos esquivado sin dificultad, y nos pusimos encima de un edificio que había cerca.

-Eso ha estado muy bien-. Le dije a Juvia.- uno usa una katana y otro un martillo. Realmente será divertido, jeje
-¡Kaichou Ichigen!- dijo el otro caza-vampiros. (primera ilusión)

Como dirigidos por control remoto, venían hacia nosotras un pequeño enjambre de criaturas sobrenaturales plateadas, dispuestas a matarnos, pero también las esquivamos. Y volvimos al suelo.

-He de reconocerlo, realmente tenéis agallas.- no dijeron nada.

Juvia volvió a hablarme telepáticamente, mientras veía como aquel caza-vampiros volvía al lado de su compañero. Yo no aparté la mirada del caza-vampiros que había desenvainado la espada.

-“Raisa, el del martillo es mío- dijo mientras se preparaba para lanzar su ataque en cualquier momento.-Huele delicioso y seguro que sabrá delicioso también- me dijo mientras que el caza-vampiros volvía a elevarse. Y ella se relamía solo con olerlo”
-“Todo tuyo, ten cuidado y déjale seco.- la dije sin dejar de mirar al otro caza-vampiros.”
-Por supuesto… ¡Ñam, Ñam! Rico, rico- entonces saltó hasta colocase a la altura del caza-vampiros, y comenzaron a luchar. Seguramente Juvia utilizaría su hielo.
-Yo mientras me quedaré con este…- dije mientras miraba al cazador que estaba en la calle, esperándome a que bajara.

Ninguno de los dos nos movimos del sitio.

-Sabes, esta no es la primera ni será la ultima vez que matemos a un caza-vampiros ¿de verdad quieres arriesgarte?
-Je…-se rió- Sabes, esta no es la primera ni la segunda vez que mate a un vampiro, ¿de verdad crees que conseguirás  matarme?
-De eso puedes estar seguro.- dije, desafiándole y mostrando una sonrisa

Mis brazos que estaban en lazados a la altura del pecho se separaron.
Estiré el brazo derecho hacia el suelo, y con solo pensarlo en mi mano apareció una katana. Podía materializar cualquier cosa con solo pensarlo.

-¡Así que era verdad lo que se decía de vosotras! Sois especiales.
-¡Especiales! si, ya. Sabes, no es la primera vez que lo oigo, pero viniendo de un caza-vampiros me lo tomaré bien. Por que no te muestras, me gustaría saber a quien voy a matar.

El caza-vampiros se adelantó unos pasos hasta dejar que la luz le diera por completo. La luz de las farolas bañó su rostro mientras se fue acercando. Tenía el pelo largo, azul oscuro, recogido en una coleta, y por delante le caía el flequillo por encima de los ojos. Los ojos puntiagudos y el rostro enfadado, tenía cara de pocos amigos. Llevaba el traje típico de los caza-vampiros, al menos los colores y el símbolo. Llevaba un abrigo largo con detalles en banco y plateado y negro y con el símbolo de los caza-vampiros en el lado izquierdo, la cruz plateada. En la mano derecha sujetaba con fuerza la katana, un arma sofisticada, no solían verse ese tipo de katanas por las tiendas.

-Ves, así esta mucho mejor. Y ahora luchemos- dije mientras le miraba de arriba abajo, fijándome bien en la katana por la cual había lanzado su anterior ataque.

Me abalancé a él, corriendo, con intención de matarle por la espalda, con la katana bien empuñada, pero debió oírme por que me paró el ataque en el último momento. Él también corrió, era rápido, pero su olor le delataba, podía saber su posición exacta con solo olerle. Mientras se protegía de uno de mis ataques. Los dos frente a frente.

-Sabes, hueles delicioso, y seguro que también sabrás delicioso. ¿Me dejas hincarte el diente?- me burlé de él.
-No. Creo que no. – me separé de él.
-Oh! vamos Yû no seas así solo un mordisquito, te prometo que no sentirás nada.- dije con una sonrisa, mientras me protegía de su katana.
-Creo que no.
La pelea prosiguió. Aquel cazador que estaba delante de mi, mostraba una miraba a filada con los ojos de un azul oscuro como el color del pelo. 
Su katana comenzó a brillar, la luz verde que salía de ella ya la había visto en otro momento, cuando Juvia y yo nos enfrentamos al cazador que controlaba el viento.
Tras los meses que habíamos pasado como vampiras, sabíamos perfectamente lo que esa luz verde significaba.
De la katana volvieron ha aparecer el enjambre de seres que nos habían atacado antes, y los cuales habíamos esquivado sin dificultad.
Salté hacia atrás deslizándome por el suelo. Una vez que paré me puse erguida y miré como la luz verde que salía de la katana de ese cazador iba desapareciendo.

-¿Que pasa? ¿Acaso te has asustado?- me dijo con tono burlón.
-Claro que no,- dije  entre dientes más cabreada que antes por el tono en el que lo había dicho.-

La luz de la espada había desaparecido por completo.

-Ese es el recipiente de tu esencia.- dije observando en todo momento la katana.
-Así es- me dijo.
-E imagino que el recipiente de la esencia del Usagi será ese martillo.
-Eres más lista de lo que esperaba.- Me dijo en tono burlón.
-Entonces todo lo que tenemos que hacer es destruir esos recipientes para acabar con vosotros.
-Así es.- me contestó.
-“¿Lo has oído Juvia?”
-“Si, destruir el recipiente, eso está hecho.”

Después de esa mini pausa volví a saltar hacia el cazador cambiando en mi camino la katana que tenia en la mano por dos abanicos de adamantium, el metal más fuerte del mundo, irrompible incluso para el diamante.
El caza-vampiros estaba preparado para defenderse de mi ataque. Moví rápidamente los abanicos con la intención de ir cortando poco a poco al cazador.  Pero para mi sorpresa, él era bastante rápido y ágil, consiguió parar muchos de mis ataques, pero muchos otros le dieron en el cuerpo cortándole en varios lugares del cuerpo. La sangre le caía por los brazos y las manos. Él hizo lo mismo conmigo y consiguió cortarme en varias partes de mi cuerpo, pero como era de esperarse las heridas se cerraban dejando la piel como estaba. 

3/ Los poderes


Han pasado dos meses desde que la Reina nos prohibió salir a cazar, tanto por la noche como por la mañana. La Reina ni siquiera nos permitía beber sangre en el bar. Lo teníamos todo prohibido. Para no morir de hambre la Reina nos dio unas pastillas, las llamaban pastillas de sangre. Cuando las disuelves, el agua se vuelve roja, como si fuera sangre, sabe a sangre pero no es sangre, huele a sangre pero no es sangre. Cuando te alimentas solo por pastillas te mantienes fuerte pero por poco tiempo y no lo aguantas, cuantas mas tomas, sientes que necesitas mas sangre. Estar dos meses sin beber sangre era lo peor que nos podía pasar.
Juvia y yo llevábamos separadas desde hacia varios días, por lo menos 20, cada una nos habíamos encerrado en su habitación para impedir que nos mordiéramos la una a la otra. En este estado cualquier olor nos enloquece, y más el olor de una persona de la cual ya hemos olido su sangre.

