14/ No está bien mentir


Un mes después de que atacara a Lavi, Juvia había estado yendo todos los días a LandIce, se la veía bastante preocupada ya que no había tenido noticias de él, pero por una llamada que le hicieron a Yû mientras luchamos sabia que estaba vivo, acababa de despertarse y se encontraba en buenas condiciones, por lo que se marchó antes de terminar la pelea.
Uno de los días de los muchos que Juvia había ido a aquella ciudad tuvo una sorpresa, Lavi estaba allí esperándola, y yo como siempre la seguí y lo vi. Cuando ella llegó se fundieron en un abrazo, y en algún que otro beso.
Espié todas sus conversaciones, y en ninguna de ella apareció la causa real de lo que le había pasado, le contaba mentiras, aunque no sabia el por que, no creo que quisiera proteger a un vampiro y mucho menos después de lo que le hice. Sabiendo lo que le había hecho la querría proteger, era lo mas lógico que encontré en mis pensamientos.
Los días pasaban y ellos volvieron a estar como estaban antes de mi ataque. No podía seguir así, la Reina estaba empezando a sospechar de mí, me hacia preguntas pero no podía contestarlas con sinceridad. De alguna manera tenia que alejar a Juvia de Lavi para así protegerla. Se me ocurrió algo pero seria muy arriesgado y seguramente no funcionaria pero tenia que intentarlo.

Cada vez que ocurría algo en alguna ciudad que estuviera relacionado con vampiros y con hombres que salían en los periódicos siempre aparecía Kanda dispuesto a matarme, así que tenía que provocar que viniera. Fui a la ciudad donde luchamos por primera vez, busqué a un tipo que coincidiera con mi patrón, es decir, ladrón, asesino, cualquier cosa sospechosa que hubiera salido en los periódicos el día anterior.
En este caso encontré a unos chicos que habían encerrado a unas chicas dentro de una casa y pedían una alta cantidad de dinero por su libertad y seguridad, ellas llevaban dentro de esa casa al menos dos o tres días, por lo que esa noticia llevaba en los periódicos al menos dos días, y también había salido en las noticias el mismo día que ocurrió. Vigilé a los chicos durante algunas horas, y a la policía para evitar que me vieran y para buscar alguna salida alternativa de la casa por la que ellos pudieran salir sin ser vistos por la policía, y para que mí plan resultara.
Al atardecer sin que nadie me viera, sobretodo la policía que estaba fuera esperando a que los chicos salieran, me colé en la casa y paseé tranquilamente por los pasillos haciendo el mayor ruido posible para alertarles de mi presencia. Iba haciendo ruido por todas las habitaciones, habría y cerraba puertas. Entonces entré en la misma habitación en la que estaban ellos. Entré sin ocultarme. Y al hacer ruido todos ellos me vieron. Pero no vi a las chicas.

-¿Quién eres tú?- dijo uno de ellos. No contesté y me seguí acercando a él.
-Solo tienes que saber que soy alguien con el que no querrías encontrarte, ni en esta ni en ninguna vida.

Otro de los chicos apareció al escuchar tanto jaleo en el salón de la casa.

-Kazou - dijo desde el pasillo-, ¿Qué ocurre?- al entrar al salón, me vio y me apuntó con la pistola.- ¿Qué ocurre, quien eres?
-¿Y las chicas? ¿Dónde están?- dije haciendo caso omiso a lo que me había preguntado.
-Eso no es asunto tuyo.- me dijo cargando la pistola- Sal, sal de aquí antes de que te matemos.
-¿Matarme? Jeje- me reí ante lo que dijo-. Aceptaría lo que me dices si realmente pudieras matarme.
 - ¿Que quieres decir?

El pulso no les temblaba a ninguno de los chicos que estaban en aquella sala. Entonces, gracias a mi oído, pude escuchar como alguien bajaba por las escaleras, eran exactamente dos pares de pies, y se iban acercando hasta la sala. Cuando llegaron.

-Kazou, Takeshi, ¿Qué ocurre?

Por el pasillo aparecieron dos chicas semidesnudas las cuales solo llevaban una camiseta y la ropa interior. Al verlas, lo comprendí.

-Vaya, vaya, así que lo que dijeron en las noticias no iba en serio.- me reí.
-A… ¿A que te refieres?
-Fingisteis un secuestro para quedaros el dinero que vuestros padres pagan por vuestro rescate.
- Si, ¿y que, que tienes  tu que decir ante eso?
-Mi trabajo es matar aquellos que violan las leyes.

Poco a poco los ojos se iban tiñendo de rojo.  Todos estaban pendientes de mí, de ver lo que iba hacer. Entonces, miré a las dos chicas, las cuales estaban algo asustadas. Los tres que estaban a mi vista vieron como de mi boca iban saliendo dos ríos de sangre.
- ¿Qué eres tú?- dijo una de las chicas completamente asustada por lo que veía.
- Es mejor que no lo sepas, solo calla y todo pasará rápido.

El chico que estaba al lado de las chicas al ver aquello y presentir lo que estaba apunto de pasar me disparó dos veces en el pecho. Pero como era de esperar, los agujeros de bala en mi cuerpo se cerraron. Los que vieron eso se asustaron y salieron corriendo de la sala por el pasillo mientras que el chico que estaba detrás de mi salió por la puerta que tenia al lado, aterrado.

-Si corréis será peor.- dije mientras comencé a caminar por la casa para encontrarles y matarles a todos.

Por la casa se podían escuchar los gritos de auxilio de las chicas, y los pasos apresurados de todos ellos que corrían buscando un lugar en el que ocultarse.  Pero, ninguno de ellos sabía que incluso el propio miedo tenía un olor característico, el cual estaba por todas las habitaciones.  Fui pasando por todas y cada una de las habitaciones.  En un dormitorio pude ver a una de las chicas en la ventana, intentando abrirla para escapar, pero yo, antes de hacer mi aparición en la sala principal había cerrado todas las salidas, dejando solo la salida trasera de la casa. Me acerqué a la chica.

-No, por favor, no me hagas daño. No lo volveremos hacer- dijo la chica llorando desconsoladamente, arrodillada en la esquina al lado de la ventana.
-Lo siento, pero no puedo dejaros con vida ahora que sabéis quien soy.- la cogí del cuello, la levanté sin apenas esfuerzo.

Con la otra mano eché su cabeza hacia un lado e hinqué mis colmillos en su cuello absorbiendo toda la sangre que tenía en el cuerpo. La sangre era dulce, pero tenía un ligero sabor amargo. Su llanto se iba apagando al igual que su vida.  Su sangre, chorreaba por mi barbilla e iba formando un charco de sangre a mis pies. Una vez muerta, la solté y calló al suelo.
Me dispuse a buscar a los otros para hacer lo propio con ellos. Encontré a uno de los chicos en las escaleras. Hice lo propio con él. Esta vez la sangre sabía principalmente a alcohol.

