12/ Ataque al Cuartel


Cuando me desperté al día siguiente, y como la Reina me había dicho noté los resultados, podía oler desde mi habitación la sangre que venia del bar, con mas potencia de lo que lo hacia antes. El rango que me habían otorgado era por haber matado a mucha gente, por una parte estaba contenta, pero por otro lado estaba triste por la misma razón, por que había matado a gente. Pero era un cargo muy importante y lo que más me preocupaba eran los sentimientos que tuve cuando aquel caza-vampiros me sonrió.

-Estoy segura de que siendo lo que soy ahora podré alejarme de todo aquello, no quiero que me vuelva a pasar.- dije en voz alta-. Yo odio a los caza-vampiros.- dije para convencerme.

Me dirigí a una de las puertas, cualquiera daba igual solo quería probar como se sentía al volar con aquellas alas. Atravesé la puerta y vi la ciudad a lo lejos así que abrí mis nuevas alas y me dispuse a volar. La velocidad había aumentado, aunque las alas pesaban más, me acostumbre rápidamente. 
Mientras sobrevolaba la ciudad vi que el sol estaba a punto de salir y decidí quedarme en el edificio más alto para verlo. Era precioso ver aquello. Desde lo alto del edificio podía ver a las personas dirigirse a sus negocios.
Aún seguía preocupada por Juvia. Tenía que encontrarla. Entonces mientras caminaba por un bosque cercano a la ciudad noté una ráfaga de aire que tenia el aroma de Juvia. Debía de estar muy cerca por que el aroma era muy intenso, pero no fue el único aroma que percibí. El otro aroma me resultaba familiar. Seguí ese aroma y me llevó hasta una casa en el bosque. Pero allí no había nadie solo una casa, era extraño por que el aroma de la sangre de Juvia estaba por todas partes, debió de estar allí pero se marchó. El rastro de ella no seguía así que  marché de allí.
Volví a la sede y me fui a LandIce, les encontré en el mismo lugar donde se besaron, el estaba tumbado con la cabeza puesta en las rodillas de Juvia. Lavi la acariciaba el pelo suavemente, y de vez en cuando acariciaba su mejilla. Mientras ella le acariciaba el pelo a él. Los dos estaban perdidos en la mirada del otro, no pronunciaban palabra pero podían comunicarse el uno con el otro a través de sus gestos. Juvia se había envuelto del olor de aquel caza-vampiros y no reconocía que yo estuviera allí.
Como amiga de Juvia estaba feliz de que encontrara a alguien que la quisiera. Pero como vampiro, y más ahora como Ángel Vampiro, no podía dejar que las cosas siguieran su curso, tenía que parar esto de alguna manera. Cuando anocheció, él la acompañó todo lo cerca que podía de la puerta de la sede y se despidió dándola un gran beso acompañado de un abrazo tierno. Ella entró en la puerta y desapareció al igual que su aroma. Yo mientras visualizaba aquella escena escondida tras un edificio, esta vez no iba a volver tenía que poner las cosas en su sitio.

¡Ozuchi Kozuchi!- el martillo que tenía en la mano comenzó a estirarse desde el palo. Se subió en el a modo de escoba y comenzó a volar, por así decirlo. Cuando el martillo en sí se fue recogiendo abrí mis alas y lo seguí.

Pasé por varias ciudades, unas con más gente otras con menos pero, todas iguales hasta que vi delante de mí a Lavi. Estaba quieto esperando a que su martillo volviera a la forma original. Después se lo guardo en el pantalón, y siguió su camino. La ciudad en la que estaba era como cualquier otra, a excepción de su olor, allí debía ser donde los caza-vampiros tenían su sede por que toda la ciudad estaba impregnada con el olor de ellos, y con el de los humanos que vivan en ella. Con tantos caza-vampiros estoy segura de que esa ciudad era la más segura de todas, en cuanto a vampiros se refiere.
Lavi iba distraído, no se había dado cuanta de que alguien le estaba siguiendo. Mejor para mí no quería que mi plan se echara a perder. Caminaba por las calles de la ciudad sin preocupaciones, con ambas manos detrás de la cabeza y seguramente una gran sonrisa en su rostro lleno de felicidad.

