8/ El Secreto incontable


Los siguientes días, como ya dije, nos encontramos con ellos en distintos lugares y siempre pasaba lo mismo. Unas veces parecía que íbamos a ganar nosotras otro día ellos, pero siempre ocurría lo mismo, desde la primera vez que nos encontramos, Juvia y ese Usagi, así le llamaba Yû, se quedaban parados uno delante del otro sin decir nada. Juvia no quería reconocerlo pero llevando tantos años con ella sabia que sus “no”  en realidad eras “sí”.
Llegando a la Sede tras cazar a un asesino, en la que Juvia no había participado si no que se había quedado encima de un edificio sin hacer otra cosa que mirar a la nada, la agarré y me la llevé a mi habitación. Tiré de ella hasta que entramos en la habitación. Una vez dentro la tiré sobre la cama.

-¿Qué crees que haces?-. Dijo. Cerré la puerta con llave.
-¡Ya estoy harta dime de una vez que te pasa, hace días que no me ayudas a cazar, te quedas sentada, mirando a la lejanía y no dices nada!-insistí.
-No es nada…- dijo mientras miraba al suelo.
-No me mientras, Juvia llevamos muchos años juntas y te conozco, no puedes engañarme.- me apoyé en la pared.
-De verdad que nos es nada, tengo días malos.
-Últimamente tienes muchos días malos, ¿no es así? Y ya no me vale eso de tener la regla por que nosotras no podemos tenerla.
-Ya lo se,  pero es que no me entran ganas de matar.
-No es eso a lo que me refiero y lo sabes, me da igual que no caces. Me refiero a cuando nos encontramos con los caza-vampiros, cuando te quedas parada sin hacer nada.
-No lo se. Es que cuando veo a ese chico, las ganas de pelear vuelan, desaparecen.
-Él te gusta no es así.
-No, no, ¿de donde te sacas eso?- dijo distraída, y sin confianza en las palabras que decía.
-De todas las veces que te quedas parado frente a él. Juvia sabes que cuando se trata de chicos te he apoyado siempre, es mas, muchas de esas veces yo misma te ayudo, pero esta vez no puedo, no puedo dejar que vuelvas a verte con él. Lo siento pero no puedo aprobarlo.
-Si, lo se yo tampoco, tengo que olvidarme de él.
-Me lo prometes… Juvia de veras que lo siento pero es que si algo te ocurriera seguramente me volvería loca…
-Si, te lo prometo, conseguiré olvidarme de él.
-Vale.- me acerqué a ella y nos abrazamos.
-Pero si no te importa, creo que a partir de ahora iré sola a cazar, cada una caza a su manera, es lo mejor para las dos.
-Vale, sin problemas.- las dos sonreímos.

La tomé la palabra, confiaba en ella.
Desde ese momento cada una salía por su cuenta a cazar, algunos días la preguntaba si quería ir a cazar, pero me decía que acababa de volver o cosas por el estilo. Realmente confiaba en ella pero estaba preocupada ya nunca hablábamos y a penas nos veíamos.
Un día mientras caminaba por los pasillos de la sede buscando a Juvia, me encontré con Krory que se dirigía seguramente a su habitación.

-Hola Krory ¿has visto a Juvia? Hace tiempo que no la veo y la estoy buscando.-dije mientras miraba a todos lados.
-La vi irse hace un rato hacia una de las puertas.- dijo mientras me señalaba con el dedo hacia atrás.
-¿Y sabes a cual?
-Creo que cogió la puerta de LandIce.
-“La cuidad de hielo. Creo que algo malo esta pasando”.- dije pensativa.
-¿No puedes comunicarte con ella?
-No, últimamente a hemos ido por libre y me ha desconectado
-Es muy raro en ella. Deberías ir a ver que la pasa puede que tenga problemas y no te lo quiera decir.
-No lo se, iré a ver, gracias-. Me fui diciendo le adiós con la mano