-¡Puaj! Que asco de sangre. – dije limpiándome la sangre de los colmillos y la barbilla. – No deberías beber tanto, es malo para la salud- le dije una vez que ya estaba muerto. – le dejé en el suelo y fui a por la siguiente victima.

Esta vez en el baño, el otro chico, y el último, estaba escondido en la ducha. Lo  maté rápido, el desagüe se iba tragando poco a poco la sangre que caía de mi boca. Después de eso, lo dejé en la bañera. Y me dispuse a buscar a la última chica por la casa.  Pero al analizarla, no sentí su miedo.

-Ha huido, genial, era lo que esperaba. Chica lista.- me dirigí a la puerta trasera y la vi corriendo por el jardín trasero, se dirigía hacia la entrada principal. Pero fui mas rápida que ella y la corté el paso.- ¿A donde crees que vas?-la dije sonriendo y mostrando mis colmillos.

Ella no dijo nada y huyó en la dirección contraría. La seguí caminando, pero sin perderla de vista.  Corrió hasta las afueras de la ciudad, en el polígono, en donde había un pequeño almacén de juguetes. Ella se escondió en lo más profundo del almacén, pero su miedo se olía por todo el lugar y no me costó encontrarla. Allí la maté, estaba llena de miedo y quise terminar con esa angustia terminando con su vida.
Tras matar a todos aquellos chicos, me quedé en el almacén a esperar a que mí querido cazador hiciera aparición y así poder conversar con él.

-Menos mal que me he alimentado, no creo que pudiera hacerlo sin algo de comida en el estómago. Aunque podría haber sigo mejor.- dije recordando los distintos sabores de aquella noche.

Tenia que tener fuerzas la conversación no iba a ser fácil y seguramente él no iba a escucharme. 

13/ Peleas de risa


Los días pasaban mientras espiaba a Juvia cuando se iba a LandIce, pero como era de esperar Lavi no aparecía. Aun así ella se quedaba allí hasta bien entrada la noche.
La espiaba durante un rato y después me iba a alguna ciudad a matar, desde que era Ángel Vampiro la sed de sangre era mayor, pero aún así intentaba controlarla todo lo que me fuera posible.
Últimamente después de ver a Juvia me iba siempre a la misma ciudad no tenia nada de particular pero siempre iba allí. Aquella ciudad tenia algo que me hacia sentir bien. Será que tenia bastantes incidentes a diario y la policía no daba abasto. De vez en cuando me comía a alguno. Pero una vez cuando estaba a punto de cenar, en un laboratorio abandonado, en el cual un científico experimentaba con adolescentes, alguien me sorprendió. Ni siquiera se presentó, fue directamente a por mí. Para salvarme tuve que dejar al científico en libertad. Para esquivar el ataque solo tuve que saltar hacia atrás, hacia unas cuantas cajas que había en aquel lugar. Cuando se acercó a la luz el que me había atacado, pude reconocerle, era Yû. Tenía demasiada rabia acumulada, seguramente hacia mí, y la descargaba intentando matarme, como era lógico. 

-Para no ser amigo de ese conejo, te preocupas mucho por él.- le dije mientras esquivaba los numerosos ataques que lanzaba contra mí.

Desde hacia poco tiempo las peleas entre nosotros se habían echo mas normales en cualquier momento y lugar.

-¡CALLATE! No es por él. No te creí capaz de hacer algo como eso…- dijo enfadado mientras se abalanzaba sobre mí.
-Como ya dije, hacer lo que hice fue lo mejor para todos. Si no sabes de que te hablo, que te lo cuente ese conejo, como tu le llamas.
-¡Muere! Asquerosa chupa-sangres.- paré la katana que iba directa a mí poniendo otra atravesada.

Me protegí de la espada y cogí a Yû con fuera de las manos.
-Sabes, hace tiempo que pude haberte matado.
-¿Y por que no lo has hecho?- dijo Yû  desafiándome.
-Por que si lo hiciera ya no tendría con quien jugar, y contigo me lo paso bien.- Sonreí y saqué las alas.
-¿¡Que piensas hacer!?- dijo con  mirada desafiante mientras intentaba escapar de mí prisión.
-Vamos a dar una vueltecita. – salí volando y atravesé el techo del laboratorio, salí a la luz del sol.

Kanda estaba colgado lo único que le mantenía en el aire sin caer, eran mis manos que le que le agarraban fuertemente. Volé por encima de los grandes edificios de la ciudad de Almastrin. Hasta que por encima de ellos puede ver un río.

- Seguro que con todo ese abrigo tienes algo de calor ¿Por qué no te das un bañito?
-no serás capaz- me dijo con los ojos entrecerrados mostrando el enfado.
- Hasta luego-dije con una sonrisilla.

Le solté y calló al río, vi como se había hundido en él,  me quedé sobre volando, aquel lugar hasta que saliera a la superficie a respirar. Cuando vi que salía, supe que estaría mas enfadado que nunca, pero yo lo único que sentía era felicidad por burlarme de él.

- ¿Se te ve muy bien ahí Yû!- le grité para que me oyera sin problemas.- Volveremos a luchar en otra ocasión.  Adiós-  le despedí con la mano y salí volando  de allí.
Esa no fue la primera vez hubo otras todas en la misma situación, el empezaba atacando y después seguíamos la pelea, que parecía no terminar nunca ya que ninguno ganaba, siempre había uno que se retiraba, o que llegaba a desarmar al otro, dependiendo de la situación. Pero nunca, en ninguna de esas peleas llegábamos a matarnos el uno al otro, y a él no se, pero a mí ganas no me faltaban, solo era que me divertía con él. Pero  las bromas que antes le hacia desaparecieron, las peleas eran silenciosas, solo se escuchaba la katana golpeando contra las superficies que se encontraran o el ruido de una katana con otra, cuando las materializaba. Nuestro sentimiento en todas las peleas eran de odio el uno hacia él otro. Para mí este era el principio de la guerra que había mencionado La Reina en algún que otro momento. 

12/ Ataque al Cuartel


Cuando me desperté al día siguiente, y como la Reina me había dicho noté los resultados, podía oler desde mi habitación la sangre que venia del bar, con mas potencia de lo que lo hacia antes. El rango que me habían otorgado era por haber matado a mucha gente, por una parte estaba contenta, pero por otro lado estaba triste por la misma razón, por que había matado a gente. Pero era un cargo muy importante y lo que más me preocupaba eran los sentimientos que tuve cuando aquel caza-vampiros me sonrió.

-Estoy segura de que siendo lo que soy ahora podré alejarme de todo aquello, no quiero que me vuelva a pasar.- dije en voz alta-. Yo odio a los caza-vampiros.- dije para convencerme.

