Un mes después de que atacara a Lavi, Juvia había estado
yendo todos los días a LandIce, se la veía bastante preocupada ya que no había tenido
noticias de él, pero por una llamada que le hicieron a Yû mientras luchamos
sabia que estaba vivo, acababa de despertarse y se encontraba en buenas
condiciones, por lo que se marchó antes de terminar la pelea.
Uno de los días de los muchos que Juvia había ido a aquella
ciudad tuvo una sorpresa, Lavi estaba allí esperándola, y yo como siempre la
seguí y lo vi. Cuando ella llegó se fundieron en un abrazo, y en algún que otro
beso.
Espié todas sus conversaciones, y en ninguna de ella apareció
la causa real de lo que le había pasado, le contaba mentiras, aunque no sabia
el por que, no creo que quisiera proteger a un vampiro y mucho menos después de
lo que le hice. Sabiendo lo que le había hecho la querría proteger, era lo mas
lógico que encontré en mis pensamientos.
Los días pasaban y ellos volvieron a estar como estaban antes
de mi ataque. No podía seguir así, la
Reina estaba empezando a sospechar de mí, me hacia preguntas
pero no podía contestarlas con sinceridad. De alguna manera tenia que alejar a
Juvia de Lavi para así protegerla. Se me ocurrió algo pero seria muy arriesgado
y seguramente no funcionaria pero tenia que intentarlo.
Cada vez que ocurría algo en alguna ciudad que estuviera relacionado
con vampiros y con hombres que salían en los periódicos siempre aparecía Kanda
dispuesto a matarme, así que tenía que provocar que viniera. Fui a la ciudad
donde luchamos por primera vez, busqué a un tipo que coincidiera con mi patrón,
es decir, ladrón, asesino, cualquier cosa sospechosa que hubiera salido en los
periódicos el día anterior.
En este caso encontré a unos chicos que habían encerrado a
unas chicas dentro de una casa y pedían una alta cantidad de dinero por su
libertad y seguridad, ellas llevaban dentro de esa casa al menos dos o tres
días, por lo que esa noticia llevaba en los periódicos al menos dos días, y también
había salido en las noticias el mismo día que ocurrió. Vigilé a los chicos
durante algunas horas, y a la policía para evitar que me vieran y para buscar
alguna salida alternativa de la casa por la que ellos pudieran salir sin ser
vistos por la policía, y para que mí plan resultara.
Al atardecer sin que nadie me viera, sobretodo la policía que
estaba fuera esperando a que los chicos salieran, me colé en la casa y paseé
tranquilamente por los pasillos haciendo el mayor ruido posible para alertarles
de mi presencia. Iba haciendo ruido por todas las habitaciones, habría y
cerraba puertas. Entonces entré en la misma habitación en la que estaban ellos.
Entré sin ocultarme. Y al hacer ruido todos ellos me vieron. Pero no vi a las
chicas.
-¿Quién eres tú?- dijo uno de ellos. No contesté y me seguí
acercando a él.
-Solo tienes que saber que soy alguien con el que no querrías
encontrarte, ni en esta ni en ninguna vida.
Otro de los chicos apareció al escuchar tanto jaleo en el
salón de la casa.
-Kazou - dijo desde el pasillo-, ¿Qué ocurre?- al entrar al
salón, me vio y me apuntó con la pistola.- ¿Qué ocurre, quien eres?
-¿Y las chicas? ¿Dónde están?- dije haciendo caso omiso a lo
que me había preguntado.
-Eso no es asunto tuyo.- me dijo cargando la pistola- Sal,
sal de aquí antes de que te matemos.
-¿Matarme? Jeje- me reí ante lo que dijo-. Aceptaría lo que
me dices si realmente pudieras matarme.
- ¿Que quieres decir?
El pulso no les temblaba a ninguno de los chicos que estaban
en aquella sala. Entonces, gracias a mi oído, pude escuchar como alguien bajaba
por las escaleras, eran exactamente dos pares de pies, y se iban acercando
hasta la sala. Cuando llegaron.
-Kazou, Takeshi, ¿Qué ocurre?
Por el pasillo aparecieron dos chicas semidesnudas las cuales
solo llevaban una camiseta y la ropa interior. Al verlas, lo comprendí.
-Vaya, vaya, así que lo que dijeron en las noticias no iba en
serio.- me reí.
-A… ¿A que te refieres?
-Fingisteis un secuestro para quedaros el dinero que vuestros
padres pagan por vuestro rescate.
