Los siguientes días, como ya dije, nos encontramos con ellos
en distintos lugares y siempre pasaba lo mismo. Unas veces parecía que íbamos a
ganar nosotras otro día ellos, pero siempre ocurría lo mismo, desde la primera
vez que nos encontramos, Juvia y ese Usagi, así le llamaba Yû, se quedaban parados
uno delante del otro sin decir nada. Juvia no quería reconocerlo pero llevando
tantos años con ella sabia que sus “no”
en realidad eras “sí”.
Llegando a la Sede
tras cazar a un asesino, en la que Juvia no había participado si no que se
había quedado encima de un edificio sin hacer otra cosa que mirar a la nada, la
agarré y me la llevé a mi habitación. Tiré de ella hasta que entramos en la
habitación. Una vez dentro la tiré sobre la cama.
-¿Qué crees que haces?-. Dijo. Cerré la puerta con llave.
-¡Ya estoy harta dime de una vez que te pasa, hace días que
no me ayudas a cazar, te quedas sentada, mirando a la lejanía y no dices nada!-insistí.
-No es nada…- dijo mientras miraba al suelo.
-No me mientras, Juvia llevamos muchos años juntas y te
conozco, no puedes engañarme.- me apoyé en la pared.
-De verdad que nos es nada, tengo días malos.
-Últimamente tienes muchos días malos, ¿no es así? Y ya no me
vale eso de tener la regla por que nosotras no podemos tenerla.
-Ya lo se, pero es que
no me entran ganas de matar.
-No es eso a lo que me refiero y lo sabes, me da igual que no
caces. Me refiero a cuando nos encontramos con los caza-vampiros, cuando te
quedas parada sin hacer nada.
-No lo se. Es que cuando veo a ese chico, las ganas de pelear
vuelan, desaparecen.
-Él te gusta no es así.
-No, no, ¿de donde te sacas eso?- dijo distraída, y sin
confianza en las palabras que decía.
-De todas las veces que te quedas parado frente a él. Juvia
sabes que cuando se trata de chicos te he apoyado siempre, es mas, muchas de
esas veces yo misma te ayudo, pero esta vez no puedo, no puedo dejar que
vuelvas a verte con él. Lo siento pero no puedo aprobarlo.
-Si, lo se yo tampoco, tengo que olvidarme de él.
-Me lo prometes… Juvia de veras que lo siento pero es que si
algo te ocurriera seguramente me volvería loca…
-Si, te lo prometo, conseguiré olvidarme de él.
-Vale.- me acerqué a ella y nos abrazamos.
-Pero si no te importa, creo que a partir de ahora iré sola a
cazar, cada una caza a su manera, es lo mejor para las dos.
-Vale, sin problemas.- las dos sonreímos.
La tomé la palabra, confiaba en ella.
Desde ese momento cada una salía por su cuenta a cazar,
algunos días la preguntaba si quería ir a cazar, pero me decía que acababa de
volver o cosas por el estilo. Realmente confiaba en ella pero estaba preocupada
ya nunca hablábamos y a penas nos veíamos.
Un día mientras caminaba por los pasillos de la sede buscando
a Juvia, me encontré con Krory que se dirigía seguramente a su habitación.
-Hola Krory ¿has visto a Juvia? Hace tiempo que no la veo y
la estoy buscando.-dije mientras miraba a todos lados.
-La vi irse hace un rato hacia una de las puertas.- dijo
mientras me señalaba con el dedo hacia atrás.
-¿Y sabes a cual?
-Creo que cogió la puerta de LandIce.
-“La cuidad de hielo. Creo que algo malo esta pasando”.- dije
pensativa.
-¿No puedes comunicarte con ella?
-No, últimamente a hemos ido por libre y me ha desconectado
-Es muy raro en ella. Deberías ir a ver que la pasa puede que
tenga problemas y no te lo quiera decir.
-No lo se, iré a ver, gracias-. Me fui diciendo le adiós con
la mano
Busqué la puerta que me llevaba a la cuidad de LandIce.
Cuando la encontré pasé por ella.