Me dirigí a una de las puertas, cualquiera daba igual solo quería probar como se sentía al volar con aquellas alas. Atravesé la puerta y vi la ciudad a lo lejos así que abrí mis nuevas alas y me dispuse a volar. La velocidad había aumentado, aunque las alas pesaban más, me acostumbre rápidamente. 
Mientras sobrevolaba la ciudad vi que el sol estaba a punto de salir y decidí quedarme en el edificio más alto para verlo. Era precioso ver aquello. Desde lo alto del edificio podía ver a las personas dirigirse a sus negocios.
Aún seguía preocupada por Juvia. Tenía que encontrarla. Entonces mientras caminaba por un bosque cercano a la ciudad noté una ráfaga de aire que tenia el aroma de Juvia. Debía de estar muy cerca por que el aroma era muy intenso, pero no fue el único aroma que percibí. El otro aroma me resultaba familiar. Seguí ese aroma y me llevó hasta una casa en el bosque. Pero allí no había nadie solo una casa, era extraño por que el aroma de la sangre de Juvia estaba por todas partes, debió de estar allí pero se marchó. El rastro de ella no seguía así que  marché de allí.
Volví a la sede y me fui a LandIce, les encontré en el mismo lugar donde se besaron, el estaba tumbado con la cabeza puesta en las rodillas de Juvia. Lavi la acariciaba el pelo suavemente, y de vez en cuando acariciaba su mejilla. Mientras ella le acariciaba el pelo a él. Los dos estaban perdidos en la mirada del otro, no pronunciaban palabra pero podían comunicarse el uno con el otro a través de sus gestos. Juvia se había envuelto del olor de aquel caza-vampiros y no reconocía que yo estuviera allí.
Como amiga de Juvia estaba feliz de que encontrara a alguien que la quisiera. Pero como vampiro, y más ahora como Ángel Vampiro, no podía dejar que las cosas siguieran su curso, tenía que parar esto de alguna manera. Cuando anocheció, él la acompañó todo lo cerca que podía de la puerta de la sede y se despidió dándola un gran beso acompañado de un abrazo tierno. Ella entró en la puerta y desapareció al igual que su aroma. Yo mientras visualizaba aquella escena escondida tras un edificio, esta vez no iba a volver tenía que poner las cosas en su sitio.

¡Ozuchi Kozuchi!- el martillo que tenía en la mano comenzó a estirarse desde el palo. Se subió en el a modo de escoba y comenzó a volar, por así decirlo. Cuando el martillo en sí se fue recogiendo abrí mis alas y lo seguí.

Pasé por varias ciudades, unas con más gente otras con menos pero, todas iguales hasta que vi delante de mí a Lavi. Estaba quieto esperando a que su martillo volviera a la forma original. Después se lo guardo en el pantalón, y siguió su camino. La ciudad en la que estaba era como cualquier otra, a excepción de su olor, allí debía ser donde los caza-vampiros tenían su sede por que toda la ciudad estaba impregnada con el olor de ellos, y con el de los humanos que vivan en ella. Con tantos caza-vampiros estoy segura de que esa ciudad era la más segura de todas, en cuanto a vampiros se refiere.
Lavi iba distraído, no se había dado cuanta de que alguien le estaba siguiendo. Mejor para mí no quería que mi plan se echara a perder. Caminaba por las calles de la ciudad sin preocupaciones, con ambas manos detrás de la cabeza y seguramente una gran sonrisa en su rostro lleno de felicidad.

-¡Lavi, Lavi!-escuché que alguien lo llamaba. Hasta él llegó una chica de pelo largo y verde oscuro recogido en dos coletas, acompañada por un chico con el pelo blanco que le llegaba casi por los hombros.

Los dos llevaban el mismo tipo de traje que Lavi, debían ser caza-vampiros también. Por suerte no me vieron. Ella no tenia nada extraño pero el chico del pelo blanco tenia una marca en el ojo izquierdo que no me daba buena espina.
Seguí a los tres por las calles de la ciudad hasta que llegaron aun gran edificio  a las afueras de la cuidad pero no pude acercarme, si me acercaba allí sola sería como suicidarme. Le vi entrar y me quedé esperando a que volviera a salir. El sol estaba saliendo cuando salió acompañado de alguien familiar, era Yû. Lavi tenía cara de felicidad mientras que Yû tenía cara enfadada, era distinta a la de otras veces. Era mi oportunidad si iban los dos solos probablemente Yû no dejaría que le pasara nada a Lavi, aunque no se llevaran bien eran compañeros. Les seguí a una distancia prudente ya que aunque Lavi no me detectara, ya que no lo había hecho cuando estaba con Juvia, Yû si podría, ya lo había hecho varias veces en el pasado. Cuando salieron de la ciudad  saqué las alas y volé por encima de ellos. Siguieron caminando, discutiendo como siempre. Mientras estaba en el cielo hice aparecer en mi mano un cuchillo negro, era un cuchillo ceremonial, el mismo Azame que ya había utilizado.

-Juvia, perdóname pero es lo mejor.- cogí el cuchillo con fuerza para que no se me resbalara y me abalancé sobre ellos, mas bien me abalancé sobre Lavi, el cual seguía perdido en sus pensamientos, con la intención de clavarle el cuchillo que llevaba en la mano.

Pero Yû que estaba allí, paró mi ataque con su katana, di una vuelta en el aire y caí de pie frente a ellos, resbalándome por la arena que había en el camino, paré la caída con la mano. Mientras resbalaba tenia la cabeza agachada mirando al suelo, pero una vez que paré la levanté con fuerza y les miré a los dos.

-¿Que estas haciendo aquí?- Me dijo Yû con cara enfadada.
-Lo que mejor se hacer-sonreí con desafío- matar caza-vampiros.

Volví ha abalanzarme sobre él pero Yû volvió a cortarme el paso, se puso entre Lavi y yo.

-No te dejaré pasar.
-Yû espera te ayudo.- dijo Lavi
-¡No! tu quédate donde estás, esta es mi lucha, yo la empecé yo la voy a terminar.
-Esto será divertido.- oculté el cuchillo. Y me abalancé sobre él.

La lucha entre los dos había empezado. Mientras que él intentaba darme con su katana, yo lo esquivaba, de vez en cuando soltaba alguno de sus trucos como los insectos infernales, o la ilusión de doble katana, pero nada conseguía darme.

-No tienes escapatoria, conocemos tu debilidad.
-¿Así y cual es?
-¡KANDA!- por detrás de él aparecieron más caza-vampiros entre los que se encontraban la chica y el chico que había visto entrar con Lavi.

El chico del pelo blanco se fijó mucho en mí, su ojo izquierdo, en el que estaba la marca, comenzó a hacer cosas raras.

-Vampiro. –su brazo izquierdo tomó otra forma. El brazo se alargó hasta llegar a la mano la cual parecía una garra con los dedos muy afilados, todo ello plateado, y tenía una marca en el dorso de la mano por el cual le salía un rayo de luz verde.
-Moyashi no te metas, esta batalla es mía.
-ME LLAMO ALLEN ¡BAKANDA!-dijo enfadado el chico del pelo blanco.
-Es igual. Quedaos detrás.- les dijo Yû sin dejar de mirarme enfadado por lo que intentaba hacer.
-Sabéis, tenéis unos nombres muy raros, imagino que serán motes, Yû, Usagi, Moyashi… menos mal que sois amigos si no me preocuparía.- Yû y yo nos volvimos a abalanzar el uno contra el otro.