- Si, ¿y que, que tienes
tu que decir ante eso?
-Mi trabajo es matar aquellos que violan las leyes.
Poco a poco los ojos se iban tiñendo de rojo. Todos estaban pendientes de mí, de ver lo que
iba hacer. Entonces, miré a las dos chicas, las cuales estaban algo asustadas.
Los tres que estaban a mi vista vieron como de mi boca iban saliendo dos ríos
de sangre.
- ¿Qué eres tú?- dijo una de las chicas completamente
asustada por lo que veía.
- Es mejor que no lo sepas, solo calla y todo pasará rápido.
El chico que estaba al lado de las chicas al ver aquello y
presentir lo que estaba apunto de pasar me disparó dos veces en el pecho. Pero
como era de esperar, los agujeros de bala en mi cuerpo se cerraron. Los que
vieron eso se asustaron y salieron corriendo de la sala por el pasillo mientras
que el chico que estaba detrás de mi salió por la puerta que tenia al lado,
aterrado.
-Si corréis será peor.- dije mientras comencé a caminar por
la casa para encontrarles y matarles a todos.
Por la casa se podían escuchar los gritos de auxilio de las
chicas, y los pasos apresurados de todos ellos que corrían buscando un lugar en
el que ocultarse. Pero, ninguno de ellos
sabía que incluso el propio miedo tenía un olor característico, el cual estaba
por todas las habitaciones. Fui pasando
por todas y cada una de las habitaciones.
En un dormitorio pude ver a una de las chicas en la ventana, intentando
abrirla para escapar, pero yo, antes de hacer mi aparición en la sala principal
había cerrado todas las salidas, dejando solo la salida trasera de la casa. Me
acerqué a la chica.
-No, por favor, no me hagas daño. No lo volveremos hacer-
dijo la chica llorando desconsoladamente, arrodillada en la esquina al lado de
la ventana.
-Lo siento, pero no puedo dejaros con vida ahora que sabéis
quien soy.- la cogí del cuello, la levanté sin apenas esfuerzo.
Con la otra mano eché su cabeza hacia un lado e hinqué mis
colmillos en su cuello absorbiendo toda la sangre que tenía en el cuerpo. La
sangre era dulce, pero tenía un ligero sabor amargo. Su llanto se iba apagando
al igual que su vida. Su sangre,
chorreaba por mi barbilla e iba formando un charco de sangre a mis pies. Una
vez muerta, la solté y calló al suelo.
Me dispuse a buscar a los otros para hacer lo propio con
ellos. Encontré a uno de los chicos en las escaleras. Hice lo propio con él.
Esta vez la sangre sabía principalmente a alcohol.
-¡Puaj! Que asco de sangre. – dije limpiándome la sangre de
los colmillos y la barbilla. – No deberías beber tanto, es malo para la salud-
le dije una vez que ya estaba muerto. – le dejé en el suelo y fui a por la
siguiente victima.
Esta vez en el baño, el otro chico, y el último, estaba
escondido en la ducha. Lo maté rápido,
el desagüe se iba tragando poco a poco la sangre que caía de mi boca. Después
de eso, lo dejé en la bañera. Y me dispuse a buscar a la última chica por la
casa. Pero al analizarla, no sentí su
miedo.
-Ha huido, genial, era lo que esperaba. Chica lista.- me
dirigí a la puerta trasera y la vi corriendo por el jardín trasero, se dirigía
hacia la entrada principal. Pero fui mas rápida que ella y la corté el paso.-
¿A donde crees que vas?-la dije sonriendo y mostrando mis colmillos.
Ella no dijo nada y huyó en la dirección contraría. La seguí
caminando, pero sin perderla de vista.
Corrió hasta las afueras de la ciudad, en el polígono, en donde había un
pequeño almacén de juguetes. Ella se escondió en lo más profundo del almacén,
pero su miedo se olía por todo el lugar y no me costó encontrarla. Allí la
maté, estaba llena de miedo y quise terminar con esa angustia terminando con su
vida.
Tras matar a todos aquellos chicos, me quedé en el almacén a
esperar a que mí querido cazador hiciera aparición y así poder conversar con
él.
-Menos mal que me he alimentado, no creo que pudiera hacerlo
sin algo de comida en el estómago. Aunque podría haber sigo mejor.- dije
recordando los distintos sabores de aquella noche.
Tenia que tener fuerzas la conversación no iba a ser fácil y
seguramente él no iba a escucharme.
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