Un día estando en mi cama revolviéndome por el olor de la sangre que llegaba desde el bar, abrieron la puerta.

-¡Levántate!- dijeron desde la puerta

Me giré y veía con dificultad, llevaba mucho tiempo encerrada en aquella oscura habitación sin luz. No puede distinguir a nadie en la puerta, pero aun así me levanté. No tenía equilibrio, y casi me caí pero aquella persona que estaba en la puerta me sujetó.

-¿Quien eres?-le dije.
-No hay tiempo para presentaciones.

Aunque no veía nada, sentí como me ponía algo en los ojos, a modo de antifaz, después me tapó la nariz y la boca con un pañuelo, pero olía muy fuerte, tanto que el olor de la sangre parecía desaparecer. Noté como me empujaba, pero no sabía donde me llevaba. Hasta que se paró y me tiró al suelo.

-Quitarlas los antifaces.

Aquella habitación era oscura, iluminada por velas, las cuales no hacían daño a los ojos. Cuando pude ver con claridad miré a mi alrededor y a mí lado estaba Juvia, al igual que yo con un pañuelo tapándole la nariz y la boca. Tenía los ojos muy rojos, jamás se los había visto así a ningún vampiro. Cuando miré al frente vi a la Reina, sentada como siempre en su trono.

-Han pasado dos meses desde que os prohibimos salir a cazar, dos meses en los que no habéis probado la sangre, solo os habéis alimentado de pastillas.- reconocí la voz era la voz de Jasdero.
-La Reina os dará una segunda oportunidad,  podréis volver a salir con la luz de día, pero no podréis volver a acercaros a Verbastin. Esa la única condición para volver a dejaros salir.- la Reina no dijo nada, los únicos que hablaban era sus consejeros.
-¿Aceptáis las condiciones?

Sin pensarlo dos veces las dos dijimos que si. Hacia bastante tiempo que no comíamos, y el hambre podía con nosotras.
Nos soltaron y Sebastian, el mayordomo de la Reina, trajo con él dos vasos de sangre. En cuanto nos soltaron y nos quitaron el pañuelo, nos dieron el vaso, y como tiburones, nos tiramos a ellos en cuanto olimos la sangre. Después de estar tanto tiempo sin probarla, la sangre del bar, que normalmente no sabe igual que las de los humanos y no nos gustaba tanto, estaba deliciosa.
La Reina se levantó de su asiento y se dirigió a nosotras que aun seguíamos en el suelo. Se agachó.  Nos cogió las manos y nos volvió a poner las pulseras que nos quitaron hace dos meses para impedir que saliéramos.

-Ahora salir, tenéis que estar fuertes para la guerra.- nos acarició el pelo, como si de una madre se tratara y después se volvió a su trono.

Los consejeros nos soltaron por completo y nos dejaron salir de aquella sala. Cuando salimos, muchos de los vampiros que estaban allí se nos quedaron mirando, pero no les prestamos atención nos fuimos a nuestras habitaciones.
Durante los siguientes siete meses y llenas de odio hacia la Reina y sus consejeros, salíamos a cazar todos y cada uno de los días. Matábamos a todos aquellos que habían salido el día anterior en los periódicos. Matábamos a los ladrones, asesinos, cualquier persona sospechosa para el resto del mundo. Una vez muertos no nos preocupamos mas por él, íbamos en busca de la siguiente presa.
Por encima del odio que le teníamos a la Reina y los consejeros, por encima de todo ese odio estaban los caza-vampiros. Nuestra verdadera meta, si se iba a librar una batalla, era matar a todos los caza-vampiros del planeta. Cuanto más matábamos mas llamaríamos la atención de esos humanos inútiles que nos abandonaron cuando mas los necesitábamos.
Después de lo que habíamos pasado, ya no le teníamos miedo a nada, y nada podía hacernos retroceder. Nos habíamos convertido en lo que quería la Reina, asesinas, preparadas para la guerra que se libraría en poco tiempo.


Juvia y yo estábamos viendo el atardecer desde lo alto del monte Dybex, en la ciudad de Arakawa.

-Raisa, ¿Por qué crees que tenemos estos poderes?- me dijo Juvia sin dejar de mirar el horizonte.
-No lo se, puede que seamos especiales.
-Eso mismo es lo que dijo la Reina. - me recordó
-Puede que los tengamos por que seamos nosotras las que debamos acabar con esta guerra.
-La guerra…- se rió, solo por un segundo.- esas entupida guerra, desearía que esto fuera un sueño, y que nos hubiéramos quedado dormidas en el cine.
-Si, a mí también me gustaría.-dije riéndome.- seguro que las personas que estuvieran en la sala se estarían riendo de nosotras.
-Si.- las dos nos reímos.
-Al menos con los poderes podemos protegernos.
-Al menos con los poderes físicos, con los mentales es diferente…
-Pero podemos protegernos, y tu poder mental es bastante útil cuando estamos en peleas, podemos hablar nosotras dos sin que nadie nos escuche.- la dije.
-Si, es verdad. Sabes, es raro pero cuando era pequeña pedí un deseo a una estrella, que si me portaba bien me concediera el don de poder escuchar los pensamientos de la gente, y de poder comunicarme con los demás telepáticamente. Y ahora lo tengo, perece un milagro.
-Parece que tenemos mas cosas en común de lo que parece.-nos miramos.-cuando yo era pequeña me dio por ver muchas veces las embrujadas, y pensé que si yo tuviera un poder me gustaría controlar a las personas, controlar sus mentes,  es un poder un poco raro pero me gustaba cuando lo vi.  Y es bastante útil.
-Parece que los deseos se nos han hecho realidad.- me dijo.

Cuando nos poníamos a hablar no había quien nos parara. Ya se había hecho de noche. Muy de noche.

-Creo que es muy tarde, seguro que él ya ha salido.
-Si, vamos antes de que se nos haga tarde.

Bajamos del edificio y nos dirigimos en busca de nuestra presa. Lo habíamos estado vigilando durante días, era una persona importante, o al menos se lo creía, todos los de la ciudad le odiaban, o la gran mayoría al menos. Le vigilábamos, y cuanto más le vigilábamos las ganas teníamos de hincarle el diente. Era un hombre despreciable, había abusado de muchas chicas, pero nunca lo habían encarcelado, ya era hora de que alguien le ponga en su sitio. Le encontramos paseando por la calle, y se metió en un club. Nosotras nos colamos en ese club para no dejar que se nos escapara. Estuvo hablando con varias personas durante toda la noche. Salió del club casi al amanecer, sobre las cinco de la mañana. Le seguimos por las solitarias calles iluminadas por las farolas. Nosotras le seguimos no muy lejos de él. Segura mente sabría que le estábamos siguiendo. Se giró rápidamente mirando hacia atrás, pero antes de que lo hiciera, y gracias al poder de leer la mente de Juvia, nos escondimos. Comenzamos a correr, de un lado para otro haciendo ruido. Golpeábamos las farolas, las rompíamos, igual que si fuéramos fantasmas, aunque a los ojos de los humanos parecíamos, los vampiros corríamos muy rápido.