Yo tenía las manos desnudas, no llevaba ningún arma encima, paré su katana con mis propias manos, la sangre comenzó a caer por mis brazos y goteaba el suelo.

-Que haces aquí este no es tu territorio.
-Ya lo he dicho, he venido a matar a un caza-vampiros.
-Pero ¿por que él? ¿Qué tiene de especial?
-¡Oh! así que no te ha dicho donde se mete…
-¿A que te refieres…?- estaba muy enfadado.
-Yo no te voy a decir nada. Lo siento pero debo darme prisa, ya he esperado demasiado tiempo.
-No voy a dejarte.- Al igual que la primera vez me cortó en la muñeca. Me quedé de rodillas en el suelo.
-¡Kanda!- dijo una voz femenina. Él se agachó delante de mí y cogió la pulsera que me había cortado. Mientras los demás se acercaban a él.
-El sol está a punto de llegar, y no podrás abrir las alas, por lo que creo que esto es una despedida.- dijo mientras me miraba. La expresión de ira en su rostro era muy visible a la luz del sol que le llegaba
-Kanda que has hecho. ¿Qué es eso?- dijo acercándose la chica.
-Según Komui  esta pulsera la usan los vampiros para poder mostrarse al sol, es la segunda vez que se la quito, cuando el sol la dé, morirá.- dijo mientras me echaba una ultima mirada y se daba la vuelta.

Los demás le siguieron.
Entonces, cuando estuvieron de espaldas a mí, yo aún agachada hice aparecer en mi mano de nuevo el cuchillo. Lo agarré con fuerza me levanté y corrí hacia mi objetivo haciendo el mínimo ruido posible. Llegué hasta Lavi y sintiendo lo que iba a hacer le clavé el puñal por la espalda, en el lado izquierdo.

-Como ya he dicho-todos se giraron- he venido a matar a un caza-vampiros. Y no me iré sin que lo haga.

El sol comenzó a darme por la espalda, pero como era obvio, no me pasó nada. Tenía a Lavi cogido desde la espalda mientras mi mano  derecha todavía tenia cogido el puñal, con la otra le abrazo desde atrás, rodeándole, hasta que mi mano se posó en su cara, tapándole, pero mis dedos están abiertos y permito que vea. Los demás se quedaron observando con la boca abierta. Todos quisieron acercarse.

-No os acerquéis, todavía no está muerto, en cuanto quite el puñal comenzará a desangrarse. – la mirada de Yû era de la de un asesino, me estaba matando con la mirada.- Siento tener que hacerlo, de verdad pero es lo mejor para todos.- bajé la mano que tenia en la cara de Lavi y la puse en su hombro izquierdo. Abrí las alas y con fuerza saqué el cuchillo y me elevé.

Desde el  cielo vi como se acercaban más caza-vampiros disparando al cielo con la intención de darme a donde estaba, todos llegaban para ayudar a Lavi, mientras que Yû, o Kanda como le había llamado aquella chica, siguió mirándome sin moverse del sitio. Tenía el rostro enfadado, los ojos me apuntaban, y yo no dejaba de mirarle. Al igual que mi rostro, también enfadado, definitivamente, aquello que sentí una vez había desaparecido.
Volé hasta una ciudad alejada de allí y busqué la entrada a la Sede, que como siempre estaba en zonas desiertas.
Cuando entré a la sede lo primero que hice fue ir a la habitación de Juvia, donde como era normal no estaba, o eso pensaba, por que me abrió la puerta enseguida.

-Raisa, ¿que pasa?-tenía cara de sueño.
-Nada, solo quería decirte que lo sentía, por lo que pasó el otro día.
-Tranquila, se que lo hiciste por mi bien.- me dijo.
-¿Te parece que mañana quedemos para salir?
-¿Mañana? Estoy bastante molida, tenia pensado quedarme en la cama todo el día.
-Bueno, pues lo dejamos para otro día.
-Si, gracias.
-Bueno me voy, que descanses- dije sonriéndola, a lo que ella me contestó de la misma manera y tras eso cerró la puerta.
 Me fui a mi habitación. Llevaba puestos los guantes que Krory me regaló, con los cuales pude encerrar el aroma de la sangre de Lavi. Cuando le apuñalé no llevaba los guantes puestos, me los puse cuando me dirigí a la Sede. Tenia la esperanza de que ocultaran el olor y en efecto lo hacían. Cuando me quité los guantes mis manos estaban totalmente ensangrentadas, al igual que el puñal.

-Juvia lo siento pero es por tú bien.- dije.

Quité la  sangre de mis manos, después iba con intención de meterme en la cama pero llamaron a mi puerta. Abrí solo una rendija para saber quien era

-Sebastian ¿que hace aquí?
-La Reina la esta buscando, venga conmigo.- se dio la vuelta y yo le seguí.

Cuando llegué allí.

-¿Has notado aumento en tus poderes?
-Si alteza, mi poder de materialización es mas rápido. Pero el otro no he tenido oportunidad de usarlo aún.
-Por el momento está bien puedes irte, oh, espera un momento.

La Reina y los consejeros estuvieron hablando conmigo. No sabia muy bien como iba a emplear todo lo que me dijeron, pero seguro que las ocasiones aparecerían.
Dos días después fui a buscar a Juvia a su habitación me abrió y nos fuimos a la primera puerta que encontramos. Era raro que viniera conmigo, pero no me quejaba, asó podía hablar con ella tranquilamente. Cuando estábamos apunto de matar a alguien Juvia se me adelantó, lo mató ella sola. Después nos alejamos de allí.

-Cuantos días llevas sin comer. Dime. Esa no es tu manera de matar a alguien.
-Unos días, es que me encontraba mal.
-¿Lo dices en serio?
-¿Por que? ¿No me crees?
-Confío en ti ya lo sabes, pero si te ocurriera algo fuera de lo normal me lo dirías verdad.
-¿Fuera de lo normal? Como que. – me miró mientras se limpiaba.
-Mira. – la enseñé la muñeca, en la cual ya no estaba la pulsera.
-Y tu pulsera, ¿te la volvieron a quitar?
-Si, me la rompieron ayer, pero no importa ya no la necesito.
-¿Por qué? ¿Que ocurre?-dijo extrañada
-Hace bastante tiempo que no hablamos y no he tenido tiempo de decírtelo.- me senté en un banco.- Krory lo sabe, pero le pedí que no te dijera nada, que te lo quería decir yo.
-¿Pero Raisa que pasa? no me asustes.
-No es nada. La razón de que ya no necesite la pulsera es que- me callé no sabia como decírselo- la Reina me nombró Ángel Vampiro hace unos días.
-¿QUE? ¿Pero por que, como?
-Cuando tú estabas “desaparecida” me dediqué a matar por mi cuenta.
-Y por que accediste, ya sabes lo que le pasó a uno de ellos.
-Si, lo se pero según dicen, él traicionó a La Reina, por eso le mataron. Además mis poderes han evolucionado, la materialización es más rápida.
-Pero ahora te has convertido en el perrito faldero de la Reina, no te dejará en paz.
-Eso no es verdad, tengo mas libertad que antes- me levanté del banco.- me voy que seguro que tienes cosas que hacer. Por cierto ahora tengo poder para pararte los pies, así que no hagas tonterías.- la dije cuando estaba de espaldas a ella.
-Pero espera, - abrí las alas y volé.- ¡RAISA!- gritó pero seguí, no me detuve

