2/ Idea Equivocada

Las dos acabamos durmiendo en mi habitación, cuando despertamos ella se fue a su habitación. Yo me vestí y me quedé un rato en babia pensando en todo lo que habíamos hablado esta noche, y se me ocurrió una idea. Fui a busca a Juvia a su habitación. Llamé a la puerta y cuando supo que era yo me dejó pasar, ya estaba vestida. Un a camiseta negra de tirantes muy escotada, debajo llevaba otra blanca. Y una falda blanca y negra con algo de vuelo que la llegaba por las rodillas.

-¿Raisa, que ocurre?
-Tengo una idea. ¿Que te parecería ir a ver a nuestra familia, y a los chicos?- se quedó en silencio.
-Estás loca, no podemos ir y lo sabes, nos lo prohibieron cuando llegamos aquí.
-Lo se, pero no se enteraran, solo una visita, sin que nos vean, claro. Venga por favor. Con esto- me señalé la pulsera.- podemos ir a verles, solo hay que encontrar la puerta que nos lleve a casa. Además la Reina nos dijo que a partir de ahora podíamos salir por la mañana
-No podemos dejar que nos vean…-. Puso la mano en la barbilla.
-Entonces que, ¿nos vamos?- esperé su respuesta
-Si venga vamos.-. Le emocionó la idea.- Espera, tenemos que actuar con normalidad.

Salimos de su habitación y estuvimos buscando la puerta que nos llevara a casa. La encontramos, sobre ella había un cartel que decía Verbastin. Abrimos la puerta y  entramos, o más bien salimos. Era de día, sin nubes, solo había sol, era una día perfecto. Estábamos en un descampado y a lo lejos podía verse la ciudad, con el puente, que era el símbolo de esa cuidad. Así que nos dirigimos hacia ella, corrimos mas rápido que cualquier otro día, las dos estábamos eufóricas e ilusionadas por volver a ver a nuestras familias y amigos. En pocos minutos llegamos y nos separamos para que cada una fuera a ver a su familia, después nos reuniríamos e iríamos a ver a nuestros amigos.
Después de ver a nuestras familias de saber que estaban bien, y que nos echaban de menos, nos reunimos, donde solíamos reunirnos antes de que nos convirtieran, en Baskerville. Era un parque que había en nuestro barrio donde solíamos quedar con todos nuestros amigos los viernes, y hoy era viernes. Por desgracia no podíamos acercarnos a ellos y decir “hola ¿que tal?” teníamos que ser meras observadoras. Estábamos en el techo de un bar que había allí, justo enfrente del banco donde solíamos reunirnos. Uno por uno llegaban y se sentaban en el banco a esperar a los demás. Les seguimos durante toda la tarde, atentas a lo que hacían y tristes por no poder estar con ellos. Cuando se  hizo de noche y todos volvieron a sus casas, Juvia y yo volvimos al descampado dispuestas a volver a lo que ahora era nuestro hogar.

Nos acercábamos poco a poco a la puerta, todo estaba oscuro, no veíamos nada. Sentimos como nos agarraban por detrás. Forcejeábamos pero no  podíamos soltarnos, eran demasiado fuertes. Solo había ciertas personas que tuvieran aquella fuerza superior a unas vampiras normales, los consejeros de la Reina. Nos llevaron dentro del edificio, paseándonos por todos los pasillos hasta llegar a la sala del trono donde nos esperaba la Reina.
Nos condujeron ante la Reina y nos obligaron ha arrodillarnos ante ella.

-Aquí están Alteza, estas son las chicas-. Dijo uno de los consejeros que nos tenían agarradas.
-¡Que no escapen!
-Si, señora
-Soltarnos…- eran demasiado fuertes.
-Estaos quietas…
-¿Pero que ocurre? ¿Por qué estamos aquí?-dije.
-Estáis acusadas de violar las normas. No podéis salir y volver a vuestra ciudad, no podéis ser vistas por los humanos. Esas normas se os explicaron cuando llegasteis aquí- dijo Tiky, otro de los consejeros, y el mas fuerte
-Pero que dice…- dijo Juvia aun forcejeando con los consejeros.
-Vosotras…- Dijo la reina- tenemos unas normas, normas que deben cumplirse. Allí fuera, escuchadme,- la Reina insistía.- allí fuera están los caza-vampiros, si os cogen os matarán sin pensarlo dos veces, para ellos no sois nada solo sois seres endemoniados. Seres que no merecen vivir. Pero aquí tenéis una familia, gente que se preocupa por vosotras.

Los consejeros nos soltaron, pero nos quedamos allí.

-Siento tener que hacer esto pero, a partir de ahora no saldréis, ni por la mañana ni por la noche. – terminó diciendo. 

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