-¿Quien esta ahí?
-Jeje... jeje… -nos reíamos para asustarle. Sacó una navaja.
-¿Quién está ahí, hablad?
-Con eso no vas a hacer nada, nosotras no podemos morir.
-¿Quiénes sois, dejadme en paz?

Aproveché ya que estaba confuso y me puse detrás de él.
-Sangre…- le susurre. Se giró rápidamente e intentó apuñalarme pero lo esquivé.

Cuando me fui Juvia hizo lo mismo, se puso detrás de él.

-Muerte…- le susurró. También intentó atacarla, pero ella se marchó.

Comenzó a correr por la  calle vacía sin saber a donde ir. Mientras le perseguíamos, no paramos de hacer ruido y de gritarle el nombre de todas aquellas chicas de las que había abusado, de las cuales algunas de ellas están en el hospital. Estaba muy asustado y la calle que siguió era una calle sin salida. Estaba desorientado no sabia donde estaba. Al ver que no había nadie detrás de él volvió sobre sus pasos, consiguió dar unos diez pasos, pero después le cortamos el paso, nos pusimos delante de él.

-¿Quiénes sois? ¿Qué queréis de mí?
-No estas en la mejor situación para preguntar nada.
-¿Pero quienes sois?
-Somos de esas personas con las que nunca querrías encontrarte.
-¿Que, que quieres decir?
-Esto.-le enseñamos los dientes

Nos abalanzamos y le mordimos. Nuestros ojos, como el color de la sangre, se volvieron rojos. Nuestro instinto asesino, asesinas era lo que éramos en ese momento, afloró. Lo dejamos seco.

-No estaba mal un poco acida, pero nada mal.- dije mientras me relamía.
-¿Sabes que la policía está buscando a la persona que está matando a los criminales?-. Dijo Juvia limpiándose la sangre de la boca.
-Si, lo se, al menos, hemos podido hacer justicia con esas chicas, aunque ellos no puedan hacerlo con nosotras.
-Nunca entenderé como la gente hace lo que hace y sigue como si nada hubiera pasado.
-Está apunto de salir el sol, podríamos ir a descansar antes de volver.- dije con cansancio
-Si, creo que tienes razón. Es tarde. Volvamos. 

2/ Idea Equivocada

Las dos acabamos durmiendo en mi habitación, cuando despertamos ella se fue a su habitación. Yo me vestí y me quedé un rato en babia pensando en todo lo que habíamos hablado esta noche, y se me ocurrió una idea. Fui a busca a Juvia a su habitación. Llamé a la puerta y cuando supo que era yo me dejó pasar, ya estaba vestida. Un a camiseta negra de tirantes muy escotada, debajo llevaba otra blanca. Y una falda blanca y negra con algo de vuelo que la llegaba por las rodillas.

-¿Raisa, que ocurre?
-Tengo una idea. ¿Que te parecería ir a ver a nuestra familia, y a los chicos?- se quedó en silencio.
-Estás loca, no podemos ir y lo sabes, nos lo prohibieron cuando llegamos aquí.
-Lo se, pero no se enteraran, solo una visita, sin que nos vean, claro. Venga por favor. Con esto- me señalé la pulsera.- podemos ir a verles, solo hay que encontrar la puerta que nos lleve a casa. Además la Reina nos dijo que a partir de ahora podíamos salir por la mañana
-No podemos dejar que nos vean…-. Puso la mano en la barbilla.
-Entonces que, ¿nos vamos?- esperé su respuesta
-Si venga vamos.-. Le emocionó la idea.- Espera, tenemos que actuar con normalidad.

Salimos de su habitación y estuvimos buscando la puerta que nos llevara a casa. La encontramos, sobre ella había un cartel que decía Verbastin. Abrimos la puerta y  entramos, o más bien salimos. Era de día, sin nubes, solo había sol, era una día perfecto. Estábamos en un descampado y a lo lejos podía verse la ciudad, con el puente, que era el símbolo de esa cuidad. Así que nos dirigimos hacia ella, corrimos mas rápido que cualquier otro día, las dos estábamos eufóricas e ilusionadas por volver a ver a nuestras familias y amigos. En pocos minutos llegamos y nos separamos para que cada una fuera a ver a su familia, después nos reuniríamos e iríamos a ver a nuestros amigos.
Después de ver a nuestras familias de saber que estaban bien, y que nos echaban de menos, nos reunimos, donde solíamos reunirnos antes de que nos convirtieran, en Baskerville. Era un parque que había en nuestro barrio donde solíamos quedar con todos nuestros amigos los viernes, y hoy era viernes. Por desgracia no podíamos acercarnos a ellos y decir “hola ¿que tal?” teníamos que ser meras observadoras. Estábamos en el techo de un bar que había allí, justo enfrente del banco donde solíamos reunirnos. Uno por uno llegaban y se sentaban en el banco a esperar a los demás. Les seguimos durante toda la tarde, atentas a lo que hacían y tristes por no poder estar con ellos. Cuando se  hizo de noche y todos volvieron a sus casas, Juvia y yo volvimos al descampado dispuestas a volver a lo que ahora era nuestro hogar.

Nos acercábamos poco a poco a la puerta, todo estaba oscuro, no veíamos nada. Sentimos como nos agarraban por detrás. Forcejeábamos pero no  podíamos soltarnos, eran demasiado fuertes. Solo había ciertas personas que tuvieran aquella fuerza superior a unas vampiras normales, los consejeros de la Reina. Nos llevaron dentro del edificio, paseándonos por todos los pasillos hasta llegar a la sala del trono donde nos esperaba la Reina.
Nos condujeron ante la Reina y nos obligaron ha arrodillarnos ante ella.

-Aquí están Alteza, estas son las chicas-. Dijo uno de los consejeros que nos tenían agarradas.
-¡Que no escapen!
-Si, señora
-Soltarnos…- eran demasiado fuertes.
-Estaos quietas…
-¿Pero que ocurre? ¿Por qué estamos aquí?-dije.
-Estáis acusadas de violar las normas. No podéis salir y volver a vuestra ciudad, no podéis ser vistas por los humanos. Esas normas se os explicaron cuando llegasteis aquí- dijo Tiky, otro de los consejeros, y el mas fuerte
-Pero que dice…- dijo Juvia aun forcejeando con los consejeros.
-Vosotras…- Dijo la reina- tenemos unas normas, normas que deben cumplirse. Allí fuera, escuchadme,- la Reina insistía.- allí fuera están los caza-vampiros, si os cogen os matarán sin pensarlo dos veces, para ellos no sois nada solo sois seres endemoniados. Seres que no merecen vivir. Pero aquí tenéis una familia, gente que se preocupa por vosotras.

Los consejeros nos soltaron, pero nos quedamos allí.

-Siento tener que hacer esto pero, a partir de ahora no saldréis, ni por la mañana ni por la noche. – terminó diciendo. 

