Las dos acabamos durmiendo en mi habitación, cuando
despertamos ella se fue a su habitación. Yo me vestí y me quedé un rato en babia
pensando en todo lo que habíamos hablado esta noche, y se me ocurrió una idea.
Fui a busca a Juvia a su habitación. Llamé a la puerta y cuando supo que era yo
me dejó pasar, ya estaba vestida. Un a camiseta negra de tirantes muy escotada,
debajo llevaba otra blanca. Y una falda blanca y negra con algo de vuelo que la
llegaba por las rodillas.
-¿Raisa, que ocurre?
-Tengo una idea. ¿Que te parecería ir a ver a nuestra
familia, y a los chicos?- se quedó en silencio.
-Estás loca, no podemos ir y lo sabes, nos lo prohibieron
cuando llegamos aquí.
-Lo se, pero no se enteraran, solo una visita, sin que nos
vean, claro. Venga por favor. Con esto- me señalé la pulsera.- podemos ir a
verles, solo hay que encontrar la puerta que nos lleve a casa. Además la Reina nos dijo que a partir
de ahora podíamos salir por la mañana
-No podemos dejar que nos vean…-. Puso la mano en la
barbilla.
-Entonces que, ¿nos vamos?- esperé su respuesta
-Si venga vamos.-. Le emocionó la idea.- Espera, tenemos que
actuar con normalidad.
Salimos de su habitación y estuvimos buscando la puerta que
nos llevara a casa. La encontramos, sobre ella había un cartel que decía Verbastin.
Abrimos la puerta y entramos, o más bien
salimos. Era de día, sin nubes, solo había sol, era una día perfecto. Estábamos
en un descampado y a lo lejos podía verse la ciudad, con el puente, que era el
símbolo de esa cuidad. Así que nos dirigimos hacia ella, corrimos mas rápido
que cualquier otro día, las dos estábamos eufóricas e ilusionadas por volver a
ver a nuestras familias y amigos. En pocos minutos llegamos y nos separamos
para que cada una fuera a ver a su familia, después nos reuniríamos e iríamos a
ver a nuestros amigos.
Después de ver a nuestras familias de saber que estaban bien,
y que nos echaban de menos, nos reunimos, donde solíamos reunirnos antes de que
nos convirtieran, en Baskerville. Era un parque que había en nuestro barrio
donde solíamos quedar con todos nuestros amigos los viernes, y hoy era viernes.
Por desgracia no podíamos acercarnos a ellos y decir “hola ¿que tal?” teníamos
que ser meras observadoras. Estábamos en el techo de un bar que había allí,
justo enfrente del banco donde solíamos reunirnos. Uno por uno llegaban y se
sentaban en el banco a esperar a los demás. Les seguimos durante toda la tarde,
atentas a lo que hacían y tristes por no poder estar con ellos. Cuando se hizo de noche y todos volvieron a sus casas,
Juvia y yo volvimos al descampado dispuestas a volver a lo que ahora era
nuestro hogar.
Nos acercábamos poco a poco a la puerta, todo estaba oscuro,
no veíamos nada. Sentimos como nos agarraban por detrás. Forcejeábamos pero
no podíamos soltarnos, eran demasiado
fuertes. Solo había ciertas personas que tuvieran aquella fuerza superior a
unas vampiras normales, los consejeros de la Reina. Nos llevaron
dentro del edificio, paseándonos por todos los pasillos hasta llegar a la sala
del trono donde nos esperaba la
Reina.
Nos condujeron ante la Reina y nos obligaron ha arrodillarnos ante ella.
-Aquí están Alteza, estas son las chicas-. Dijo uno de los
consejeros que nos tenían agarradas.
-¡Que no escapen!
-Si, señora
-Soltarnos…- eran demasiado fuertes.
-Estaos quietas…
-¿Pero que ocurre? ¿Por qué estamos aquí?-dije.
-Estáis acusadas de violar las normas. No podéis salir y
volver a vuestra ciudad, no podéis ser vistas por los humanos. Esas normas se
os explicaron cuando llegasteis aquí- dijo Tiky, otro de los consejeros, y el
mas fuerte
-Pero que dice…- dijo Juvia aun forcejeando con los
consejeros.
-Vosotras…- Dijo la reina- tenemos unas normas, normas que
deben cumplirse. Allí fuera, escuchadme,- la Reina insistía.- allí fuera están los caza-vampiros,
si os cogen os matarán sin pensarlo dos veces, para ellos no sois nada solo
sois seres endemoniados. Seres que no merecen vivir. Pero aquí tenéis una
familia, gente que se preocupa por vosotras.
Los consejeros nos soltaron, pero nos quedamos allí.
-Siento tener que hacer esto pero, a partir de ahora no
saldréis, ni por la mañana ni por la noche. – terminó diciendo.
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