Intentó alcanzarme, pero yo era más rápida. Desaparecí en la oscuridad. Volví a la ciudad de los caza-vampiros, habían reforzado la seguridad ahora había una barrera protectora en toda la cuidad, así que para que no me detectaran me quedé fuera y observé todo. Estaba cerca del edificio de los caza-vampiros y, aunque con dificultad, pude ver por una ventana que había movimiento pero no veía bien a las personas por lo que no supe lo que pasaba.


Nota:
Moyashi: Brote de habas en Japonés. Yû le llama así por el color de su pelo.
Baranda: Baka (Idiota en japones)+ Kanda(el nombre de Yû)

11/ ¿Nuevo Rango?


Cuando desperté, fui a buscar a Juvia a su habitación pero no estaba, la busqué por todo el edificio pero no la encontré, por lo que supuse que estaría en LandIce, pero tampoco estaba, por ningún sitio de la ciudad. Puede que me hubiera pasado con ella pero era la mejor solución que encontré.
Pasaban los días y no volvía a su habitación. Ahora el cabreo y la tristeza podían notarse en mi rostro. Había cortado la comunicación por lo que no podía hablar con ella, no sabía que hacer para encontrarla, en este caso mis poderes no funcionaban. Y no podía decirle a nadie que Juvia había desaparecido.
Uno de los días que llegué a la sede después de esta buscando a Juvia durante todo el día, lo único que me apetecía era dormir, pero alguien me llamó cuando estaba apunto de entrar en mí habitación. Me giré y era Sebastian.

-Tiene que venir conmigo, la Reina la está esperando.
-Vale…- estaba tan cansada que no pregunté la razón, solo le seguí hasta la gran sala del trono.
-Raisa, bienvenida, siéntate.- me dijo mientras me acercaba a ella. Me senté como ella había ordenado.
-¿Ocurre algo?
-No, no es nada malo no te preocupes. Raisa, he estado hablando y discutiendo durante los últimos meses con los consejeros aquí presentes, y hemos llegado a un veredicto. Gracias a tus cacerías durante los meses anteriores se te concede el rango de Ángel Vampiro.
-Que, es… es ¿enserio?- estaba sorprendida, es un cargo importante dentro de la orden. No era un cargo tan importante como el de consejero, pero al menos te respetaban.

Dentro del clan de los vampiros existían distintos rangos, a los vampiros recién convertidos se les llamaba novo conversus, que son los mas feroces. A partir de hay solo llegas al rango de veterani, cuando controlas tu sed de sangre. Después de eso la Reina es la que adjudica los cargos, y el cargo de Ángel Vampiro era importante, solo había 2 personas con ese cargo, y uno de ellos era Krory, al otro lo mataron cuando traicionó a La Reina.

-Es enserio, a partir de ahora lo serás… Tiky.- La Reina llamó a uno de sus consejeros, Tiky, además de ser el más fuerte era el que tenia el poder de convertir a un vampiro veterani en un Ángel Vampiro.

Me levanté del asiento. Aquel consejero bajó del altar en el que se encontraba, tenia el pelo largo recogido en una coleta baja y un mechón de pelo le caía por el rostro, su piel era pálida como la nieve, al igual que la piel de los demás consejeros, vestía traje negro y camisa blanca con una corbata negra. Se acercó a mí y de su mano salió una mariposa negra, la cual acercó a mi pecho, él se separó. La mariposa se introdujo en mi cuerpo. La transformación era dolorosa, pero una vez que empiezas no puedes pararlo. Notaba como la sangre de mi cuerpo empezaba a hervir, las alas salieron por sí solas y poco a poco, las alas de murciélago que había tenido durante el tiempo que estuve en la Sede, se transformaban en alas de ángel, llenas de plumas negras y más pesadas que las anteriores, eran mas grandes. Los huesos que se unían a las alas para poder moverlas iban creciendo poco a poco. Pude gritar al menos 10 veces en las que duró el proceso. Los colmillos se volvieron más resistentes y largos. La transformación acabó y me sentí aliviada y con más poder.  Las alas volvieron a ocultarse, dejando tras de sí alguna que otra pluma negra que no se había enganchado a las demás

-Bien, todo a sido perfecto, todas tus habilidades han aumentado, al menos las habilidades de vampiro, tus poderes puede que también aunque no estamos seguros. Si notas alguna diferencia haz nos lo saber-dijo el consejero que estaba delante de mi.-Tus habilidades deben asentarse, será mejor que descanses mañana notaras los resultados
-Una cosa más…-la Reina giró levemente la cabeza con mucha elegancia hacia su derecha.- Devitt.
-Si mí Reina.- Devitt se levantó al igual que Tiky antes, se acercó a mí.
-Esto puede dolerte, pero será por poco tiempo.
-¿Pero que vas a hacer?- dije asustada al ver que sacaba su pistola y me apuntaba con ella a un lado del pecho. Entonces. “Pum” me disparó.
-¡AAAAH! - Como él dijo dolía pero no tenía más remedio que aguantarlo. Sentí como si algo me traspasa de un lado al otro del cuerpo.
-Con esto ya no necesitas la pulsera.-me dijo la Reina.
-¿Como?- me llevé la mano a la zona del disparo. Noté algo extraño al tacto, no parecía piel era algo rugoso. Me miré, tenía una mancha gris pero poco a poco fue desapareciendo y en su lugar a pareció una rosa roja rodeada de espinas.
-Una rosa roja.- miré a la Reina.
-Es la misma que la rosa de la pulsera, pero con esta marca no necesitaras  la pulsera. Es mas resistente ya que si la rosa sufriera algún altercado no ocurriría nada, la cicatrización la regeneraría.-dijo  mientras los consejeros que estaban de pies se sentaba de nuevo en sus sitios.- ¿estas preparada?
-Si. Gracias por todo.- la dije mientras hacia una reverencia. Después me fui.
-Una cosa más, este rango trae una consecuencia. A partir de ahora cuando muerdas alguien tendrás el poder de convertirlo, pero solo podrás hacerlo con aquellos que yo te ordene. ¿Entiendes?
-Si, majestad

Camino de mi habitación me encontré con Krory que me había visto salir de la sala del trono.