1/ Los Vampiros, Juvia y Raisa


Desde hace siglos existe una raza humana, por llamarlo de alguna manera, superior a las demás, se los conoce por el nombre de Vampiros.
Según los humanos, normales, los vampiros son seres que viven en la oscuridad, seres aterradores que para mantenerse vivos necesitan chupar la sangre de los humanos, los no vampiros. Los vampiros usan sus colmillos afilados para succionar la sangre y así poder alimentarse. ¿Pero los vampiros son así realmente? ¿De verdad son tan aterradores? Las ideas que tienen los humanos de cómo son los vampiros es por culpa de las novelas que se publican sobre ellos. Pero en cada novela los vampiros son distintos. Pero a pesar de todas las diferencias que pueda haber, a los vampiros siempre se les reconocerá como los chupa-sangres.
Existen leyendas escritas en las que se cuentan las historias de vampiros, vampiros que vivieron en algún castillo que según la leyenda está maldito. Otras cuentan que un vampiro devoró a todos los habitantes de la ciudad más cercana al castillo en el que vivía. Pero solo son leyendas, novelas que se escriben para asustar a la gente, o simplemente para entretener.
Había una novela que habla de una familia de vampiros que vivían en el bosque de una pequeña ciudad. Estos vampiros no podían mostrarse en el sol ya que su piel comenzaba a brillar. Otra curiosidad es que se alimentaban de animales para vivir. Y además uno de ellos se enamoraba de una humana. No os dejéis engañar por todas las cosas que leáis en esta novela ninguna es verdad, bueno la de que se alimentan de sangre, es cierta a medias. Los vampiros no pueden vivir a base de sangre animal, para poder vivir los vampiros necesitan la sangre humana, por que si únicamente te alimentas de sangre de animal tienes que estar continuamente alimentándote de ella no podrías sobrevivir dos horas si te alimentaras de un animal, además es muy indigesta, la sangre humana proporciona mayor energía. Si te alimentas de un humano puedes estar hasta dos días enteros sin probar su sangre estas débil, pero sigues vivo.
¿Con la luz del sol brillan? Que tontería, si un vampiro recibe la luz del sol demasiado tiempo, se convierte en cenizas. Otra cosa que ocurre en la historia es que los vampiros y los hombres lobo ¡son enemigos!, mentira otra vez, tanto los hombres lobo como los vampiros viven pacíficamente, por que como dicen los humanos, son seres de la oscuridad. Es verdad que no se llevan a las mil maravillas, pero tampoco se llevan a matar, solo tienen los roces que tienen todas las especies. Los verdaderos enemigos de los vampiros son los caza-vampiros, humanos entrenados para matar vampiros, podría decirse que son los únicos humanos que saben de la existencia de los vampiros. Y esa historia de amor entre un humano y un vampiro, eso jamás ocurriría, por que los vampiros tienen mucho odio a los humanos, solo les gusta comérselos, además los humanos normales ignoran la existencia de estos seres, además de que cualquier humano puede ser un caza-vampiros y preferimos no arriesgarnos, más que nada por que lo que queremos es proteger nuestra existencia.


Mi mejor amiga, Juvia, una chica delgadita con el pelo azul, estaba en un bar bebiendo un vaso de sangre mientras miraba a la mesa con la mirada perdida como era costumbre en ella desde hacía días.

-Juvia ¿estas bien? Hace días que no dices nada, me tienes preocupada- me senté en frente suya.
-¡Oh!, hola Raisa, no, no me pasa nada, solo estaba pensando.- me miró pero enseguida bajo la mirada, de nuevo hacía la mesa.
-Eso no suele ser una buena señal. Dime ¿en que piensas?
-Es solo que… matar a personas, no creo que pueda acostumbrarme nunca a este tipo de vida. Matamos a gente, bebemos su sangre y así nos mantenemos con vida. Vivimos a costa de la vida de otras personas.
-Si, ya lo se- miré mi vaso.- pero por algo decidimos hacer lo que hacemos, aunque todos nos miren raro, no creo que ninguno de los que están aquí sepan como somos. Ellos no tienen ni idea de por que hacemos lo que hacemos.
-Sí, tienes razón, no somos como os demás, algo me alivia, pero aún así  me resulta difícil.
-Si, a mi también.
Entonces alguien entró por la puerta, y todos los que estábamos allí nos giramos. Era un chico de unos 20 años, con el pelo rubio más o menos largo, y el flequillo le caía por el rostro. Entró y con la mirada comenzó a buscar a alguien. Y se dirigió con paso firme hasta la mesa en la que estábamos sentadas Juvia y yo.

-¿Vosotras sois Juvia y Raisa?-dijo con seriedad.
-Así es.
-Genial, venid conmigo, la Reina os espera.
-¿La reina?
-Así es y no la gusta que la hagan esperar, así que daros prisa.

Nos levantamos y les seguimos, llegamos a la sala del trono, una sala muy grande iluminada por velas que estaban colocadas en las columnas que sujetaban el techo. Y al final de la sala había cinco personas. Los que estaban a los lados eran los consejeros de la Reina, y la que estaba en el medio, era la propia Reina. Llegamos hasta estar en frente de la Reina.

-Mi reina, estas son las chicas que mandaste llamar.
-Gracias Sebastian, puedes retirarte- hizo una reverencia con la mano derecha en el pecho, y se marchó, perdiéndose en la oscura habitación.

Nosotras nos inclinamos también. Cuando nos levantamos pudimos ver por primera vez a la Reina, ciertamente esa mujer daba algo de miedo.  Tenia los ojos muy rojos, parecían fuego y no paraba de mirarnos con deseo, deseo seguramente de hincarnos el diente, literalmente. Los colmillos la sobresalían de sus labios rojos. A pesar de la poca luz que había pudimos verla por completo, tenia el pelo anaranjado y ondulado con la raya en medio que le caía por los hombros, hasta antes de llegar a su pecho. Su piel era pálida, consecuencia de no tomar el sol tenía los ojos perfilados en negro. A pesar de tener miles de años lucía una figura de veintipocos. En la frente llevaba una especie de corona, negra con un diamante, un rubí en el centro. Tenia un brazo a poyado en el trono. Mientras que con el otro, solo apoyaba el codo, y sostenía pegado a su cuerpo una copa, de sangre imagino. Estaba sentada en un trono, en una postura extraña, estaba de medio lado apoyando su peso en el brazo que estaba apoyado y tenían las piernas dobladas, y a sus lados sus consejeros, los cuales tenían una sonrisa, que también daba miedo.

-Así que sois vosotras las vampiras que matan únicamente a prisioneros, las asesinas de la cárcel, como os conocen los humanos.
-Si señora, somos nosotras
-Y ¿a que se debe esa extraña acción?
-Alteza si me permite- apoyó su mano debajo de su barbilla- nosotras no somos capaces de matar a civiles. No somos capaces de matar a gente que tiene una familia.- dije con miedo de lo que nos podía decir después. No la miré a los ojos, permanecí con la cabeza agachada.
-Así que sois buenas vampiros, después de todo.-dijo la reina.
-No exactamente, aún matamos a gente y…-no terminé, Juvia me cortó.
-Alteza- Se puso por delante de mí-La única razón por la que no matamos a esas personas, es que hemos visto muchas familias destruidas cuando muere uno de sus seres queridos. No queremos que vuelva a pasar.- las dos miramos al suelo.
-Es eso… ¿lo que les pasó a vuestras familias?
-Si, señora.- la dije en tono triste – cuando fuimos convertidas en vampiros, a los pocos días, decidimos que era mejor desaparecer. Cogimos nuestras cosas y nos fuimos.
-Ya entiendo. Pero ¿seríais capaces de matar a alguien que no estuviera en la cárcel?
-¿A que se refiere?- las dos estábamos confusas, ya la habíamos dicho a que clase de personas matábamos, ¿por que insistía?
-Me refiero a gente de a pie, a gente que está en la calle.- las dos nos miramos. Después a la reina
-Podríamos si la persona es, mala, por decirlo de algún modo.
-Así que podríais matar a un violador o a un ladrón, que no estuviera en la cárcel.- volvimos a mirarnos, y después a la reina de nuevo que no paraba de mirarnos.