Busqué la puerta que me llevaba a la cuidad de LandIce. Cuando la encontré pasé por ella.
Cuando llegué al centro de la ciudad comencé a buscar a Juvia. No me resultó difícil encontrarla y menos cuando reconocí el olor de su sangre. Estaba en un parque de la ciudad, cuando me iba acercando pude oír risas, pero no eran la risa de Juvia, esa voz era de un chico. Y no cualquier chico. Cuando me acerqué le reconocí, era el mismo chico con el que Juvia peleó la primera vez. Ellos estaban sentados en los columpios, cada uno en uno, hablando y riéndose. Juvia estaba muy sonrojada tanto que su cara tenía el mismo color que el pelo de aquel chico, y una enorme sonrisa en su cara, nunca la había visto así desde antes de ser vampiras. Escuché parte de su conversación.  Y por las cosas que decían no era la primera vez que quedaban, una de las cosas que estaban recordando era la primera vez que se vieron, cuando los dos se quedaron uno enfrente del otro. Una ráfaga de aire sopló y al estar en una ciudad hecha de hielo el aire era muy frío. Los vampiros no notamos ni el frío ni el calor, aun así aquel chico se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros a Juvia. Ella no vio como se quitaba la chaqueta y se la ponía, por que estaba mirando al suelo, pero cuando aquel chico acarició su hombro su cara se volvió a poner roja.  En ese momento aunque no estaba segura de por que lo iba ha hacer pero les dejé solos volví a la sede, bastante enfadada.
Cuando estaba caminando por los pasillos decidí ir a ver a Krory, llegué a su habitación. Toqué la puerta y me abrió.

-Raisa, ¿estás bien? No tienes buena cara.
-Si, estoy bien. ¿Puedo pasar?
-Claro.- cerró la puerta cuando entré y me invitó a sentarme en la cama.-dime ¿que te ocurre?
-Tengo que hablar con alguien. Pero no tengo a nadie.
-¿Y Juvia?
-No la he encontrado.- Le mentí-. Por eso necesito hablar con alguien.
-Dime.-me dijo.
-En un caso hipotético, si un vampiro rompe las normas, crees que otro vampiro que es muy amigo del primero ¿tiene que acusarle?
-Dime lo que ocurre, sin dar rodeos.
-Solo contéstame, por favor.- le dije con lagrimas en los ojos.
-Yo si fuera el segundo vampiro, esperaría y hablaría con el primero después, si no ha funcionado, actuaría como una verdadera… verdadero amigo. En caso hipotético, claro.
-Si, es lo mejor.- me dije a mi misma en voz alta, mirando hacia el techo y suspirando.
-Me alegra haberte ayudado.- dijo mientras me levantaba y me iba-. Pero si se trata de vosotras debes estar totalmente segura, recuerda lo que te he dicho. – no le miré mientras me lo decía.

Volví a mi habitación y pensé en todo lo que me dijo Krory. Tenia que hablar con Juvia de lo que hacia, pero seguro que se enfadaría si supiera que la he espiado. ¿Qué debía hacer?
Esperé a que Juvia volviera, cuando olí su sangre fui a su habitación, llamé a la puerta y abrió una rendija.  Pensé que se alegraría de verme después de tanto tiempo pero su reacción no fue de alegría, fue de sorpresa.

-Hola Juvia, ¿puedo pasar?
-Si claro-. Me abrió y pasé, me senté en la cama.
-¿Qué tal? hace mucho que no nos vemos.
-Si, es verdad.- dijo en tono asustado mientras cerraba la puerta. Después se apoyó en ella.
-Bueno y dime ¿que has hecho?- se sentó a mi lado.
-Que te parece si un día vamos a cazar juntas, hace mucho que no lo hacemos.
-Claro… estaría bien.- estaba con la cara agachada mirando hacia sus manos, las cuales no paraba de moverlas.
-Bueno, yo me voy que seguro que estarás cansada-me levanté de la cama y me dirigí a la puerta.- Juvia, dime, tú no me mentirías verdad.
-No claro que no.-me miró por primera vez.
-Vale.-abrí la puerta- por cierto me gusta tu colgante. Te pega mucho- cuando se lo dije dio un pequeño bote en la cama. Sin apartar la vista del suelo se agarró el colgante. Me fui a mi habitación.

El colgante, un copo de nieve, que Juvia tenía puesto nunca se lo había visto y cuando la espié tampoco lo llevaba, seguro que ese caza-vampiros se lo regaló.

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