-¡Lavi, Lavi!-escuché que alguien lo llamaba. Hasta él llegó una chica de pelo largo y verde oscuro recogido en dos coletas, acompañada por un chico con el pelo blanco que le llegaba casi por los hombros.

Los dos llevaban el mismo tipo de traje que Lavi, debían ser caza-vampiros también. Por suerte no me vieron. Ella no tenia nada extraño pero el chico del pelo blanco tenia una marca en el ojo izquierdo que no me daba buena espina.
Seguí a los tres por las calles de la ciudad hasta que llegaron aun gran edificio  a las afueras de la cuidad pero no pude acercarme, si me acercaba allí sola sería como suicidarme. Le vi entrar y me quedé esperando a que volviera a salir. El sol estaba saliendo cuando salió acompañado de alguien familiar, era Yû. Lavi tenía cara de felicidad mientras que Yû tenía cara enfadada, era distinta a la de otras veces. Era mi oportunidad si iban los dos solos probablemente Yû no dejaría que le pasara nada a Lavi, aunque no se llevaran bien eran compañeros. Les seguí a una distancia prudente ya que aunque Lavi no me detectara, ya que no lo había hecho cuando estaba con Juvia, Yû si podría, ya lo había hecho varias veces en el pasado. Cuando salieron de la ciudad  saqué las alas y volé por encima de ellos. Siguieron caminando, discutiendo como siempre. Mientras estaba en el cielo hice aparecer en mi mano un cuchillo negro, era un cuchillo ceremonial, el mismo Azame que ya había utilizado.

-Juvia, perdóname pero es lo mejor.- cogí el cuchillo con fuerza para que no se me resbalara y me abalancé sobre ellos, mas bien me abalancé sobre Lavi, el cual seguía perdido en sus pensamientos, con la intención de clavarle el cuchillo que llevaba en la mano.

Pero Yû que estaba allí, paró mi ataque con su katana, di una vuelta en el aire y caí de pie frente a ellos, resbalándome por la arena que había en el camino, paré la caída con la mano. Mientras resbalaba tenia la cabeza agachada mirando al suelo, pero una vez que paré la levanté con fuerza y les miré a los dos.

-¿Que estas haciendo aquí?- Me dijo Yû con cara enfadada.
-Lo que mejor se hacer-sonreí con desafío- matar caza-vampiros.

Volví ha abalanzarme sobre él pero Yû volvió a cortarme el paso, se puso entre Lavi y yo.

-No te dejaré pasar.
-Yû espera te ayudo.- dijo Lavi
-¡No! tu quédate donde estás, esta es mi lucha, yo la empecé yo la voy a terminar.
-Esto será divertido.- oculté el cuchillo. Y me abalancé sobre él.

La lucha entre los dos había empezado. Mientras que él intentaba darme con su katana, yo lo esquivaba, de vez en cuando soltaba alguno de sus trucos como los insectos infernales, o la ilusión de doble katana, pero nada conseguía darme.

-No tienes escapatoria, conocemos tu debilidad.
-¿Así y cual es?
-¡KANDA!- por detrás de él aparecieron más caza-vampiros entre los que se encontraban la chica y el chico que había visto entrar con Lavi.

El chico del pelo blanco se fijó mucho en mí, su ojo izquierdo, en el que estaba la marca, comenzó a hacer cosas raras.

-Vampiro. –su brazo izquierdo tomó otra forma. El brazo se alargó hasta llegar a la mano la cual parecía una garra con los dedos muy afilados, todo ello plateado, y tenía una marca en el dorso de la mano por el cual le salía un rayo de luz verde.
-Moyashi no te metas, esta batalla es mía.
-ME LLAMO ALLEN ¡BAKANDA!-dijo enfadado el chico del pelo blanco.
-Es igual. Quedaos detrás.- les dijo Yû sin dejar de mirarme enfadado por lo que intentaba hacer.
-Sabéis, tenéis unos nombres muy raros, imagino que serán motes, Yû, Usagi, Moyashi… menos mal que sois amigos si no me preocuparía.- Yû y yo nos volvimos a abalanzar el uno contra el otro.