Cuando las miradas de Juvia y la mía se cruzaron, las dos pensamos lo mismo

-Si señora- dijimos más dos decididas.
-Excelente.- dijo la reina sonriendo tanto que se le veía por completo los colmillos.

Tanto yo como Juvia nos estábamos asustando al ver a la Reina sonreír de esa manera

-Señora, si no es mucha molestia, ¿podría decirnos por que nos ha llamado?
-Supongo que sabéis que el clan de los vampiros no es el único que existe.
-Si señora, lo sabemos.
-Pues bien, me reuní con los reyes de los clanes de los hombres lobos y el de los demonios de agua, son los clanes más fuertes. Debatimos sobre las zonas de caza, los hombres lobo se quedaran con la zona de los bosques. Y los demonio acuáticos, como es normal, se quedaran con las playas y los lagos. Nosotros tenemos las ciudades, por lo que podemos actuar tanto en la noche, como en el día.
-Pero… señora, los vampiros no podemos salir cuando hay sol, el sol nos mata.
-No os preocupéis, por eso, ya está todo controlado.
-Pero alteza, ¿a que se refiere?- las dos estábamos muy confundidas, como vamos a salir de día.

Entonces, giró su rostro hacia atrás,  hizo un suave gesto con el dedo. Y por detrás de ella apareció Sebastian con una caja.

-Con esto no tendréis problemas, podréis caminar por las calles a plena luz del día.- Abrió la caja, pero no pudimos ver lo que había dentro debido a la posición en la que estábamos. Venid aquí.- nos hizo un gesto con la mano, y nos acercamos.- con estas pulseras podréis pasear bajo la luz del sol.
-¿Está segura?
-Completamente, pero debéis prestar atención.- puso una mirada muy seria-. Si en algún momento el sello de la pulsera se rompe, quedareis desprotegidas del sol, por lo que tendréis que ocultaros.
-Si Alteza.- nos puso las pulseras, una a cada una.
-Muy bien ya estáis preparadas, ahora id a descansar, mañana necesitareis fuerzas.

Salimos de aquella sala, y cada una se fue a su habitación, me metí en la cama y dormí hasta el día siguiente. Imagino que sería la mañana del día siguiente por que en el lugar donde estaba no había ventanas, era de esperarse, si hubiera ventanas no podríamos vivir allí, el sol nos mataría.
Cuando me vestí, un vestido negro con algún detalle en rojo, salí de la habitación y me dirigí a la habitación de Juvia. Llamé a la puerta y me abrió.

-Hola Juvia, ¿quieres que vayamos a desayunar?
-Si, por favor, estoy hambrienta.

Salio de la habitación. Nos encaminábamos hacia el bar cuando escuchamos que nos llamaba alguien.

-Raisa, Juvia.- Miramos hacia atrás y Sebastian venia hacia nosotras con cara seria. Paró justo en frente de nosotras.- debéis venir conmigo, la Reina os busca.
-Pero ahora íbamos a desayunar.- las dos teníamos hambre.
-La Reina, os llama, debéis contestar inmediatamente, sin excusas.- nos dio la espalda, y comenzó a caminar.

Le seguimos, ese tío daba miedo, tenía una voz muy profunda, y asustaba.

-No es bastante excusa que tengamos hambre.- me dijo Juvia en voz baja. Las dos nos encogimos de hombros al mirarnos.

Volvimos a la misma sala del trono donde habíamos estado hacia poco tiempo, creo, realmente no sabía cuanto tiempo había pasado desde que nos fuimos a dormir. Pero en la sala algo había cambiado. Seguía siendo oscura, pero en el medio de esta había una mesa con sillas alrededor. En la sala nos dimos cuenta de que no estaban ni los consejeros ni la propia reina.

-Siéntense por favor, la reina vendrá en seguida.- dijo Sebastian, con un ligero movimiento de muñeca,  invitando a que nos sentáramos en las sillas.

Nos sentamos en las sillas más cercanas a nosotras. Después Sebastian desapareció. Entre la oscuridad aparecieron los consejeros y la reina. Todos ellos se sentaron en las sillas que quedaban libres, la reina estaba enfrente de nosotras, al otro extremo de la mesa.

-Bien chicas, os he hecho venir aquí para que conozcáis el método que seguimos nosotros para cazar, y para conocer el vuestro también por supuesto.- dijo la reina sentándose.- el consejo está ansioso por saber cual es vuestra manera de matar, una manera muy peculiar.- ambas nos miramos. Y después volvimos la mirada a la reina.
-Alteza-me levanté del asiento-en realidad nosotras no tenemos un método concreto de caza, simplemente observamos a… - las palabras me desaparecieron, pero pude seguir.- observamos a nuestra presa durante un período de tiempo, el tiempo suficiente para poder trazar una estrategia y que los guardias de la prisión u otros prisioneros no nos vean. Solemos atacar cuando… -otra vez- cuando la presa está a solas. Eso es todo Alteza.- volví a sentarme.

La Reina no paraba de mirarnos.

-Excelente, bien pues apartar de ahora os dedicareis a cazar a aquellas personas que… hieren a las familias, según he entendido. Pero esta vez no matareis por propia voluntad y a quien elijáis. El consejo elije a esas personas y este será vuestro primer trabajo.-pulsó un botón.

Ante nosotras y en el centro de la mesa apareció un holograma de un hombre, mas bien el holograma que veíamos era de la cabeza del hombre.

-Este hombre es Akainu Nochi, nuestros vampiros llevan varios días vigilándole, según él es un hombre de negocios. Pero los negocios que con los que trabaja es el de vender mujeres a cambio de dinero, se las vende a hombres ricos. Después de eso no se vuelve a saber nada más de las chicas, según nuestras fuentes, son criadas de los hombres que las compran, hacen todo lo que las dicen para poder llevarse algo a la boca. Es un personaje bastante peculiar, y por lo que parece está en vuestro terreno. Está bien protegido por lo que es difícil acercarse a él.
-Pero señora, cualquier vampiro podría ocuparse de él.- dijo Juvia confusa.- es decir, los vampiros son rápidos y pueden ocuparse de él.
-Realmente la razón de traeros aquí y elegir a este hombre es para saber si sois capaces de cumplir con lo que se os manda. Además por lo que puedo ver en vosotras es que debéis tener hambre.- comenzó a caminar hacia nosotras. Tenia razón, estábamos bastante hambrientas, la sangre del bar no es igual a la sangre humana.- ¿no queréis probar la sangre de un humano que hace daño a esas chicas? Seguro que para vosotras resultará muy sabroso que una persona como él desaparezca.-se puso detrás de nosotras. Nos estaba tentando, y con el hambre que teníamos.- esa persona resultará sabrosa, y a la vez podéis si queréis ir a por los compradores, de cualquier modo si no queréis siempre podéis seguir bebiendo la sangre de ese bar… pude que no sea igual que la sangre de un humano.- Juvia y yo nos miramos, la Reina seguía detrás de nosotras, tentándonos, más y más… de repente llegó hasta nosotras olor a sangre. Olía deliciosa. Miré a Juvia sus ojos se habían vuelto rojos.

