Mientras volvíamos por las calles iluminadas y nos dirigíamos
a la entrada de la sede de los vampiros, escuchamos como nos seguían,
escuchábamos pasos y por el sonido eran dos personas. En estos casos el poder
de leer la mente y comunicarse de Juvia era muy útil.
-“¿Quienes son?”- la dije a Juvia hablándola por pensamientos
-“No lo se, no puedo leer su mente.”- me dijo extrañada
-“¿Que? ¿Cómo es posible?”
-“No lo sé.- dijo Juvia preocupada.
Nos paramos en seco y nos giramos. Pero allí no había nadie,
pero le habíamos oído no eran imaginaciones nuestras, realmente estaban allí.
Entonces los oímos detrás de nosotras y volvimos a girarnos. Esta vez si
estaban aunque no pudimos verles, solo había sombras, dos sombras en concreto.
-¿Estáis jugando con nosotras? No os lo recomiendo.
Una ráfaga de viento pasó permitiéndonos oler el aroma de las
dos sombras que estaban frente a nosotras. Era un olor distinto al que
estábamos acostumbradas, pero no nos resultaba desconocido. Tenia el olor propio de la sangre, pero
estaba mezclado con otro uno distinto, característico de la persona, ningún
humano normal olía como ellos, por lo que no eran humanos normales. El olor que
desprendían hacia que nuestro instinto asesino se mostrase sin haber mordido a
alguien, sin haber probado la sangre. Nuestros ojos volvieron a estar rojos,
ese olor nos provocaba. Deseábamos comerles, beber su sangre, poco a poco
disfrutándola.
-¡Caza-vampiros!…- me dirigí a Juvia.
-Era de esperarse, ese olor no es propio de humanos
corrientes.
-Vaya sois muy listas- dijo uno de ellos con voz seria.
-Eso nos lo tomamos como un cumplido.-dijo Juvia.
-No era un cumplido ¿verdad Yû?-. Dijo el otro con voz
jovial.
-“¿Yû?”- pensé.
-¡Baka Usagi! te dije que no me llamaras así.- dijo el de la
voz seria dirigiéndose a su compañero.
-“¿Usagi?”- pensó Juvia. Las dos nos miramos y nos echamos a
reír.
-Parece que no os lleváis muy bien. ¿Por que estáis juntos?
-Eso no es asunto vuestro. Esto es solo trabajo.- dijo el de
la voz seria
-Jo, Yû ¿solo trabajo? Yo pensaba que nos podíamos
divertir.-dijo el de la voz jovial.
-Estáis seguros que podréis con nosotras, no sois los
primeros caza-vampiros con los que nos encontramos.- dijo Juvia.
-Es cierto, el ultimo no sabemos como se llamaba pero podía
controlar el viento. Era bastante molesto.-les dije burlándome de ellos.
-Lo sabemos…pero no podréis con nosotros- dijo mientras
desenvainaba una espada, una katana mas concretamente.
-Así que tú usas una katana. Vaya la pelea será interesante-
le dije mostrando una sonrisa traviesa.
Nosotras estábamos en la calle iluminadas por las farolas,
pero ellos estaban todavía en una zona oscura.
-Si queréis matarnos, ¿Por qué no venís a la luz? Es lo
mínimo que podéis hacer.
-Como quieras.- dijo el de la voz seria.
-¡Ozuchi Kozuchi! - dijo el de la voz más jovial que comenzó
a elevarse.- ¡Hi Ban!- golpeó con una especie de martillo en el suelo.
Del martillo salió un remolino de fuego, por suerte lo habíamos
esquivado sin dificultad, y nos pusimos encima de un edificio que había cerca.
-Eso ha estado muy bien-. Le dije a Juvia.- uno usa una
katana y otro un martillo. Realmente será divertido, jeje
-¡Kaichou Ichigen!- dijo el otro caza-vampiros. (primera
ilusión)
Como dirigidos por control remoto, venían hacia nosotras un
pequeño enjambre de criaturas sobrenaturales plateadas, dispuestas a matarnos,
pero también las esquivamos. Y volvimos al suelo.
-He de reconocerlo, realmente tenéis agallas.- no dijeron
nada.
Juvia volvió a hablarme telepáticamente, mientras veía como
aquel caza-vampiros volvía al lado de su compañero. Yo no aparté la mirada del
caza-vampiros que había desenvainado la espada.
-“Raisa, el del martillo es mío- dijo mientras se preparaba
para lanzar su ataque en cualquier momento.-Huele delicioso y seguro que sabrá
delicioso también- me dijo mientras que el caza-vampiros volvía a elevarse. Y
ella se relamía solo con olerlo”
-“Todo tuyo, ten cuidado y déjale seco.- la dije sin dejar de
mirar al otro caza-vampiros.”
-Por supuesto… ¡Ñam, Ñam! Rico, rico- entonces saltó hasta
colocase a la altura del caza-vampiros, y comenzaron a luchar. Seguramente
Juvia utilizaría su hielo.