Yo tenía las manos desnudas, no llevaba ningún arma encima, paré su katana con mis propias manos, la sangre comenzó a caer por mis brazos y goteaba el suelo.

-Que haces aquí este no es tu territorio.
-Ya lo he dicho, he venido a matar a un caza-vampiros.
-Pero ¿por que él? ¿Qué tiene de especial?
-¡Oh! así que no te ha dicho donde se mete…
-¿A que te refieres…?- estaba muy enfadado.
-Yo no te voy a decir nada. Lo siento pero debo darme prisa, ya he esperado demasiado tiempo.
-No voy a dejarte.- Al igual que la primera vez me cortó en la muñeca. Me quedé de rodillas en el suelo.
-¡Kanda!- dijo una voz femenina. Él se agachó delante de mí y cogió la pulsera que me había cortado. Mientras los demás se acercaban a él.
-El sol está a punto de llegar, y no podrás abrir las alas, por lo que creo que esto es una despedida.- dijo mientras me miraba. La expresión de ira en su rostro era muy visible a la luz del sol que le llegaba
-Kanda que has hecho. ¿Qué es eso?- dijo acercándose la chica.
-Según Komui  esta pulsera la usan los vampiros para poder mostrarse al sol, es la segunda vez que se la quito, cuando el sol la dé, morirá.- dijo mientras me echaba una ultima mirada y se daba la vuelta.

Los demás le siguieron.
Entonces, cuando estuvieron de espaldas a mí, yo aún agachada hice aparecer en mi mano de nuevo el cuchillo. Lo agarré con fuerza me levanté y corrí hacia mi objetivo haciendo el mínimo ruido posible. Llegué hasta Lavi y sintiendo lo que iba a hacer le clavé el puñal por la espalda, en el lado izquierdo.

-Como ya he dicho-todos se giraron- he venido a matar a un caza-vampiros. Y no me iré sin que lo haga.

El sol comenzó a darme por la espalda, pero como era obvio, no me pasó nada. Tenía a Lavi cogido desde la espalda mientras mi mano  derecha todavía tenia cogido el puñal, con la otra le abrazo desde atrás, rodeándole, hasta que mi mano se posó en su cara, tapándole, pero mis dedos están abiertos y permito que vea. Los demás se quedaron observando con la boca abierta. Todos quisieron acercarse.

-No os acerquéis, todavía no está muerto, en cuanto quite el puñal comenzará a desangrarse. – la mirada de Yû era de la de un asesino, me estaba matando con la mirada.- Siento tener que hacerlo, de verdad pero es lo mejor para todos.- bajé la mano que tenia en la cara de Lavi y la puse en su hombro izquierdo. Abrí las alas y con fuerza saqué el cuchillo y me elevé.

Desde el  cielo vi como se acercaban más caza-vampiros disparando al cielo con la intención de darme a donde estaba, todos llegaban para ayudar a Lavi, mientras que Yû, o Kanda como le había llamado aquella chica, siguió mirándome sin moverse del sitio. Tenía el rostro enfadado, los ojos me apuntaban, y yo no dejaba de mirarle. Al igual que mi rostro, también enfadado, definitivamente, aquello que sentí una vez había desaparecido.
Volé hasta una ciudad alejada de allí y busqué la entrada a la Sede, que como siempre estaba en zonas desiertas.
Cuando entré a la sede lo primero que hice fue ir a la habitación de Juvia, donde como era normal no estaba, o eso pensaba, por que me abrió la puerta enseguida.

-Raisa, ¿que pasa?-tenía cara de sueño.
-Nada, solo quería decirte que lo sentía, por lo que pasó el otro día.
-Tranquila, se que lo hiciste por mi bien.- me dijo.
-¿Te parece que mañana quedemos para salir?
-¿Mañana? Estoy bastante molida, tenia pensado quedarme en la cama todo el día.
-Bueno, pues lo dejamos para otro día.
-Si, gracias.
-Bueno me voy, que descanses- dije sonriéndola, a lo que ella me contestó de la misma manera y tras eso cerró la puerta.
 Me fui a mi habitación. Llevaba puestos los guantes que Krory me regaló, con los cuales pude encerrar el aroma de la sangre de Lavi. Cuando le apuñalé no llevaba los guantes puestos, me los puse cuando me dirigí a la Sede. Tenia la esperanza de que ocultaran el olor y en efecto lo hacían. Cuando me quité los guantes mis manos estaban totalmente ensangrentadas, al igual que el puñal.