En la mesa comenzaron a aparecer distintos hombres.

-Estos hombres que veis en el holograma son aquellos compradores que maltratan a las chicas, y se divierten haciéndolo. Se necesita que alguien los pare.- el olor de la sangre era cada vez mas intenso. Juvia y yo nos miramos, estábamos hambrientas y esos hombres eran las presas que Juvia y yo necesitábamos.
-Alteza, promete usted que podemos con todos.- dije de parte de las dos.
-Son todo vuestros, pero el que realmente tiene que morir es él.- señaló al holograma que había aparecido al principio.-Akainu Nochi debe desaparecer del mapa. ¿Lo habéis entendido?
-Si, señora.
-Excelente-. El holograma desapareció al igual que el olor a sangre.- prestad atención ya que esta es la primera vez que salís, debéis mantener el símbolo a salvo, y debéis tener cuidado de que no os vean, las calles por la mañana, no son iguales que de noche. Ahora iros. Devitt os enseñará el camino.

Seguimos a Devitt, era uno de los consejeros de la Reina. Todos los consejeros de la reina tenían la piel muy pálida, más que cualquier otro vampiro, a partir de eso cada uno tenía rasgos distintos, Devitt tenía el pelo negro y corto. Tenia marcas en los ojos. Él nos condujo por todo el edificio, hasta que subimos unas escaleras. Esas escaleras daban al nivel superior, donde estaban los humanos, había escaleras como esas repartidas por todas las instalaciones que comunicaban con las distintas partes del planeta. Encima de cada puerta había un cartel en el que decía el país al que se salía.

-Esta es la salida que debéis tomar. Según nuestros informes.- nos dio una carpeta con unos cuantos papeles dentro de ella.- Akainu suele ir siempre al mismo café, siempre a la misma hora, a partir de allí podéis seguirle. Y hacer lo que creáis conveniente. – Abrió la puerta pero en el exterior aún era de noche, ni siquiera se veía el comienzo del amanecer.- aún está oscuro, podéis tener aproximadamente unas dos horas antes de que salga el sol. – salimos al exterior y tras salir volvieron a cerrar la puerta.

Ningún humano había encontrado nunca nuestro escondite. La entrada al mundo, por así decirlo, de los vampiros era un almacén abandonado, que solo podía ser abierto por vampiros ya que se requería una fuerza sobre humana. Ningún humano podría abrirla, ni siquiera cinco humanos podrían con ella. De esa manera estábamos protegidos, no de los humanos, ya que si alguien entraba podía convertirse en la cena, nos protegíamos especialmente por los caza-vampiros, aunque ninguno de ellos había descubierto jamás nuestro escondite, era mejor estar prevenidos. 
Juvia y yo aprovechamos a ojear la carpeta que nos dio Devitt. En ella estaban todos los datos de ese hombre, los vampiros trabajaban bien. Miramos todo, su casa, su trabajo, sus compradores, todo lo que había en esa carpeta.
Por el horizonte se comenzaba a asomar la luz del sol.

-Después de tanto tiempo.- comencé
-Ocultas en la oscuridad.- siguió Juvia. Las dos nos levantamos.
-Por fin, vamos a ver la luz del sol.- nos miramos, nos cogimos de las manos que estaban en el centro, ambas llevábamos la pulsera que la Reina nos había dado.
-Tenemos que confiar. –Juvia me miró y le devolví la mirada.
-Confiar…

Nos quedamos levantadas mirando al horizonte mientras el sol comenzaba a salir. Poco a poco la luz del sol que bañaba el suelo se nos iba acercando. Teníamos que confiar que aquel símbolo nos protegiera. Poco a poco la luz nos daba por los pies, iba subiendo por las piernas. Las dos teníamos los ojos cerrados. Las dos abrimos los ojos y teníamos el sol de cara, pero aun estábamos vivas.

-Funciona, Juvia realmente funciona.- nos abrazamos. Y nos quedamos viendo el sol, quien podría imaginar que echaríamos tanto de menos el sol.
-El sol, es realmente precioso, jamás me había parecido tan hermoso.
-Sabes Juvia, tienes razón.

Cuando amaneció por completo nos pusimos en camino. Nos dirigimos al café, donde Akainu suele ir todas las mañanas.
A las 7 de la mañana la gente ya se había puesto en movimiento, abrían sus negocios o iban a ellos. Otras personas entraban en las cafeterías a desayunar. Entonces mientras caminábamos por las calles encontramos la cafetería que buscábamos, y por delante de nosotras vimos a nuestra presa. Miré a Juvia las dos sonreímos con deseo. Vimos que entraba a la cafetería así que le seguimos. Esperamos a que saliera. Cogió el coche y se dirigió al puerto. Durante todo el camino no le perdimos de vista, le vigilábamos desde los cielos. Saltábamos por los distintos edificios que había por el camino. Nos paramos encima de unos contenedores, desde allí podíamos ver todo lo que ocurría. Ese hombre había quedado en el puerto con unas cuantas personas, que por las ropas que llevaban eran ricos. Reconocimos a esas personas por los hologramas que la reina nos había enseñado hacia solo unas horas. Esas personas eran los compradores.

-¡Cabrones!- dije, dirigiéndome a ellos, pero Juvia me escuchó.
-Como pueden hacerles eso a unas chicas y quedarse tan tranquilos.- dijo Juvia en tono enfadado.
-Mira, se dirigen a los contenedores- les seguimos con la mirada.

Vimos que abrían el contendor, desde donde estábamos no podíamos ver nada. Así que nos movimos a un contenedor que quedaba enfrente, para poder ver lo que había dentro. Comenzaban ha abrir las puertas. La oscuridad de dentro del contenedor hacia imposible que pudiéramos ver algo. Akainu se metió dentro del contenedor y cuando salió no iba sólo, había cogido a una chica de los pelos y la sacaba fuera. La chica estaba atada de brazos y muñecas y amordazada. Cuando vimos aquella espantosa escena tanto Juvia como yo nos sorprendimos, nos miramos, por que era cierto lo que la Reina nos había dicho.

-¿Cómo puede ser?  Realmente dentro de ese contenedor hay chicas.
-Tenemos que salvarlas.

