Los días pasaban mientras espiaba a Juvia cuando se iba a
LandIce, pero como era de esperar Lavi no aparecía. Aun así ella se quedaba
allí hasta bien entrada la noche.
La espiaba durante un rato y después me iba a alguna ciudad a
matar, desde que era Ángel Vampiro la sed de sangre era mayor, pero aún así
intentaba controlarla todo lo que me fuera posible.
Últimamente después de ver a Juvia me iba siempre a la misma
ciudad no tenia nada de particular pero siempre iba allí. Aquella ciudad tenia
algo que me hacia sentir bien. Será que tenia bastantes incidentes a diario y
la policía no daba abasto. De vez en cuando me comía a alguno. Pero una vez
cuando estaba a punto de cenar, en un laboratorio abandonado, en el cual un
científico experimentaba con adolescentes, alguien me sorprendió. Ni siquiera
se presentó, fue directamente a por mí. Para salvarme tuve que dejar al científico
en libertad. Para esquivar el ataque solo tuve que saltar hacia atrás, hacia
unas cuantas cajas que había en aquel lugar. Cuando se acercó a la luz el que
me había atacado, pude reconocerle, era Yû. Tenía demasiada rabia acumulada,
seguramente hacia mí, y la descargaba intentando matarme, como era lógico.
-Para no ser amigo de ese conejo, te preocupas mucho por él.-
le dije mientras esquivaba los numerosos ataques que lanzaba contra mí.
Desde hacia poco tiempo las peleas entre nosotros se habían
echo mas normales en cualquier momento y lugar.
-¡CALLATE! No es por él. No te creí capaz de hacer algo como
eso…- dijo enfadado mientras se abalanzaba sobre mí.
-Como ya dije, hacer lo que hice fue lo mejor para todos. Si
no sabes de que te hablo, que te lo cuente ese conejo, como tu le llamas.
-¡Muere! Asquerosa chupa-sangres.- paré la katana que iba
directa a mí poniendo otra atravesada.
Me protegí de la espada y cogí a Yû con fuera de las manos.
-Sabes, hace tiempo que pude haberte matado.
-¿Y por que no lo has hecho?- dijo Yû desafiándome.
-Por que si lo hiciera ya no tendría con quien jugar, y
contigo me lo paso bien.- Sonreí y saqué las alas.
-¿¡Que piensas hacer!?- dijo con mirada desafiante mientras intentaba escapar
de mí prisión.
-Vamos a dar una vueltecita. – salí volando y atravesé el
techo del laboratorio, salí a la luz del sol.
Kanda estaba colgado lo único que le mantenía en el aire sin
caer, eran mis manos que le que le agarraban fuertemente. Volé por encima de
los grandes edificios de la ciudad de Almastrin. Hasta que por encima de ellos
puede ver un río.
- Seguro que con todo ese abrigo tienes algo de calor ¿Por
qué no te das un bañito?
-no serás capaz- me dijo con los ojos entrecerrados mostrando
el enfado.
- Hasta luego-dije con una sonrisilla.
Le solté y calló al río, vi como se había hundido en él, me quedé sobre volando, aquel lugar hasta que
saliera a la superficie a respirar. Cuando vi que salía, supe que estaría mas
enfadado que nunca, pero yo lo único que sentía era felicidad por burlarme de
él.
- ¿Se te ve muy bien ahí Yû!- le grité para que me oyera sin
problemas.- Volveremos a luchar en otra ocasión. Adiós-
le despedí con la mano y salí volando
de allí.
Esa no fue la primera vez hubo otras todas en la misma
situación, el empezaba atacando y después seguíamos la pelea, que parecía no
terminar nunca ya que ninguno ganaba, siempre había uno que se retiraba, o que
llegaba a desarmar al otro, dependiendo de la situación. Pero nunca, en ninguna
de esas peleas llegábamos a matarnos el uno al otro, y a él no se, pero a mí
ganas no me faltaban, solo era que me divertía con él. Pero las bromas que antes le hacia desaparecieron,
las peleas eran silenciosas, solo se escuchaba la katana golpeando contra las
superficies que se encontraran o el ruido de una katana con otra, cuando las
materializaba. Nuestro sentimiento en todas las peleas eran de odio el uno
hacia él otro. Para mí este era el principio de la guerra que había mencionado La Reina en algún que otro
momento.
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