-Raisa, ¿estás bien? Por que has salido de esa sala
-Si, estoy bien, la Reina me ha nombrado Ángel Vampiro.
-Eso esta muy bien. Me alegro por ti.
-Gracias, creo- dije en voz baja- jeje.

Me fui a la habitación y del cansancio caí profundamente dormida, pero en sueños no paraba de dar vueltas buscando a Juvia. 

10/ El beso de la muerte


Al día siguiente volví a seguir a Juvia. Ella volvió a coger la puerta que la llevaba a LandIce. Cuando les encontré no estaban en el parque, estaban debajo de un árbol, me escondí detrás de otro árbol que había allí. Ellos estaban sentados en el suelo, apoyados en el tronco del árbol, Juvia tenía las piernas dobladas y se las cogía por debajo de las rodillas con las manos mientras miraba la hierba, tenía la cara colorada y no era por que hiciera frío, era por estar al lado de aquel chico. Por la mirada que tenia Juvia, perdida, y la mirada que tenia él estaban realmente enamorados.
Me dolía mucho ver esa imagen, por que de alguna manera conseguiría alejar a Juvia de él. No sabía cómo, pero lo conseguiría.
Mientras hablaban tranquilamente ella seguía estando roja hasta las orejas, y de vez en cuando asentía con la cabeza porque no le salían las palabras, pero él parecía tranquilo estando a su lado, sin poder dejar de mirarla, tenia una sonrisa marcada en la cara y cuando ella lo miraba se hacia mas grande.
No había nadie por los alrededores por lo que pude escuchar su conversación. Hablaban de todas las cosas que habían pasado cuando estaban juntos y de las peleas que habíamos tenido antes de que nos separáramos ella y yo. Pero entonces aquel chico, que no paraba de mirar a Juvia con ojos de deseo, pero en este caso no era deseo de comérsela, puso la mano más cercana a Juvia en el suelo  apoyando todo su peso en ella.

-Juvia.- la llamó, el sonido de su voz era muy suave. Ella se giró.
Cuando ella lo miró, y se sonrojó, él subió suavemente su mano libre y la colocó detrás de su cabeza, casi en la nuca, y poco a poco la fue bajando y a la vez iba acercando a Juvia a él, mientras que cerraba los ojos.

-Lavi...- Juvia dijo el nombre de ese chico mientras la iba acercando a él. Al igual que él, la voz de Juvia era prácticamente un susurro.

Finalmente Lavi consiguió juntar sus labios con los de Juvia, y esta cerró sus ojos. Los dos se fundieron en un beso, por la manera que lo había hecho, suavemente, ese era su primer beso. Un beso apasionado y tierno a la vez. Ella con los brazos aún sujetándose las piernas, soltó uno de sus brazos y lo colocó en el cuello de Lavi. Cuando se separaron Juvia abrió los ojos a la vez que él, Lavi se giró completamente hacia Juvia y la abrazó, ella se giró como pudo para quedar también frente a él y quedaron uno en brazos del otro. Los brazos de Lavi abrazaban cariñosamente a Juvia protegiéndola de cualquiera que quisiera quitársela.
Mi reacción al ver aquella escena era de enfado por todo lo que me había prometido y no cumplió, era lo que más me dolía, que me mintiera. Mientras ellos se quedaban uno en los brazos del otro, sin que me oyeran me fui. De todas las veces que había ido a espiarles Juvia podría haber sabido que yo estaba allí, pero mi olor desaparecía cuando él estaba a su lado.
Volví a la sede de los vampiros y esperé a Juvia en mí habitación. Cuando la escuché pasar abrí la puerta y la metí en mi habitación tirando de ella.

-Raisa, ¿Qué haces?
-Dime, ¿donde has estado?
-Cazando, como todos los días.
-¡No me mientas!- dije levantando la voz
-Es la verdad. Créeme.
-¿De verdad?- hice aparecer un cuchillo en mi mano y me corté en el antebrazo, desde la muñeca al codo, dolía pero tenía que aguantarlo. La herida era profunda para que saliera sangre, cicatrizó rápidamente pero la sangré siguió estando. Los ojos de Juvia se volvieron rojos en seguida. Y se abalanzó a por la sangre. De la fuerza con la que lo hacia no pude detenerla, me tiró al suelo y comenzó a lamer la sangre que tenía en el brazo. Una vez que hubo terminado sacó sus colmillos y no dudó en morderme y comenzar a succionar. Sentia que la sangre me iba abandonando el cuerpo.

-¡Juvia, para me vas a matar!- la grité e intenté detenerla, pero ella no paraba.

Las fuerzas comenzaban a desaparecerme, ya no podía ni intentar apartarla. Una figura alta y salvaje abrió la puerta y quitó a Juvia de encima de mí. Los agujeros de los colmillos se cerraron.  Sentí como las fuerzas me reaparecían rápidamente.

-Pero que pasa?- dijo la figura que acababa de entrar en la habitación.- ¿Estáis locas? Juvia, como se te ocurre morderla, si tienes hambre ya sabes lo que tienes que hacer.

Ella sin decir nada mas salió corriendo de mi habitación. La figura se acercó a mí.

-Raisa, ¿se puede saber que ha pasado?
-Nada. Todo está bien.
-¿Cómo que todo está bien? ¿¡Raisa, es que no te das cuenta de que casi te mata!?
-Las cosas entre las dos están muy claras, no hay nada mas que hablar.-Me levanté del suelo y me marché de la habitación.

Acabé en el bar, bebiendo un poco para recuperar las fuerzas que ella me había quitado. Después volví a la habitación.

9/ Uno contra uno


Al día siguiente volví a seguirla, al menos hasta la puerta, volvía LandIce, no entré en la puerta, es que no podía verlo. No podía ver como me mentía. Me fui a otra ciudad, estaba tan cabreada que en cuanto vi como un hombre robaba a una mujer, me fui a por aquel hombre. Le pillé en un callejón sin salida, en el que se metió él solo cuando escapaba de la policía. Ni siquiera intenté no hacer ruido cuando estuvo solo me tiré a por él y le maté. Cuando la policía llegó ya estaba muerto.
No volví a la sede durante dos días, me quedé allí en esa cuidad haciendo lo que sabia hacer, haciendo lo mismo que hacían los de mi especie, matar. Maté a varias personas hasta que volví a encontrarme con un diestro adversario.  Estaba en un edificio abandonado a plena luz del día. Cuando Yû apareció, acababa de matar a un traficante de droga.