-Yo mientras me quedaré con este…- dije mientras miraba al
cazador que estaba en la calle, esperándome a que bajara.
Ninguno de los dos nos movimos del sitio.
-Sabes, esta no es la primera ni será la ultima vez que
matemos a un caza-vampiros ¿de verdad quieres arriesgarte?
-Je…-se rió- Sabes, esta no es la primera ni la segunda vez
que mate a un vampiro, ¿de verdad crees que conseguirás matarme?
-De eso puedes estar seguro.- dije, desafiándole y mostrando
una sonrisa
Mis brazos que estaban en lazados a la altura del pecho se
separaron.
Estiré el brazo derecho hacia el suelo, y con solo pensarlo
en mi mano apareció una katana. Podía materializar cualquier cosa con solo
pensarlo.
-¡Así que era verdad lo que se decía de vosotras! Sois
especiales.
-¡Especiales! si, ya. Sabes, no es la primera vez que lo
oigo, pero viniendo de un caza-vampiros me lo tomaré bien. Por que no te
muestras, me gustaría saber a quien voy a matar.
El caza-vampiros se adelantó unos pasos hasta dejar que la
luz le diera por completo. La luz de las farolas bañó su rostro mientras se fue
acercando. Tenía el pelo largo, azul oscuro, recogido en una coleta, y por
delante le caía el flequillo por encima de los ojos. Los ojos puntiagudos y el
rostro enfadado, tenía cara de pocos amigos. Llevaba el traje típico de los
caza-vampiros, al menos los colores y el símbolo. Llevaba un abrigo largo con
detalles en banco y plateado y negro y con el símbolo de los caza-vampiros en
el lado izquierdo, la cruz plateada. En la mano derecha sujetaba con fuerza la
katana, un arma sofisticada, no solían verse ese tipo de katanas por las
tiendas.
-Ves, así esta mucho mejor. Y ahora luchemos- dije mientras
le miraba de arriba abajo, fijándome bien en la katana por la cual había
lanzado su anterior ataque.
Me abalancé a él, corriendo, con intención de matarle por la
espalda, con la katana bien empuñada, pero debió oírme por que me paró el
ataque en el último momento. Él también corrió, era rápido, pero su olor le
delataba, podía saber su posición exacta con solo olerle. Mientras se protegía
de uno de mis ataques. Los dos frente a frente.
-Sabes, hueles delicioso, y seguro que también sabrás
delicioso. ¿Me dejas hincarte el diente?- me burlé de él.
-No. Creo que no. – me separé de él.
-Oh! vamos Yû no seas así solo un mordisquito, te prometo que
no sentirás nada.- dije con una sonrisa, mientras me protegía de su katana.
-Creo que no.
La pelea prosiguió. Aquel cazador que estaba delante de mi,
mostraba una miraba a filada con los ojos de un azul oscuro como el color del
pelo.
Su katana comenzó a brillar, la luz verde que salía de ella
ya la había visto en otro momento, cuando Juvia y yo nos enfrentamos al cazador
que controlaba el viento.
Tras los meses que habíamos pasado como vampiras, sabíamos
perfectamente lo que esa luz verde significaba.
De la katana volvieron ha aparecer el enjambre de seres que
nos habían atacado antes, y los cuales habíamos esquivado sin dificultad.
Salté hacia atrás deslizándome por el suelo. Una vez que paré
me puse erguida y miré como la luz verde que salía de la katana de ese cazador
iba desapareciendo.
-¿Que pasa? ¿Acaso te has asustado?- me dijo con tono burlón.
-Claro que no,- dije
entre dientes más cabreada que antes por el tono en el que lo había
dicho.-
La luz de la espada había desaparecido por completo.
-Ese es el recipiente de tu esencia.- dije observando en todo
momento la katana.
-Así es- me dijo.
-E imagino que el recipiente de la esencia del Usagi será ese
martillo.
-Eres más lista de lo que esperaba.- Me dijo en tono burlón.
-Entonces todo lo que tenemos que hacer es destruir esos
recipientes para acabar con vosotros.
-Así es.- me contestó.
-“¿Lo has oído Juvia?”
-“Si, destruir el recipiente, eso está hecho.”
Después de esa mini pausa volví a saltar hacia el cazador
cambiando en mi camino la katana que tenia en la mano por dos abanicos de
adamantium, el metal más fuerte del mundo, irrompible incluso para el diamante.
El caza-vampiros estaba preparado para defenderse de mi
ataque. Moví rápidamente los abanicos con la intención de ir cortando poco a
poco al cazador. Pero para mi sorpresa,
él era bastante rápido y ágil, consiguió parar muchos de mis ataques, pero
muchos otros le dieron en el cuerpo cortándole en varios lugares del cuerpo. La
sangre le caía por los brazos y las manos. Él hizo lo mismo conmigo y consiguió
cortarme en varias partes de mi cuerpo, pero como era de esperarse las heridas
se cerraban dejando la piel como estaba.
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