Según nuestros métodos de caza nunca mataríamos si hay mas gente mirando. Comenzaron a sacar a las chicas del contenedor. Era un contenedor marítimo, uno de los grandes, podía medir fácilmente 14 metros de largo, las chicas que salían estaban aterrorizadas., se podía ver en su mirada

-Pobrecitas, tenemos que sacarlas de ese infierno.
-Tienes razón. Fíjate, las están dividiendo.- dijo Juvia

Las chicas estaban siendo divididas en cuatro camiones distintos.
Cuando aquellos hombres se marcharon, después de pagar a Akainu, él se quedó en el puerto. Entró a una habitación pequeña y empezó a contar el dinero que le habían entregado.  Era hora de actuar.
Con fuerza saltamos desde el contenedor en el que nos encontrábamos hasta el techo de la habitación en la que se había metido. Sonó bastante como para darle un pequeño susto, miramos por la ventana. Pero no sirvió de nada, en ese mismo momento enfrente de nosotras se había caído uno de los contenedores, así que actuó como si nada.
Así que plan B. Juvia usó el poder que tenia. Posó con delicadeza su mano en el techo de la habitación y sólo con pensarlo comenzó a congelar el techo, después bajó a la puerta, y de ahí al resto de la habitación. Esta vez si que estaba asustado… por que no entendía nada de lo que estaba pasando.

-¿Que? ¿Qué está ocurriendo?- dijo atemorizado

Bajamos a su nivel y nos pusimos enfrente a él.

-¿Qui…quienes sois vosotras?
-Tu peor pesadilla…- dijimos las dos con la ira acumulada por lo que habíamos visto hacia unos instantes en el puerto.

No le dijimos nada más y nos abalanzamos sobre él.  Le mordimos en el cuello, cada una por un lado distinto.  Después de no haber comido nada durante todo el día, morder a un humano sentaba bien.
Le habíamos dejado seco, por así decirlo.

-Pues ya esta, ahora hay que salvar a esas chicas…
-Si venga, antes de que las ocurra algo.
-Espera, tengo una idea.

Cogimos a Akainu que estaba en el suelo sin sangre en su cuerpo y le llevamos a un lugar donde la policía pudiera encontrarle. Después de eso, nos fuimos a por los demás, dejando pistas a la policía para que encontraran a las chicas. Nos dividimos, dos para ella y dos para mí. Después de matarles nos quedamos en la última casa para asegurarnos  de que  la policía encontrara a las chicas, cuando la policía llegaba a una casa, nos dirigíamos a otra y esperamos.
Quedamos en unos acantilados que había en la ciudad. Cuando llegué Juvia ya había llegado y estaba mirando el mar. Perdida en sus pensamientos.

-Es precioso ¿verdad? El mar… hacia mucho que no lo veía, lo echaba de menos.
-Si, tienes razón, es precioso.- Me senté a su lado y nos quedamos mirando como las olas chocaban contra las rocas. Cuando empezó a anochecer  nos levantamos  y volvimos la puerta en la que entramos.

Al entrar a la puerta, Jasdero, otros de los consejeros de la reina nos estaba esperando. Tenia el pelo rubio y largo, se sujetaba el pelo con una cinta  era el hermano de Devitt.
Nos condujo de nuevo, como su hermano, por todo el edificio hasta que llegamos hasta la sala del trono. Tras las puertas estaban la Reina y el resto de los consejeros.

-Majestad, han vuelto. – le dijo Jasdero
-Excelente. Bien sentaros.-nos invitó la Reina.

Nos sentamos en las dos sillas que quedaban libres.
-Señora, la misión a sido un éxito.
-Si, eso he oído, ahora sois maquinas de matar, ya estáis preparadas
-¿Perdón?- preguntó Juvia, las dos estábamos sorprendidas por lo que nos había dicho.
-¿Maquinas de matar? ¿Qué quiere decir?

Todos vampiros del consejo estaban callados, no se movieron de su sitio y no paraban de mirarnos. Todos sus ojos eran rojos, sus pieles pálidas como la nieve y daban algo de miedo cuando nos miraban fijamente.

-Lo que la Reina quiere decir- comenzó a decir Jasdero- es que la misión que os encomendamos, no existía.
-¿Cómo? ¿Qué quiere decir con que no existía?- dijo Juvia.
-Nos está diciendo que… ¿nos ha mentido?
-La Reina os tiene en el punto de mira.- dijo Devitt
-¿Que quiere decir?-dije, sorprendida por lo que dijo
-Parece que no os habéis enterado, pero vosotras sois las únicas vampiras que tienen poderes, los tenéis por alguna razón que ni siquiera nosotros entendemos.
-Pero ¿Qué tiene que ver eso con nosotras?
-Los poderes que poseéis son especiales para nosotros.
- Con vuestros poderes podemos ganar la guerra…- dijo otro de los consejeros. La Reina no había hablado.
-¿Qué guerra?- dijo Juvia asustada
-Desde hace siglos existe una guerra entre los vampiros y los caza-vampiros. Hemos perdido muchos vampiros en esta guerra y ellos cazadores, pero con vosotras podremos conseguirlo, podemos acabar con la guerra, podemos ganar.
-Pero nosotras no…
-Según los rumores cuando vosotras vinisteis aquí y supisteis de la existencia de los caza-vampiros los odiasteis por no haber a parecido cuando os convertisteis.- nos dijo la Reina.

Las dos agachamos la cabeza. Y nos cogimos de las manos

-Vosotras debéis ser las que más queréis acabar con esta guerra, las que mas queréis matar a  esos caza-vampiros.
-Si, ellos, hubieran, aparecido, Nosotras no seriamos…- dije entrecortadamente, debido al odio que les tenía y que no podía ni pensar.
-¿vampiras?- dijo la reina, entre risas.- ahora, no hay vuelta atrás. Ahora que las dos habéis probado lo que se siente no querréis dejadlo, lo necesitáis. Necesitáis la libertad de la que os han privado durante todos vuestros años humanos. Ahora tenéis libertad para hacer lo que queréis…


Después de que la Reina y sus consejeros nos dijeran todo aquello de la guerra, los caza vampiros, sobre nosotras y los poderes que poseemos, después de todo aquello y sin poder rebatir nada de lo que nos decían, Juvia y yo nos marchamos, cada una a su habitación.
Abrí la puerta y para cerrarla apoyé la espalda en ella. Estando aún de pie fui poco a poco escurriéndome para poder sentarme en el suelo.  Doblé las rodillas y puse los brazos sobre ellas, y escondí la cara entre el hueco que quedaba entre mi cuerpo y los brazos. Cerré los ojos y lo primero que me vino a la mente fue aquella noche de invierno en la que nos convirtieron en vampiros. Aquella noche en la que Juvia y yo habíamos salido del cine y nos disponíamos a irnos a casa, mientras hablábamos de nuestras cosas. En pocos minutos pasamos de ser humanas a ser vampiros, maquinas de matar, como nos había llamado la Reina.
Levanté la cabeza y la apoye en la puerta, y miré a mi alrededor, a la habitaron, una habitación pequeña con lo necesario, una cama, un armario y un espejo, pero sin ventanas, la habitación estaba iluminada por una pequeña bombilla. Me levanté del suelo y me dirigí al espejo. Aparecí en el espejo, pero era diferente a las veces que me miraba en el espejo y cantaba al son de la música, como lo hacia en mi casa, en los cuales podía reconocerme, sabia quien era y lo que hacia. Pero en este momento, no sabia quien era, me sentía vacía. Lo único que veía era una chica con el pelo rosa largo y suelto hasta la mitad de la espalda, con la cara pálida por la poca luz del sol, o ninguna. Ojos morados… era lo único que veía pero no veía a la chica que fui una vez, enamoradiza y loca, que solía ser antes de ser vampiro, sentía que algo me faltaba.
Poco a poco apareció por mi boca cerrada, sangre, mi sangre. Los vampiros tenemos la habilidad de esconder los colmillos y sacarlos a voluntad. Los colmillos iban aparecieron poco a poco por encima de mi labio inferior, rajando la piel con la que rozaba. Los colmillos eran muy duros y afilados por lo que al rajar la piel comenzaba a salir la sangre con facilidad. Los dos ríos de sangre llegaron hasta la barbilla y comenzaron a gotear cayendo al suelo. Los ojos comenzaron a cambiar de color, de morado a rojo en apenas unos segundo,  es el instinto asesino de los vampiros. Los colmillos paran.
Allí estaba yo parada frente al espejo sin poder moverme, y la sangre cayendo.