-Todos sois basura.- dije cuando le maté y le succioné la sangre.
-En eso estoy de acuerdo contigo.- me giré rápidamente. Detrás de mí, a unos pasos había una persona. Su voz era seria. Me limpié la sangre de mi barbilla.
-Oh, así que has vuelto. – dije mientras giraba completamente, para poder mirarle de frente. - ¿es que no tienes asignado otro vampiro al que incordiar?
-No, tú eres la única, cuando estas en movimiento me llaman a mí para que… ya sabes.
-Me mates. ¿Que ocurre no puedes decirlo?, eres un caza-vampiros, esa es tu misión- puse la mano derecha en mi cintura.
-Si, bueno da igual. Pero que veo no está la otra vampira es raro no veros juntas. No estará escondida para lanzar un ataque sorpresa sobre mí.- dijo mientras mostró una sonrisa desafiante.
-No, no está no tienes de que preocuparte, estoy yo sola. Además tu también estas solo o me equivoco. – Miré a mí alrededor.-  O es que tu amiguito el conejo está acechándome por algún lugar.
-Tks, ese conejo, a saber o que está haciendo.- dijo mirando hacia otro lado.
-Si yo te contara- dije en voz baja para que no me oyera y mirando hacia otro lado también.
-Ese conejo solo sabe estorbar.
-Oh, vamos Yû por que dices eso de un compañero, eso no está bien.- me burlé de él. En las últimas batallas había averiguado que no le gusta que le llamen Yû, pero yo lo seguía haciendo ya que no sabía como se llamaba, y además me gustaba picarle.
-¿Que ocurre? hoy no sacas tu katana, ¿no vas a usar tus habilidades conmigo?- me dijo.
-Acabo de matar a una persona tengo la suficiente fuerza como para no tener que usarla. Además hoy no estoy de humor para luchar, me retiro. Ya quedaremos en otra ocasión, y será la última.

Otra de las habilidades de los vampiros era que se podían transformar en un murciélago. Fue lo que hice para salir de allí, transformarme en murciélago gigante, así se diferencian de los murciélagos normales, los cuales son más pequeños.
Volví a la sede y esperaba que Juvia estuviera allí, estaba en su  habitación durmiendo con una gran sonrisa en su cara, debía de estar soñando con él. Durante los días siguientes estuve siguiendo a Juvia día si y día no. Los días que la seguía veía que se lo pasaba muy bien con ese caza-vampiros. Estaban muy unidos, pero no podía seguir mucho tiempo con eso. Los días que no la seguía me iba a cazar y en la mayoría de ellos me encontraba con el caza-vampiros de la katana.

-¿Que ocurre? Sigues sola, ¿es que os habéis enfadado?
-Contéstame a algo. ¿Tú sabes donde está tu compañero? ese al que llamas conejo.
-No, ¿por que?
-Tenía curiosidad. ¿Tú no?
-No es asunto mío, que haga lo que quiera mientras no interfiera con mi trabajo. – Dijo desenvainando la katana.- ¿Qué, hoy vas a luchar o volverás a huir? como huiste aquella vez.
-Tengo que descargar un montón de furia. Así que lucharé pero no lo haré con la katana. – abrí las alas de murciélago.
-Vaya, esto se pondrá interesante.- en esta transformación los ojos se volvían rojos por si solos
-Cuando quieras.

Comenzó a correr hacia mí con la katana bien sujeta y comenzó a atacarme con ella, pero a la velocidad a la que iba era casi imposible darme. Casi por que alguna vez me cortó en la parte del estómago, pero cicatrizó rápido.

-Sabes, me he acostumbrado a nuestras peleas, cada vez que lucho contra ti te haces más apetecible. ¿De verdad que no me dejas morderte?
-Me alegro de que te guste, pero no vas a probar una gota de mi sangre- dijo mientras volvía atacarme con la katana.- Ningento (Segunda Ilusión)- de repente su única espada se transformó en dos, uniéndose detrás de él con un rayo de luz verde.
-Vaya, tienes mas agilidades de lo que me esperaba. Pero solo es una ilusión, ¿verdad?
-Vampira lista-. Dijo mostrándome una leve sonrisa.- pero aunque sea una ilusión corta de la misma manera-. Volvió a atacarme, ahora con las dos Katanas.

Volé hasta ponerme detrás de él, golpeándole un par de veces, hasta que me agarré a él desde la espalda. Pero enseguida, se dio la vuelta y me atacó pero no consiguió herirme. Volé y me coloqué en lo alto de una viga.

-Aclárame una cosa tienes la edad que aparentas, o eres de esos vampiros que tienen 200 años y aparentan 30.- me dijo, mientras me miraba desde el suelo.
-¿Me estas llamando vieja?
-Solo era curiosidad.
-Pues… no te lo diré, adivínalo tú, haber si aciertas.
-Pues yo diría que eres de la de segundo tipo.
-Descarado. No has acertado. Para tu información tengo la edad que aparento. Bueno un año menos.- dije en voz baja.
-Así y ¿cuanto es?-Me dijo, parecía bastante curioso para lo que aparentaba.
-Serás.- me abalancé sobre él y conseguí tirarle al suelo, yo me puse encima de él atrapándole las piernas y los brazos para que no se moviera. – eso no se le pregunta a una dama, es de mala educación.
-¿Una dama? Yo no veo ninguna.-Dijo con sonrisa burlona.
-Que gracioso. Mira, ahora te tengo en la posición que quería, podría morderte, pero… resulta menos divertido si se hace así.
-Entonces por que no te quitas de encima de mí.- dijo con una sonrisita. Con ella me puse colorada. Salí volando y volví a subirme a la viga.- ¿Te ocurre algo?
-Lo siento debo irme.
-Pero si no hemos terminado la pelea.- salí volando de allí volví a huir como la ultima vez.

Pero que me pasaba, me había puesto colorada cuando él me sonrió, eso no era normal en mí y menos con un caza-vampiros, yo les odiaba. Todo esto me estaba afectando bastante tenia que hacer algo ya no podía dejarlo pasar más. Tenía un plan en mente pero era muy arriesgado llevarlo a cabo tenia que encontrar otra manera. 

8/ El Secreto incontable


Los siguientes días, como ya dije, nos encontramos con ellos en distintos lugares y siempre pasaba lo mismo. Unas veces parecía que íbamos a ganar nosotras otro día ellos, pero siempre ocurría lo mismo, desde la primera vez que nos encontramos, Juvia y ese Usagi, así le llamaba Yû, se quedaban parados uno delante del otro sin decir nada. Juvia no quería reconocerlo pero llevando tantos años con ella sabia que sus “no”  en realidad eras “sí”.
Llegando a la Sede tras cazar a un asesino, en la que Juvia no había participado si no que se había quedado encima de un edificio sin hacer otra cosa que mirar a la nada, la agarré y me la llevé a mi habitación. Tiré de ella hasta que entramos en la habitación. Una vez dentro la tiré sobre la cama.