Cuando llegué al centro de la ciudad comencé a buscar a
Juvia. No me resultó difícil encontrarla y menos cuando reconocí el olor de su
sangre. Estaba en un parque de la ciudad, cuando me iba acercando pude oír
risas, pero no eran la risa de Juvia, esa voz era de un chico. Y no cualquier
chico. Cuando me acerqué le reconocí, era el mismo chico con el que Juvia peleó
la primera vez. Ellos estaban sentados en los columpios, cada uno en uno,
hablando y riéndose. Juvia estaba muy sonrojada tanto que su cara tenía el
mismo color que el pelo de aquel chico, y una enorme sonrisa en su cara, nunca
la había visto así desde antes de ser vampiras. Escuché parte de su
conversación. Y por las cosas que decían
no era la primera vez que quedaban, una de las cosas que estaban recordando era
la primera vez que se vieron, cuando los dos se quedaron uno enfrente del otro.
Una ráfaga de aire sopló y al estar en una ciudad hecha de hielo el aire era
muy frío. Los vampiros no notamos ni el frío ni el calor, aun así aquel chico
se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros a Juvia. Ella no vio como
se quitaba la chaqueta y se la ponía, por que estaba mirando al suelo, pero
cuando aquel chico acarició su hombro su cara se volvió a poner roja. En ese momento aunque no estaba segura de por
que lo iba ha hacer pero les dejé solos volví a la sede, bastante enfadada.
Cuando estaba caminando por los pasillos decidí ir a ver a
Krory, llegué a su habitación. Toqué la puerta y me abrió.
-Raisa, ¿estás bien? No tienes buena cara.
-Si, estoy bien. ¿Puedo pasar?
-Claro.- cerró la puerta cuando entré y me invitó a sentarme
en la cama.-dime ¿que te ocurre?
-Tengo que hablar con alguien. Pero no tengo a nadie.
-¿Y Juvia?
-No la he encontrado.- Le mentí-. Por eso necesito hablar con
alguien.
-Dime.-me dijo.
-En un caso hipotético, si un vampiro rompe las normas, crees
que otro vampiro que es muy amigo del primero ¿tiene que acusarle?
-Dime lo que ocurre, sin dar rodeos.
-Solo contéstame, por favor.- le dije con lagrimas en los
ojos.
-Yo si fuera el segundo vampiro, esperaría y hablaría con el
primero después, si no ha funcionado, actuaría como una verdadera… verdadero
amigo. En caso hipotético, claro.
-Si, es lo mejor.- me dije a mi misma en voz alta, mirando
hacia el techo y suspirando.
-Me alegra haberte ayudado.- dijo mientras me levantaba y me
iba-. Pero si se trata de vosotras debes estar totalmente segura, recuerda lo
que te he dicho. – no le miré mientras me lo decía.
Volví a mi habitación y pensé en todo lo que me dijo Krory.
Tenia que hablar con Juvia de lo que hacia, pero seguro que se enfadaría si
supiera que la he espiado. ¿Qué debía hacer?
Esperé a que Juvia volviera, cuando olí su sangre fui a su
habitación, llamé a la puerta y abrió una rendija. Pensé que se alegraría de verme después de
tanto tiempo pero su reacción no fue de alegría, fue de sorpresa.
-Hola Juvia, ¿puedo pasar?
-Si claro-. Me abrió y pasé, me senté en la cama.
-¿Qué tal? hace mucho que no nos vemos.
-Si, es verdad.- dijo en tono asustado mientras cerraba la
puerta. Después se apoyó en ella.
-Bueno y dime ¿que has hecho?- se sentó a mi lado.
-Que te parece si un día vamos a cazar juntas, hace mucho que
no lo hacemos.
-Claro… estaría bien.- estaba con la cara agachada mirando
hacia sus manos, las cuales no paraba de moverlas.
-Bueno, yo me voy que seguro que estarás cansada-me levanté
de la cama y me dirigí a la puerta.- Juvia, dime, tú no me mentirías verdad.
-No claro que no.-me miró por primera vez.
-Vale.-abrí la puerta- por cierto me gusta tu colgante. Te
pega mucho- cuando se lo dije dio un pequeño bote en la cama. Sin apartar la
vista del suelo se agarró el colgante. Me fui a mi habitación.
El colgante, un copo de nieve, que Juvia tenía puesto nunca
se lo había visto y cuando la espié tampoco lo llevaba, seguro que ese caza-vampiros
se lo regaló.
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