-Esta soy yo ahora… un vampiro.- dije con tristeza.

Escuché que alguien venia corriendo, pero no me moví. Abrieron la puerta. Era Juvia, sin cerrarla se acercó rápidamente a mí.

-Raisa, estás bien… madre mía si estas sangrando.
-Juvia…- recuperé el sentido y pude moverme.
-Tranquila, estoy aquí.- me giré hacia ella y las dos nos quedamos mirándonos.

Pude ver que sus ojos también eran rojos, su voluntad era muy fuerte.  Entonces por la puerta aparecieron vampiros, atraídos por el olor de la sangre. Es cierto que la sangre humana es mas apetitosa, pero cuando se trata de sangre cualquiera vale, incluso la de un vampiro. Juvia corrió a la puerta y la cerró dejando  a los vampiros fuera y echó el pestillo. Pero se quedó mirando a la puerta apoyada frente a ella.

-Raisa, será mejor que guardes los colmillos y te quites la sangre por que no podré aguantar mucho más. Por favor.- su voz sonaba extraña, era por la sangre.

Me apresuré a limpiarme. Guardé los colmillos, me limpié y quemé el pañuelo para que el olor desapareciera. El color rojo de mis ojos desapareció y el barullo que había en el pasillo también desapareció, todo se quedó en silencio. Juvia se giró hacia mí y se aproximó.

-Gracias por venir- la dije
-Raisa, eres mi mejor amiga, y además si no llego a venir esos vampiros sedientos te devorarían antes de que pudieras decir una palabra.- nos miramos y las dos nos reímos.- pero dime ¿que te ocurre?, por que esta es la segunda vez que haces esto.- agaché la cabeza
-¿De verdad?
-Si, la primera vez fue hace unos meses, me dijiste que solo querías probar tu sangre y lo dejé pasar, pero esta vez no. Dime ¿Qué te ocurre?
-Nada. No es nada.- me senté en la cama
-Raisa…- se sentó a mi lado. – no puedes engañarme, algo te pasa… dímelo.
-Es que, he estado pensando en todo lo que hemos pasado.
-¿A que te refieres?
-Al cambio al que hemos tenido que adaptarnos cuando nos convertimos en vampiras hace ya siete meses. Tuvimos que abandonar nuestras casas, cogimos las cosas y nos fuimos. Nuestras familias, puede que nos estén buscando y no podemos decirles donde estamos. A nuestros amigos…- vi en sus ojos mucha pena y recuerdos…

Me levanté de la cama y me senté en el suelo para estar frente a ella.

-Dejamos a todos nuestros amigos allí- me dijo con la cabeza agachada.
-Si.
-He oído a muchos vampiros hablar de sus amigos, pero siempre acaban sus conversaciones con un brindis, entre risas y diciendo “ellos eran un estorbo” o “estoy mucho mejor así”, y todos los que están escuchando le dan la razón.- dijo sin levantar la cabeza.- desde que estamos aquí nunca he sentido que nuestros amigos fueran un estorbo.
-Yo tampoco- dije- gracias a ellos pude llegar aquella noche en la que nos convertimos en asesinas.- río por no llorar, y mientras agacho la cabeza mirando al suelo. Juvia se levantó de la cama y se sentó conmigo en el suelo.

Nos abrazamos. Nuestras lágrimas empezaron a caer. Ambas habíamos guardado nuestros sentimientos durante mucho tiempo y esas lágrimas eran prueba de ello. Los echábamos de menos a todos. Al separarnos, nos quedamos apoyadas en la pared

-Recuerdas que no parábamos de hablar de nuestras cosas… nos podíamos pasar horas y horas hablando.
-Si, lo recuerdo.- comenzó a decir.- Recuerdo que nos tiramos una buena temporada hablando de un chico italiano que conocimos y que a las dos nos volvió locas, ¿Cómo se llamaba? Ahora no recuerdo su nombre.
-Si, se de quien hablas, pero ahora no recuerdo su nombre.-pensamos.
-Squall.- Dijo
-Si, y tenia novia, muy guapa, y con mucha suerte…- me quedé pensando en el nombre.- Rinoa, Rinoa se llamaba.
-Si es cierto, Squall y Rinoa, recuerdo que estábamos muy celosas de ella.
-Con razón lo estábamos.- nos miramos y nos echamos a reír.
-Y todas las veces que hablábamos de los chicos famosos, tú con Jared Leto…
-Y tú con Billie Joe Armstrong… cada loca con su tema. Teníamos mucho peligro cuando empezábamos ha hablar.
-Si…que recuerdos, me gustaría escuchar algo de ellos, lo hecho de menos… mi Billie, aún recuerdo el cuadro que me hiciste de ellos, seguro que estará colgado en mi pared, al igual que todas las fotos.
-Y tú me regalaste el colgante.

Las dos comenzamos a recordar los buenos momentos que pasamos juntas.

-Jaja…-comencé a reírme cuando recordé cosas.
-Que te ocurre, ¿de que te ríes?- me preguntó.
-Recuerdo que Zaru pasaba de nosotras cuando nos poníamos ha hablar.
-Si, es verdad, pobrecito lo que le hacíamos sufrir.-también se rió.- y los ratos que pasamos con Erza, con Elle, Misa y Usopp.
-Y los chicos de tu academia, y los de clase.
-Si, hay muy buenos recuerdos con todos ellos.

Estuvimos un buen rato recordando todos los momentos que pasamos antes de que nos convirtieran en vampiras.

-Sabes.- miré al techo.- a pesar de que ya no estamos con ellos, y los echo de menos, me alegra no haberme separado de ti Juvia. Si también te hubiera perdido no sabría como seguir, y probablemente yo ya no, puede que ya no estuviera…
-¡Raisa!- la miré, estaba enfadada.
-Lo siento…- las lagrimas comenzaron a caer por si solas, aunque tampoco hice nada para pararlas. Juvia me dio con su puño en la cabeza, pero suavemente. Cuando la miré ella también lloraba.
-¡Baka!… no quiero que vuelvas a decir o pensar esas cosas. ¿ME HAS OIDO?
-Está bien, lo siento…-.dije mientras levantaba los brazos en son de paz. Las dos acabamos sonriendo.