-¿Qué crees que haces?-. Dijo. Cerré la puerta con llave.
-¡Ya estoy harta dime de una vez que te pasa, hace días que no me ayudas a cazar, te quedas sentada, mirando a la lejanía y no dices nada!-insistí.
-No es nada…- dijo mientras miraba al suelo.
-No me mientras, Juvia llevamos muchos años juntas y te conozco, no puedes engañarme.- me apoyé en la pared.
-De verdad que nos es nada, tengo días malos.
-Últimamente tienes muchos días malos, ¿no es así? Y ya no me vale eso de tener la regla por que nosotras no podemos tenerla.
-Ya lo se,  pero es que no me entran ganas de matar.
-No es eso a lo que me refiero y lo sabes, me da igual que no caces. Me refiero a cuando nos encontramos con los caza-vampiros, cuando te quedas parada sin hacer nada.
-No lo se. Es que cuando veo a ese chico, las ganas de pelear vuelan, desaparecen.
-Él te gusta no es así.
-No, no, ¿de donde te sacas eso?- dijo distraída, y sin confianza en las palabras que decía.
-De todas las veces que te quedas parado frente a él. Juvia sabes que cuando se trata de chicos te he apoyado siempre, es mas, muchas de esas veces yo misma te ayudo, pero esta vez no puedo, no puedo dejar que vuelvas a verte con él. Lo siento pero no puedo aprobarlo.
-Si, lo se yo tampoco, tengo que olvidarme de él.
-Me lo prometes… Juvia de veras que lo siento pero es que si algo te ocurriera seguramente me volvería loca…
-Si, te lo prometo, conseguiré olvidarme de él.
-Vale.- me acerqué a ella y nos abrazamos.
-Pero si no te importa, creo que a partir de ahora iré sola a cazar, cada una caza a su manera, es lo mejor para las dos.
-Vale, sin problemas.- las dos sonreímos.

La tomé la palabra, confiaba en ella.
Desde ese momento cada una salía por su cuenta a cazar, algunos días la preguntaba si quería ir a cazar, pero me decía que acababa de volver o cosas por el estilo. Realmente confiaba en ella pero estaba preocupada ya nunca hablábamos y a penas nos veíamos.
Un día mientras caminaba por los pasillos de la sede buscando a Juvia, me encontré con Krory que se dirigía seguramente a su habitación.

-Hola Krory ¿has visto a Juvia? Hace tiempo que no la veo y la estoy buscando.-dije mientras miraba a todos lados.
-La vi irse hace un rato hacia una de las puertas.- dijo mientras me señalaba con el dedo hacia atrás.
-¿Y sabes a cual?
-Creo que cogió la puerta de LandIce.
-“La cuidad de hielo. Creo que algo malo esta pasando”.- dije pensativa.
-¿No puedes comunicarte con ella?
-No, últimamente a hemos ido por libre y me ha desconectado
-Es muy raro en ella. Deberías ir a ver que la pasa puede que tenga problemas y no te lo quiera decir.
-No lo se, iré a ver, gracias-. Me fui diciendo le adiós con la mano

Busqué la puerta que me llevaba a la cuidad de LandIce. Cuando la encontré pasé por ella.
Cuando llegué al centro de la ciudad comencé a buscar a Juvia. No me resultó difícil encontrarla y menos cuando reconocí el olor de su sangre. Estaba en un parque de la ciudad, cuando me iba acercando pude oír risas, pero no eran la risa de Juvia, esa voz era de un chico. Y no cualquier chico. Cuando me acerqué le reconocí, era el mismo chico con el que Juvia peleó la primera vez. Ellos estaban sentados en los columpios, cada uno en uno, hablando y riéndose. Juvia estaba muy sonrojada tanto que su cara tenía el mismo color que el pelo de aquel chico, y una enorme sonrisa en su cara, nunca la había visto así desde antes de ser vampiras. Escuché parte de su conversación.  Y por las cosas que decían no era la primera vez que quedaban, una de las cosas que estaban recordando era la primera vez que se vieron, cuando los dos se quedaron uno enfrente del otro. Una ráfaga de aire sopló y al estar en una ciudad hecha de hielo el aire era muy frío. Los vampiros no notamos ni el frío ni el calor, aun así aquel chico se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros a Juvia. Ella no vio como se quitaba la chaqueta y se la ponía, por que estaba mirando al suelo, pero cuando aquel chico acarició su hombro su cara se volvió a poner roja.  En ese momento aunque no estaba segura de por que lo iba ha hacer pero les dejé solos volví a la sede, bastante enfadada.
Cuando estaba caminando por los pasillos decidí ir a ver a Krory, llegué a su habitación. Toqué la puerta y me abrió.

-Raisa, ¿estás bien? No tienes buena cara.
-Si, estoy bien. ¿Puedo pasar?
-Claro.- cerró la puerta cuando entré y me invitó a sentarme en la cama.-dime ¿que te ocurre?
-Tengo que hablar con alguien. Pero no tengo a nadie.
-¿Y Juvia?
-No la he encontrado.- Le mentí-. Por eso necesito hablar con alguien.
-Dime.-me dijo.
-En un caso hipotético, si un vampiro rompe las normas, crees que otro vampiro que es muy amigo del primero ¿tiene que acusarle?
-Dime lo que ocurre, sin dar rodeos.
-Solo contéstame, por favor.- le dije con lagrimas en los ojos.
-Yo si fuera el segundo vampiro, esperaría y hablaría con el primero después, si no ha funcionado, actuaría como una verdadera… verdadero amigo. En caso hipotético, claro.
-Si, es lo mejor.- me dije a mi misma en voz alta, mirando hacia el techo y suspirando.
-Me alegra haberte ayudado.- dijo mientras me levantaba y me iba-. Pero si se trata de vosotras debes estar totalmente segura, recuerda lo que te he dicho. – no le miré mientras me lo decía.

Volví a mi habitación y pensé en todo lo que me dijo Krory. Tenia que hablar con Juvia de lo que hacia, pero seguro que se enfadaría si supiera que la he espiado. ¿Qué debía hacer?
Esperé a que Juvia volviera, cuando olí su sangre fui a su habitación, llamé a la puerta y abrió una rendija.  Pensé que se alegraría de verme después de tanto tiempo pero su reacción no fue de alegría, fue de sorpresa.

-Hola Juvia, ¿puedo pasar?
-Si claro-. Me abrió y pasé, me senté en la cama.
-¿Qué tal? hace mucho que no nos vemos.
-Si, es verdad.- dijo en tono asustado mientras cerraba la puerta. Después se apoyó en ella.
-Bueno y dime ¿que has hecho?- se sentó a mi lado.
-Que te parece si un día vamos a cazar juntas, hace mucho que no lo hacemos.
-Claro… estaría bien.- estaba con la cara agachada mirando hacia sus manos, las cuales no paraba de moverlas.
-Bueno, yo me voy que seguro que estarás cansada-me levanté de la cama y me dirigí a la puerta.- Juvia, dime, tú no me mentirías verdad.
-No claro que no.-me miró por primera vez.
-Vale.-abrí la puerta- por cierto me gusta tu colgante. Te pega mucho- cuando se lo dije dio un pequeño bote en la cama. Sin apartar la vista del suelo se agarró el colgante. Me fui a mi habitación.

El colgante, un copo de nieve, que Juvia tenía puesto nunca se lo había visto y cuando la espié tampoco lo llevaba, seguro que ese caza-vampiros se lo regaló.