-Juvia lo siento pero es por tú bien.- dije.

Quité la  sangre de mis manos, después iba con intención de meterme en la cama pero llamaron a mi puerta. Abrí solo una rendija para saber quien era

-Sebastian ¿que hace aquí?
-La Reina la esta buscando, venga conmigo.- se dio la vuelta y yo le seguí.

Cuando llegué allí.

-¿Has notado aumento en tus poderes?
-Si alteza, mi poder de materialización es mas rápido. Pero el otro no he tenido oportunidad de usarlo aún.
-Por el momento está bien puedes irte, oh, espera un momento.

La Reina y los consejeros estuvieron hablando conmigo. No sabia muy bien como iba a emplear todo lo que me dijeron, pero seguro que las ocasiones aparecerían.
Dos días después fui a buscar a Juvia a su habitación me abrió y nos fuimos a la primera puerta que encontramos. Era raro que viniera conmigo, pero no me quejaba, asó podía hablar con ella tranquilamente. Cuando estábamos apunto de matar a alguien Juvia se me adelantó, lo mató ella sola. Después nos alejamos de allí.

-Cuantos días llevas sin comer. Dime. Esa no es tu manera de matar a alguien.
-Unos días, es que me encontraba mal.
-¿Lo dices en serio?
-¿Por que? ¿No me crees?
-Confío en ti ya lo sabes, pero si te ocurriera algo fuera de lo normal me lo dirías verdad.
-¿Fuera de lo normal? Como que. – me miró mientras se limpiaba.
-Mira. – la enseñé la muñeca, en la cual ya no estaba la pulsera.
-Y tu pulsera, ¿te la volvieron a quitar?
-Si, me la rompieron ayer, pero no importa ya no la necesito.
-¿Por qué? ¿Que ocurre?-dijo extrañada
-Hace bastante tiempo que no hablamos y no he tenido tiempo de decírtelo.- me senté en un banco.- Krory lo sabe, pero le pedí que no te dijera nada, que te lo quería decir yo.
-¿Pero Raisa que pasa? no me asustes.
-No es nada. La razón de que ya no necesite la pulsera es que- me callé no sabia como decírselo- la Reina me nombró Ángel Vampiro hace unos días.
-¿QUE? ¿Pero por que, como?
-Cuando tú estabas “desaparecida” me dediqué a matar por mi cuenta.
-Y por que accediste, ya sabes lo que le pasó a uno de ellos.
-Si, lo se pero según dicen, él traicionó a La Reina, por eso le mataron. Además mis poderes han evolucionado, la materialización es más rápida.
-Pero ahora te has convertido en el perrito faldero de la Reina, no te dejará en paz.
-Eso no es verdad, tengo mas libertad que antes- me levanté del banco.- me voy que seguro que tienes cosas que hacer. Por cierto ahora tengo poder para pararte los pies, así que no hagas tonterías.- la dije cuando estaba de espaldas a ella.
-Pero espera, - abrí las alas y volé.- ¡RAISA!- gritó pero seguí, no me detuve

Intentó alcanzarme, pero yo era más rápida. Desaparecí en la oscuridad. Volví a la ciudad de los caza-vampiros, habían reforzado la seguridad ahora había una barrera protectora en toda la cuidad, así que para que no me detectaran me quedé fuera y observé todo. Estaba cerca del edificio de los caza-vampiros y, aunque con dificultad, pude ver por una ventana que había movimiento pero no veía bien a las personas por lo que no supe lo que pasaba.


Nota:
Moyashi: Brote de habas en Japonés. Yû le llama así por el color de su pelo.
Baranda: Baka (Idiota en japones)+ Kanda(el nombre de Yû)

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